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Crítica | Teatro

El alcalde anarquista de Madrid

Ruben Buren reivindica la figura de Melchor Rodríguez en ‘La entrega de Madrid’

Dos intérpretes de La entrega de Madrid. Ampliar foto
Dos intérpretes de La entrega de Madrid.

Salvó tantas vidas como Schindler, pero España no tiene un Spielberg que lo glose; fue el último alcalde republicano de Madrid, pero nuestro gobierno municipal prefiere poner nombres como el de Margaret Thatcher a sus calles. Melchor Rodríguez, novillero, chapista, sindicalista de la CNT encarcelado decenas de veces por delitos de imprenta, fue el delegado general de Prisiones que detuvo las sacas de presos y las ejecuciones extrajudiciales de Paracuellos de Jarama, ante las cuales el responsable de orden público de la Junta de Defensa madrileña, Santiago Carrillo, había venido haciendo la vista gorda. También paró los pies a la turba que, para vengarse de un bombardeo criminal de los sublevados, intentó una masacre en la prisión de Alcalá, donde estaban recluidos Serrano Suñer, Bobby Deglané, los hermanos Luca de Tena y mucha gente que luego ocuparía posiciones estratégicas durante el franquismo.

La entrega de Madrid

Autor y director: Rubén Buren. Intérpretes: Blanca Lara, Antolín Romero, Crismar López, Elvira Heras, Joaquín Navamuel, José Emilio Vera, Miguel Ángel Guerra, Olvido Vítores, Patricia López, Raúl Prados y Roberto Carlos Pérez. Luz: Arturo López. Vestuario: Isabel Rodríguez. Escenografía: Luis V. Mayo. Sala del Mirador. Hasta el 28 de abril.

Melchor Rodríguez tiene, sin embargo, un bisnieto memorioso y decidido. Basándose en los recuerdos de su abuela Amapola y en la documentada biografía El Ángel Rojo, de Alfonso Domingo, Rubén Buren recrea en La entrega de Madrid los últimos días de la Guerra Civil, desde el golpe de Casado hasta el momento en el que el alcalde lee ante los micrófonos de la radio su discurso de entrega de la ciudad a los franquistas.

Buren pone el foco en el interior del palacio del Marqués de Viana, residencia incautada donde Rodríguez escondió a muchos perseguidos del bando contrario y que, una vez que ondearon victoriosas las banderas de la gente de orden, devolvió intacta y “sin que faltara una cucharilla”, según admitió su propietario. El espectáculo, seguido de un coloquio apasionado (que se reeditará el jueves 25) en el que participaron Alfonso Domingo y el ensayista José Manuel Lechado, consigue despertar una curiosidad inmensa sobre personajes y circunstancias cuyo conocimiento es vital para poder explicarnos como hemos llegado hasta aquí.

Aunque hay no pocas pegas que ponerle a su montaje (la escena de la violación, pasada de vueltas; los oscuros; el perfilado emocional unívoco de algunos personajes…), lo sustancial es que estamos ante un autor con cosas que contar. Escenas como las situadas en un rincón del fondo del escenario (junto a la radio), serían más elocuentes adelantándolas unos metros. La del desencuentro entre Melchor y su esposa, bastante lograda, llegaría a mejor fin aún si Elvira Heras, sin variar su interpretación, paseara lo menos posible. En la labor coral de este grupo universitario, Teatro El Noema, destacan Antolín Romero, por la enorme dignidad que le imprime al protagonista, y José Emilio Vera, por el empaque que en su pellejo tiene Celedonio Pérez, militante histórico de la FAI.

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