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EXPOSICIÓN

Amazonas enlatado

Una exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales recorre la biodiversidad,

la historia y la antropología de la amenazada selva suramericana

Un mono aullador rojo disecado, en la exposición Tesoros del Amazonas. Ampliar foto
Un mono aullador rojo disecado, en la exposición Tesoros del Amazonas.

Ver un mapa detallado de la Amazonia impresiona: una enorme extensión, del tamaño de unas 12 veces España, no solo surcada por el río más grande del mundo, el Amazonas (de 7.000 km), sino por innumerables afluentes que a su vez se dividen en innumerables afluentes que a su vez se dividen en innumerables afluentes y así casi hasta el infinito, llegando a cada pedazo de territorio. Parece más bien un capilar en el que el agua fuera la sangre de la tierra, o una geometría fractal.

Ahí, dentro de este laberinto selvático, se guarda la mayor biodiversidad del planeta y también una rica diversidad humana de culturas indígenas, ambas en serio peligro.

Buena parte de la Amazonia, además, permanece virgen y se supone que en sus frondosidades viven grupos humanos que jamás han conocido eso que llamamos “civilización”: no han contactado con el hombre blanco, ni conocen la televisión ni las camisetas de Cristiano Ronaldo. Adentrarse ahí sería como realizar un viaje en el tiempo.

Biodiversidad

Sobre estas y otras cuestiones versa la exposición Tesoros del Amazonas, recién inaugurada en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que se puede visitar hasta el 25 de julio. Lo interesante de la exposición es la (también) diversidad de enfoques desde los que se explica ese gran misterio que es la Amazonia: desde el de la biodiversidad, el antropológico, o el ecológico, pero también desde el histórico, pues se narran las expediciones españolas a estas selvas desde Francisco de Orellana, al que se considera descubridor del gran río (en 1542), hasta las más recientes de Javier Lobón-Cerviá, quien además de investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y comisario de la exposición, es un apasionado estudioso de la naturaleza y las gentes del Amazonas (hasta se hizo hermano de sangre de algún indígena durante sus frecuentes expediciones para estudiar la ecología de los peces amazónicos).

¿Por qué es importante conservar la Amazonia? “No es tanto porque sea el gran pulmón del planeta, como suele decirse, sino porque es la gran frontera de la biodiversidad”, explica Lobón-Cerviá, “en una hectárea de bosque amazónico hay 300 especies de árboles y arbustos. En los de aquí solo hay una. En un tramo de río puede haber 170 especies de peces, cuando en tu pueblo hay cinco o seis. Son especies endémicas que solo pueden vivir en esas condiciones únicas que hay en el Amazonas”.

Ya, pero ¿para qué conservar la biodiversidad? “Pues es una cuestión de principios elementales. ¿Tú extinguirías a una especie? Tenemos que entender que el planeta no es nuestro, que no somos dioses, que no hemos nacido para comernos el planeta con patatas”.

De la colorida biodiversidad de la Amazonia dan una idea algunos ejemplares disecados del tapir (extraño pariente del rinoceronte y el caballo), el enorme pez arapima gigas (que es comestible y, dicen, está bien rico), del misterio borgiano de las manchas del hermoso felino ocelote o los más prosaicos perezosos y los ruidosos monos aulladores rojos.

Pero además, el Amazonas es una enorme reserva de agua y vierte más agua dulce al mar que todos los ríos de Europa multiplicados por diez, lo que hace mantener un equilibrio global en los mares.

Hay múltiples peligros que amenazan la supervivencia de la Amazonia, y las amenazas cada vez crecen a mayor ritmo: la construcción de megaciudades en el corazón de la selva o de carreteras transamazónicas, los yacimientos petrolíferos, las talas madereras o para la plantación de soja y café, la uniformización cultural de la población indígena (por cierto, en la exposición se pueden ver artilugios y comprender el modo de vida de esas culturas)…

Todos culpables

¿Quiénes son, pues, los culpables? ¿Gobiernos, grandes empresas? “No busques grandes responsables, al final los responsables somos tú y yo”, dice el investigador, “ni la banca, ni los mercados… Lo que tiene que hacer la ciudadanía es votar a políticos que tengan conciencia, a programas electorales que contemplen la integración con la naturaleza, que se eduque a los niños en el respeto al medioambiente…”

En la cuenca Amazónica caben tres Europas enteras, “pero la tasa de destrucción está aumentando en los últimos años de forma escandalosa", concluye Lobón-Cerviá, "ese es el problema”.

¿Qué nivel de conocimiento tenemos actualmente sobre la Amazonía?, se pregunta uno de los paneles de la exposición. La respuesta es muy simple, continúa: no tenemos ni idea.

 

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