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La economía del favor por favor

Cataluña tiene 100 bancos de tiempo en los que participan 8.000 personas

Mejoran la autoestima y favorecen las relaciones”, dicen los promotores

Clase de sardanas en el barrio del Bon Pastor.
Clase de sardanas en el barrio del Bon Pastor.

Un mercado alternativo ha surgido gracias a la solidaridad ciudadana. Su divisa es la hora y su máxima, el favor por favor. Los bancos de tiempo crecen y ya se han configurado como un sistema financiero alternativo a través de sus redes de intercambio de servicios.

Arreglar un ordenador, coser los bajos de un pantalón o cambiar una bombilla ya no tienen por qué suponer una inversión de dinero. En los tiempos que corren los sistemas de trueque vuelven a cobrar sentido. En España, se calcula que más de 400 bancos de tiempo funcionan a través de una red solidaria de intercambio de favores.

Una monitora, en primer plano, enseña los fundamentos de la sardana en el Bon Pastor.
Una monitora, en primer plano, enseña los fundamentos de la sardana en el Bon Pastor.

El funcionamiento de estos espacios se asemeja al de cualquier entidad bancaria, con la diferencia de que su moneda de cambio es la hora y los servicios que se ofrecen, sean cuales sean, se pagan en función del tiempo que se tarda en realizarlos. Los usuarios disponen de un talonario de tiempo gestionado por la secretaría de su banco. Por una hora de dedicación a los demás, les corresponden 60 minutos para disponer de la ayuda de alguien. “No importa lo que intercambies, sino el tiempo que dedicas a ello”, explica la coordinadora nacional de la red de bancos de tiempo, Josefina Altés.

Aunque actividades como aprender idiomas, asesoramiento en las nuevas tecnologías o el consumo responsable comienzan a aumentar su demanda, las labores del manitas que arregla las chapuzas domésticas y la compañía o atención personal a algún usuario siguen siendo las necesidades más reclamadas. “Hay muchas personas solas y los bancos de tiempor les pueden aportar mucho. A mí, por ejemplo, me cubren todas mis necesidades de acompañamiento y yo, a cambio, ofrezco clases de cosmética natural”, relata Rosa Venavides, una cliente invidente.

Lo que empezó en 1998 como una iniciativa de las mujeres del barrio barcelonés del Guinardó, que se hacían favores domésticos entre ellas para conciliar su vida personal y profesional, se ha convertido en una red de espacios de sociabilidad en los que gente de todas las edades intercambia numerosos servicios comunitarios. “Yo calculo que habrá cerca de 8.000 usuarios en Cataluña, pero es difícil contabilizar el número exacto de personas que participan en las redes de intercambios porque existen muchas asociaciones que responden a este sistema pero no se constituyen como bancos de tiempo”, aclara Altés.

“No importa lo que intercambies, sino el tiempo que dedicas a ello”

Casi 14 años después de su puesta en marcha, Cataluña ya cuenta con más de un centenar de puntos de intercambio de favores. “Hemos abierto tres bancos durante el mes de octubre, ya llevamos 13 en la ciudad y el año que viene, más”, apunta Josefina.

Mientras algunos barrios de la capital catalana ponen en marcha su primer punto de intercambio solidario, uno de los bancos pioneros en Barcelona, el del vecindario del Bon Pastor cumple su décimo aniversario.

Un equipo gestor de tres personas tiraron adelante un banco de tiempo que actualmente ya se ha consolidado como asociación vecinal. Salidas culturales, talleres de sardanas y castañuelas o encuentros regionales son algunas de las actividades que se han instaurado de forma permanente en el barrio. “Somos un banco especialmente vivo y comunitario. Desde la secretaría implicamos a todo el mundo para llegar a las personas con cariño y comprensión”, explica el portavoz del banco, Francisco Caparrós.

Las secretarías de los puntos de intercambio solidario son las encargadas de controlar y equilibrar las cuentas de los usuarios, así como también organizar reuniones de grupo entre los participantes para fomentar la comunicación entre ellos. Desde la Asociación Salud y Familia, Josefina Altés dirige también la secretaría de algunos de los bancos de tiempo de Barcelona. “Todos necesitamos de todos en algún momento, y eso cuesta reconocerlo, por lo que también hay que hacer un trabajo de mentalización entre los que participan, para que se atrevan a pedir favores”, comenta la gerente.

Las primeras iniciativas empezaron a funcionar en 1998

El auge de los bancos de tiempo en Barcelona ya ha impulsado la expansión de esta iniciativa más allá de las comunidades de vecinos. La asociación Salud y Familia ha emprendido un nuevo proyecto para trasladar este sistema de trueque solidario a los colegios: “La aplicación de la red de intercambios escolares ha servido para reconocer los valores individuales y mejorar la convivencia en la clase porque no se puede excluir a nadie y todos aprenden a conocerse mejor”, manifiesta Altés.

Este año, la asociación ha preparado un nuevo taller de formación para docentes, a semejanza del que se realizó el año pasado en el primer trimestre del curso en el Centro de Estudios Pedagógicos de Ciutat Vella.

“Los bancos mejoran la autoestima de las personas y favorecen, además, la inclusión social, la igualdad y el reconocimiento”, analiza la coordinadora de Salud y Familia. Los usuarios coinciden en que las cadenas de favores y las actividades que se desarrollan dentro de las redes de intercambio solidario se han convertido en una buena manera de comunicarse con las personas de su entorno y entablar relaciones personales con ellas. Sergi Alonso, cliente del banco de tiempo de Gràcia, lleva dos años ofreciendo labores de asesoría informática a los vecinos del barrio: “Lo más interesante es que nos tratamos con igualdad. No tienes exigencias pero tanto dando como recibiendo tienes el mismo compromiso de hacer las cosas bien”.