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OPINIÓN

¿Quién o qué ha ganado?

Que no exista una opinión razonablemente colectiva de quién o qué ganó el 25-N ilustra, más que una situación política compleja, una cultura compleja, mejor encaminada a la propaganda que al análisis. De hecho, una parte de los medios y de la ¿intelligentsia? locales ha invertido, desde el 11-S hasta esta mañana a primera hora, más tiempo en la propaganda que en el análisis. Algo que podría parecer aberrante si no fuera porque esa ha sido la dinámica cultural normal —y aberrante— desde hace décadas. ¿Quién o qué ha ganado estas elecciones? En primer lugar, por tanto, ha perdido una manera de construir la política mediante la publicidad gubernamental en medios. Una dinámica fundamental de la Cultura de la Transición. Y eso, en fin, es muy importante. Supone la decadencia de los partidos de la Transición.

La decadencia puede ser más perceptible si se constata que los partidos crecientes —ERC, ICV, CUP y C’s—, son formaciones que utilizan la Red. Unos como propaganda, pero otros también como intercambio de información y estadísticas. CiU, PSC y PP son, así, partidos que han perdido pie y época. ¿Quién o qué ha ganado las elecciones? No la han ganado, desde ese punto de vista, partidos en abierta brecha tecnológica, ese hoyo del que se suele no salir.

Los partidos ganadores —CiU, que de hecho ha ganado, y ERC, ICV, C’s y CUP—, son partidos que se ha posicionado contra el orden vigente. CiU —contengan la risa—, y ERC, ICV y CUP son, desde el momento que defienden el derecho a decidir, partidos rupturistas. Son partidos contra la Transición. C’s, en tanto que defensor de la revolución centralizadora pendiente, pues también. ¿Quién o qué ha ganado? Desde luego, no ha ganado el sistema de la Transición. Si nos atenemos a la suma —CiU, ERC, PSC, ICV, CUP—, ha ganado el derecho a decidir. Pero si observamos que el derecho a decidir, restrictivo y propuesto por CiU, ha sido cuestionado por las lecturas que de él han hecho los electores, se puede suponer que ha ganado ampliar el derecho a decidir. Hacia la economía, en las políticas de seguridad, en la justicia. Hacia, en fin, ámbitos que, como el derecho a decidir, se defendieron en la calle, pero en otras manifestaciones distintas a la del 11-S. ¿Quién o qué ha ganado? Ha ganado la ampliación de la democracia hacia terrenos no pactados en las alturas hace casi cuatro décadas. Ha ganado la ruptura absoluta con la Transición.

Y ahora viene la monda. Si observamos la política pos 25-N veremos que CiU tiende a condicionar el referéndum a sus exigencias a otros partidos. Es decir, practica la Cultura de la Transición, subsector no cumplir el programa —algo usual en una cultura política fundada en unas Cortes constituyentes no anunciadas en ningún programa—. ERC defiende la cohesión —ese mito de la Cultura de la Transición—, se ofrece a apoyar al Gobierno y propone como contrapartidas medidas no rupturistas entre las que, en lo que es una metáfora, no hay ninguna propuesta para la eliminación de las balas de goma, ese sello español, franquista y del actual sistema. ICV, a su vez, propone sendos pactos urbi et orbi —los pactos, esa cosa de la Transición que, como atestiguan las contrarreformas laboral, financiera y lingüística, ya ha sido amortizada—. Vamos, que el electorado vota ruptura y los partidos le ofrecen más Cultura de la Transición. ¿Quién o qué ha ganado?

CiU ha anunciado recortes por 4.000 millones. Una amputación comparable al mayor recorte griego. Será el fin del bienestar, la democracia, el autogobierno, sera la ruptura ya anunciada en las leyes emitidas desde la crisis. ¿Por qué los partidos ganadores no proclaman la otra ruptura, la votada por sus electores? ¿Saben que todo esto hace aguas? ¿Tienen herramientas más allá de las precisas para hacer tertulias radiofónicas? ¿Quién o qué ha ganado?