JOSE BLANCO | diputado del PSOE

“Dorribo me difamó para salir de prisión. Sorprende que siga en la calle”

El exministro dice que tiene una asignatura pendiente: demostrarse que hay vida tras la política

José Blanco, en un jardín de Santiago de Compostela
José Blanco, en un jardín de Santiago de CompostelaÓSCAR CORRAL

Fueron 22 meses de sospechas y acusaciones de escándalo que arrancaron siendo él un ministro del Gobierno de España pertrechado para liderar el socialismo en Galicia y que concluyen cuando ya es un diputado raso en el Congreso. José Blanco (Palas de Rei, 1962) insiste, sin embargo, en que su decisión de buscar una nueva vida más allá de la primera línea política es fruto de una “reflexión” iniciada en 2008 y que la investigación judicial ahora archivada no le ha forzado a renunciar a nada. ¿Tiene su retirada vuelta atrás? “Decir de ese agua no beberé sería insensato”, responde.

Pregunta. ¿Por qué considera que no fue correcta la investigación judicial a la que ha sido sometido?

Respuesta. No he cuestionado la investigación judicial nunca. Yo he recurrido actuaciones que me parecía que no se ajustaban a derecho. Lo que buscaba con los recursos es que la verdad se abriera camino. Y así ocurrió, aunque después de un proceso excesivamente largo, después de mucha pena de telediario y después de ir desmontando paulatinamente las falsas acusaciones que se me imputaron. Es verdad que últimamente solo se hablaba del tráfico de influencias, pero no hemos de olvidar que este proceso se inició por un delito de cohecho que quedó descartado hace tiempo por el juez instructor. No hubo ninguna prueba que avalara esa infamia. Por el Supremo han pasado numerosos testigos. Todos a petición del fiscal, ninguno de la defensa, y todos negaron los hechos sobre los que se les preguntaba.

Más información
El cierre del ‘caso Blanco’ desmonta afirmaciones del instructor
El ex ministro confirma que no aspira a hacer política en Galicia

P. Cree entonces que actuó bien la juez de Lugo, la policía…

R. No voy a valorar el proceso. Ya hemos ido opinando en la medida que presentábamos recursos. Me quedo con el final. Hubo primero un auto del instructor descartando el cohecho y la prevaricación, y ahora de la sala descartando el tráfico de influencias. Esa es la verdad y además la verdad judicial.

P. Lo que llama pena de telediario es el daño por el juicio de la opinión pública. ¿Someterse a ese juicio no les va en el cargo a los políticos?

R. Creo que no. Los infundios no deben ser instrumentos para hacer política. El daño causado no va a ser reparado. Pero hay que abrir un tiempo nuevo. No guardo rencor hacia nadie. Me parece que es lo mejor. Pasé página el día que conocí este auto.

P. ¿Va a tomar alguna medida?

R. Sinceramente, no. No quiero volver a hablar de ese señor que me hizo unas falsas imputaciones, no quiero volver a pensar en los que utilizaron esas falsas imputaciones para hacerme daño personal y político.

P. ¿A qué ha renunciado por culpa de esta investigación?

R. Realmente no he renunciado a nada. He estado volcado en algo a lo que nunca hubiera imaginado que dedicaría 22 meses de mi vida. Es verdad que había mucha gente que me planteaba, dentro y fuera del partido, que impulsara el proyecto del PSOE en Galicia y encabezara la candidatura a la Xunta. Y eso me llevaba a una contradicción permanente: ver cómo Galicia se desangra y la necesidad de aportar un proyecto alternativo al actual Gobierno de Feijóo y, por otro lado, el saber que tras 12 años en primera línea de la política era el momento de pensar en otras cosas. Tengo una asignatura pendiente conmigo mismo: demostrarme que hay vida más allá de la política. Llevo desde 2008 reflexionando sobre la necesidad de dar un paso fuera de la política, sabiendo que estoy comprometido con unas ideas, que tengo un caudal infinito de confianza y agradecimiento hacia el partido y de reconocimiento hacia José Luis Rodríguez Zapatero, quien me dio la posibilidad de desempeñar un papel de relevancia.

P. Que se retire de la primera línea satisfará a quienes utilizaron los infundios para hacer política, según sus palabras.

R. No lo sé. Pero tengo familia, amigos y proyectos a los que creo que puedo ser útil. Puedo ser útil a la política y al PSOE estando en la retaguardia. Tengo vitalidad e ideas y en este momento la experiencia acumulada me ha producido una madurez y una visión de las cosas distinta. Quiero ayudar a frenar esta ola conservadora de contrarreformas que vive nuestro país. Se utiliza el ajuste económico como excusa, pero la contrarreforma tiene una carga ideológica profunda.

P. Usted ha elegido esa opción. ¿Cree que en España sus compañeros políticos y los ciudadanos están preparados para que alguien en su situación vuelva a la primera línea como si no hubiese ocurrido nada?

R. Este país es muy respetuoso con las normas y el Estado de derecho funciona. A lo largo de este tiempo he encontrado un respeto profundo por parte de los ciudadanos. Hubo mucha gente que se me ha acercado para animarme y decirme que echaba de menos mi opinión porque se me entendía muy bien.

P. ¿Su decisión de no optar ahora a liderar el socialismo gallego tiene marcha atrás?

R. Este camino no tiene retorno, pero decir que de esta agua no beberé hoy sería insensato.

P. ¿Qué diferencia hay en la situación de Francisco Camps y la suya tras ser eximidos ambos de culpa por la justicia?

R. No se pueden comparar. A él lo juzgaron y estuvo procesado. Yo no he llegado ahí. Yo había anunciado que si se declaraba la apertura de juicio oral iba a dimitir porque creo que ahí ya habría una acusación formal.

P. ¿Sale usted más limpio que él políticamente?

R. Él salió limpio cuando la justicia habló. Si dijera lo contrario sería una contradicción y hay que tener un respeto profundo por la presunción de inocencia.

P. ¿Qué propondría cambiar en el sistema judicial español después de su experiencia?

R. Aunque hay que hacerlo con carácter general, cuando se trata de investigar a personas con notoriedad pública y que están en el punto de mira de los ciudadanos hay que acelerar los procesos. No pueden eternizarse, porque dan lugar a juicios paralelos.

P. ¿Nunca pensó que Dorribo era un empresario turbio?

R. Honestamente, no. No le conocía. Las pocas veces que me ha coincidido estar con él y con otras personas era una persona correcta. El desengaño y la sorpresa han sido terribles.

P. ¿Por qué le señaló a usted?

R. No solo a mí. Fue a por el alcalde de Lugo, a por el presidente de la Audiencia lucense… Personas que han sido difamadas y que ya la justicia ha archivado la causa. También ha hecho declaraciones contra el portavoz del PP en el Senado. Ha hecho un totum revolutum como estrategia para salir de prisión. Entiendo que una persona en la cárcel lo puede estar pasando mal, pero de ahí a imputar falsedades a los demás hay una gran distancia. En la medida en que la juez o la instancia judicial que le correspondiera han ido averiguando que esas insinuaciones eran falsas o no constituían un delito, se han ido archivando los casos.

P. Dorribo sigue en la calle.

R. Sorprendentemente sí.

P. ¿Cree que hay alguien detrás de Dorribo alimentando sus declaraciones judiciales?

R. Esa página ya la he superado. No quiero hablar de este señor que me ha causado mucho daño. Quiero que desaparezca de mis pensamientos.

P. ¿Cometió algún error como ministro que le llevara a tener este problema?

R. Ya sé que para algunos un ministro solo puede quedar con un empresario en el reservado de un buen restaurante a puerta cerrada, les parece vulgar hacerlo en la cafetería de un área de servicio a plena luz del día. Hay demasiada hipocresía.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS