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Mas dice ahora que el referéndum requiere una mayoría “indestructible”

El presidente catalán pide al Gobierno que tome ejemplo de los referendos de Canadá y el Reino Unido

Convergència i Unió da por ganadas las elecciones catalanas del 25 de noviembre, pero lo que busca ahora Artur Mas es incrementar el apoyo que obtuvo hace dos años para conseguir la mayoría absoluta. De lograrlo, sería un caso singular en el panorama político europeo, donde la crisis no hace más que tumbar y debilitar gobiernos. Por eso el presidente catalán no dudó ayer en anticipar su estrategia de campaña: decirle a los muchos catalanes que quieren un referéndum de autodeterminación que este solo llegará si Convergència i Unió consigue unos grandes resultados en noviembre. Y no solo esto, el presidente catalán preparó a su electorado para una batalla a largo plazo, que va mucho más allá de las elecciones de noviembre y que incluso podría durar más de una legislatura. Solo apostará por la controvertida consulta, dijo, cuando la mayoría soberanista sea “indiscutible” e “indestructible”.

La teoría que defendió el presidente de la Generalitat es que, ante las dificultades legales que tendrá su proyecto soberanista, los nacionalistas solo podrán jugar la baza “democrática”, en el sentido de convencer a la comunidad internacional de que una mayoría de catalanes es partidaria de celebrar una consulta. “Si Cataluña lo quiere, la tendrá. Depende de lo que queramos y de cómo hagamos las cosas”, dijo, en un intento de disuadir, y acercar a sus postulados, a los sectores más radicales que piden ya una declaración unilateral de independencia. “No vale perder por un 49%, ni tan solo ganar por un 51%. Hay que ser rotundo. Esto lo tiene que querer un grueso significativo de la sociedad catalana, y si necesitamos un año más para hacerlo, no pasa nada”.

Mas ya dijo esta semana en el Parlamento autónomo que su proyecto soberanista puede llevar más de una legislatura. Lo que temen el resto de los partidos que defienden la autodeterminación es que el presidente de la Generalitat utilice ese argumento para perpetuarse en el poder. Ayer Mas se esforzó en decir que eso no es así y que si ahora pide el voto “prestado” es para aunar fuerzas en favor de la independencia, palabra que por cierto no citó en su discurso, como tampoco habló de “Estado propio”.

Hay dos asuntos que por ahora Artur Mas prefiere no abordar o hacerlo de forma muy tangencial. El silencio más flagrante es sobre las primeras críticas que le han llegado a Convergència i Unió desde el mundo empresarial catalán, tradicionalmente muy próximo al partido. Mas no se refirió ayer ni directa ni indirectamente a las reservas expresadas los últimos días por empresarios como José Manuel Lara (Planeta) o Salvador Alemany (Abertis).

Sí citó, aunque sin profundizar, los problemas legales que plantea el referéndum o consulta que quiere hacer para preguntar sobre la soberanía de Cataluña. El Gobierno ha alertado al presidente catalán de que acudirá al Tribunal Constitucional para frenar cualquier iniciativa en ese sentido. Ayer, Mas intentó mantener su imagen de hombre de orden y aseguró que su intención es respetar la legalidad. Eso sí, a su manera. “Seguiremos los marcos legales y el Estado de derecho, sea el español cuando sea necesario, el catalán cuando también sea necesario, o el internacional cuando también lo sea”, dijo, sosteniendo que estos marcos legales pueden moverse según la presión que se ejerza sobre ellos.

Junto a esa presión, el Gobierno de CiU vive como una auténtica obsesión que las reivindicaciones catalanas tengan eco fuera de España. Creen los nacionalistas que difícilmente el Gobierno central podría soportar la presión internacional en caso de que se perciba como justa y democrática su reivindicación. Especialmente, existiendo casos como el quebequés o el escocés, con sendos referéndums ya celebrados o en preparación. Por eso Mas llamó al Gobierno de Mariano Rajoy a tomar ejemplo de Canadá y el Reino Unido y a sentarse a “escuchar” o “negociar”.

Mientras, el Partido Popular catalán está aprovechando la crisis interna que atraviesa el Partit dels Socialistes para erigirse como la única alternativa al independentismo de Convergència i Unió. Ayer, Alicia Sánchez-Camacho fue proclamada candidata del partido a las elecciones del 25-N con un mensaje muy claro: el PP será el único dique de contención del soberanismo.