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Mas dice que Cataluña está en fase de emergencia, pero mantiene la consulta

El presidente catalán avisa a Rajoy de que el referéndum no es moneda de cambio

Artur Mas, presidente de la Generalitat, avisó ayer de que Cataluña vive una situación de emergencia económica y de supervivencia autonómica, pero certificó que su rumbo no ha cambiado y que su objetivo es convocar una consulta soberanista en 2014 o, como muy tarde, en esta legislatura. La votación, dijo, no es moneda de cambio ni siquiera por una mejora de la financiación. Mas reveló que así se lo contó a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, en su reunión del día 21. La entrevista sirvió para constatar, según Mas, que ambos están en este punto en las “antípodas”. Pero, pese a ello, siguió abonando el diálogo con La Moncloa porque cree que es la única forma de crear puentes y de que no decaiga la posibilidad “remota” de un pacto.

En un balance sobre los primeros 100 días de su segundo Gobierno, Mas hizo un esfuerzo ingente para cuadrar un sudoku complejísimo. Su jeroglífico es este: ve viable mantener la ruta soberanista trazada con Esquerra, su socio parlamentario, seguir dialogando con Rajoy —desde el objetivo del déficit, la consulta a solucionar temas menores y del día a día— y sortear la actual situación de emergencia incorporando a su Ejecutivo a ERC y los socialistas. “No está en juego el Gobierno; lo está el país”, dijo reiterando su oferta, por ahora sin éxito, a ERC y PSC para que se sumen a su gabinete.

Durante dos horas —una de discurso y otra de preguntas—, Mas hizo juegos malabares para defender la compatibilidad de negociar diversos temas con Rajoy, mientras sigue construyendo las estructuras de Estado para que Cataluña se separe del resto de España. Y apuntó, que, de momento, La Moncloa no le ha avisado de lo contrario. Incluso anunció otros encuentros con Rajoy que seguirán siendo secretos. “O nos ayudamos todos, o saldremos todos perjudicados. ¿Qué beneficio sacaría España de que Cataluña caiga en una fase insuperable?”, se preguntó. Mas quiere explorar el diálogo hasta el final, aunque reiteró que no cederá en la consulta porque democráticamente es de “cajón” —“no espero ni represalias ni castigos”— ni renunciará a ella aunque le ofrezcan algo a cambio.

Corrupción, de puntillas

M. R.| Barcelona

Los primeros 100 días del segundo mandato de Mas han estado marcados por los casos de corrupción, que afectan muy especialmente a Convergència i Unió. CDC tiene la sede embargada (precisamente ayer el juez confirmó la fianza); su secretario general, Oriol Pujol, está imputado por el caso ITV y el caso Clotilde, ha provocado también la imputación del diputado Xavier Crespo. Y Unió pasará a la historia como el primer partido que reconoce que se financió ilegalmente (caso Pallerols).

Sin embargo, Mas pasó de puntillas sobre la corrupción. El presidente situó la crisis de confianza política como una de sus prioridades básicas. Pero se limitó a citar las medidas de transparencia impulsadas en el Parlament —ley de transparencia y ley electoral— y a confiar en que, una vez iniciado el proceso soberanista, los casos no se produzcan porque “las actitudes cambian a mejor”. Mas reconoció que la corrupción puede ser un lastre para esa vía: “Cuanto más clima haya de irregularidades, corrupción, y fraude, menos consistencia tendrá el proceso. Por ello lo he situado como uno de los grandes ejes de la legislatura. Debemos tener la máxima atención”.

Pero tampoco espera mucho: dijo que Rajoy no le propuso mejor financiación ni cree que lo haga. “No ofrecerá el pacto fiscal por la consulta”, dijo aludiendo a las críticas que las ventajas para Cataluña suscitan en el resto de España, desde Andalucía (gobernada por el PSOE e Izquierda Unida) a Madrid (por el PP). “La letra es diferente”, dijo en referencia a esas críticas, “pero la música es la misma. El tema de la financiación solo se abordó de forma tangencial, explicó Mas, cuando Rajoy aludió a que se crearía dentro del Consejo de Política Fiscal un grupo de trabajo para tratar el modelo de financiación.

Su única conclusión positiva de la reunión con Rajoy fue la intención de este de flexibilizar el objetivo de déficit para las autonomías, aunque prefirió valorarlo de forma “prudente” por estar ya “escarmentado”. Ese objetivo es casi una obsesión y recordó que, pese a concentrar el 17% de gasto público de toda España, Cataluña ha acumulado el 24% de los recortes de todas las Administraciones. Y citó la incongruencia de que el Estado, con el 53% de todo el gasto público, haya acometido unos ajustes del 18% frente a la proporción asumida por las comunidades autónomas: con un 33% del gasto público, han asumido el 71% de los recortes, pese a gestionar la mayoría de servicios del Estado de bienestar.

Mas explicó que su intención es agotar su mandato y centró su obra de Gobierno en cinco ejes: la estabilidad de las finanzas; la reactivación económica; la preservación del Estado de bienestar; la transparencia y en la consulta. La realidad es que evitó hacer autocrítica y culpó al Ejecutivo central de la emergencia de las finanzas que, a su juicio, ponen en riesgo las políticas que sustentan el Estado de bienestar. En su opinión, son cinco las razones que explican el colapso de las arcas catalanas: la recesión; el déficit fiscal, que se “arrastra”; el “lastre económico” del tripartito; el “reparto arbitrario” del déficit; y el impago de partidas que el Estado debe a Cataluña. “Todo suma para malmeter las finanzas”, concluyó.

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