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OPINIÓN

El clima

Fijémonos en las tormentosas protestas y las exigencias más o menos justificadas que han desatado los Presupuestos Generales de Estado. Aguas turbias en un cauce seco y sin recursos

Suele ser un espectáculo al que no queda invitado grupo turístico alguno, pero que siempre atrae a los interesados por la meteorología mediterránea en que vivimos. Aquí, cuando las montañas alargan sus sombras otoñales, las nubes suelen abrir sus grifos y llega el agua a cántaros; agua torrencial y rojiza que invade cauces secos, cuyas corrientes atolondradas arrastran en pocas horas cuanta suciedad se depositó en esos mismo cauces durante los largos periodos de sequía. Si se contempla con atención desfilan ante los ojos del buen observador desde un destartalado colchón hasta una silla envuelta en cañas.

La naturaleza devuelve al hombre la mierda con que algún incívico vecino intentó denigrarla. En Castellón pudimos contemplar el espectáculo hace ahora tres años y por estas mismas fechas. El patio de butacas era singular: la entrada y la salida del túnel que encauza las aguas del Riu Sec a su paso por la capital de La Plana.

Las últimas lluvias que han causado estragos en otros rincones del País Valenciano, pasaron suaves por las comarcas castellonenses. Aunque, con toda seguridad, ni la presente ni las futuras generaciones se privarán del espectáculo. De tal cosa tiene conocimiento cualquier vecino de La Plana que haya leído con atención cuanto escribió el siglo XVIII, y a lo largo de muchas décadas, un bendito fraile medio ilustrado llamado Rocafort.

Quizás piensen los ministros allá en la meseta que aquí ya se derrochó demasiado y se acumuló demasiado endeudamiento innecesario

Aunque, en honor a la verdad, cabe indicar que la salubridad en nuestros cauces secos ha mejorado y mucho durante los último años. La existencia de ecoparques y la mejor disposición de las administraciones locales, entre ellas la de Castellón, para recoger desechos y envases, junto a un avance notable en la formación cívica al respecto, acaba dando unos resultados más limpios en el ámbito del medio ambiente. En otros aspectos seguimos como siempre o vamos a peor.

Fijémonos, por ejemplo, en las tormentosas protestas y las exigencias más o menos justificadas que ha desatado la presentación de los Presupuestos Generales de Estado para el próximo año. Aguas turbias en un cauce seco y sin recursos.

Y no hay que observar con demasiada atención para darse cuenta que en los nuevos presupuestos del Estado somos por estas y otras comarcas valencianas casi un territorio olvidado, no se sabe si intencionadamente o por la falta de recursos económicos. Y de donde no hay no se puede sacar.

Quizás piensen los ministros allá en la meseta que aquí ya se derrochó demasiado y se acumuló demasiado endeudamiento innecesario: somos el levante feliz y festivo con anchas tragaderas que superaremos la crisis como se supera la sequía. Aunque no sea así. Aunque haya miles de valencianos poco conservadores y menos conformistas que observen con atención el paso de esta inundación de despropósitos que acompaña a la crisis, como acompaña la suciedad a las torrenciales aguas otoñales. Una suciedad depositada durante largos años, y sobre la que reflexiona una mayoría o minoría silenciosa valenciana que, a lo peor, desconoce Mariano Rajoy.