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Stukas en el castillo de Montjuïc

Una exposición en la fortaleza documenta los bombardeos experimentales de la Legión Cóndor que arrasaron cuatro pueblos de Castellón en 1938

Una de las fotos de la exposición: el piloto Ernst Bartels y su copiloto Fleisch, en su Stuka. Ampliar foto
Una de las fotos de la exposición: el piloto Ernst Bartels y su copiloto Fleisch, en su Stuka.

En el “desmilitarizado” castillo de Montjuïc los cañones han salido por la puerta, pero los Stukas entran ahora por la ventana. Ellos y su terror.

La exposición, en una de las remozadas salas del Patio de Armas, Experiments de la Legió Còndor a l'Alt Maestrat 1938, eminentemente fotográfica, documenta los despiadados bombardeos que lanzó la aviación alemana del bando franquista sobre cuatro poblaciones de esa comarca de la Comunidad Valenciana, en la provincia de Castellón. De manera aparentemente inexplicable por innecesaria, los innovadores aparatos nazis arrasaron parte de los núcleos urbanos de Benassal, Ares, Vilar de Canes y Albocàsser, que no parecían ofrecer objetivos de particular interés estratégico. Los ataques provocaron daños patrimoniales irreparables, la destrucción de dos centenares largos de casas y medio centenar de muertos contabilizados que sin duda fueron muchos más. La causa de muerte más abundante en los registros es “asfixia por accidente de aviación” (sic).

El Grupo de Recuperación de la Memoria Histórica del Siglo XX de Benassal, entidad responsable de la exposición (presentada antes en el centro Octubre de Valencia y visitable en el castillo hasta el 12 de mayo), se propuso investigar el episodio y encontró la clave del enigma de los bombardeos en el libro de Antony Beevor La Guerra Civil Española (Crítica, 2010). En su libro, Beevor, basándose en los diarios de Wolfram Von Richthofen, el jefe de la Cóndor, una de sus principales fuentes, explica cómo la Luftwaffe alemana aprovechó la contienda como banco de pruebas para sus nuevos aparatos y técnicas. Beevor cita concretamente las cuatro poblaciones valencianas y de qué manera la Cóndor las atacó para luego fotografiarlas y evaluar científicamente las pautas de los bombardeos y el monto de la destrucción. Les interesaba sobre todo a los alemanes verificar la precisión de los bombardeos de los Stuka, con bombas de 500 kilos. Precisión digna de los modernos drones. Para Beevor, “quizá el arma de mayor importancia psicológica que ensayó la Cóndor en españa fuera el Junker 87 Stuka”, el bombardero en picado (Sturzkampfflugzeug) que se hizo tristemente célebre durante la II Guerra Mundial como parte integrante (y aullante) de la Blitzkrieg y a cuyos mandos pilotos como Hans Rudel se mostraron verdaderos virtuosos del aniquilamiento..

Siguiendo la pista Beevor, según explicó ayer el comisario de la exposición Oscar Vives, los investigadores valencianos encontraron en los archivos alemanes un informe (RL35/34) de 50 páginas sobre los bombadeos de las cuatro poblaciones, profusamente ilustrado con 65 fotografías. En él se basa la exhibición que a través de 16 paneles documenta las acciones y sus resultados.

Figura en la exposición, que incluye un vídeo con testimonios, información sobre el aeródromo de La Sénia desde el que despegaba la Cóndor; los Stukas, sus tripulantes (tipos preparados y motivados, y bien pagados) y la técnica del bombardeo en picado (con una curiosa inversión del avión antes de iniciar la maniobra de ataque). También se documentan las letales bombas que cargaban y la figura del puntilloso oficial que redactó el informe, el mayor Leopold Graf Fugger von Babenhausen, descendiente de los banqueros Fugger de Carlos V que tendría mandos importantes en la II Guerra Mundial y acabaría la contienda prisionero de los rusos.

Por supuesto lo más impresionante son las fotos, aéreas y pie a tierra, de la devastación. Calles, iglesias, archivos... El nivel de arrasamiento es comparable al de imágenes de Varsovia o Rotterdam. En Ares los Stukas mataron a una madre y sus cuatro hijos. Ese detalle no figura en sus fríos informes.