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El Centelles más auténtico

La Fundación Vila Casas expone 110 fotografías originales del 'Capa español' compradas en 2010

'Soldados leyendo un diario en Alcañiz', una de las fotografías que se pueden ver en la exposición de Barcelona.
'Soldados leyendo un diario en Alcañiz', una de las fotografías que se pueden ver en la exposición de Barcelona.

Al fotógrafo Agustí Centelles le cambió la vida en 1933 durante un partido de fútbol del Barça. Y no por que ganara su equipo favorito, sino porque en el campo de Les Corts vio por primera vez una Leica que llevaba un periodista alemán. La cámara, a diferencia de las pesadas del momento, era ligera, tenía batería autónoma y flash, y podía hacer 36 fotografías con su carrete de negativos flexibles. Tras comprarse una por 900 pesetas, se hizo autónomo y se convirtió en el fotógrafo mejor equipado y más rápido de Barcelona. Allí donde había algo que fotografiar estaba Centelles con su aparato. Los periódicos de la ciudad no cerraban su edición hasta que llegaban sus fotografías.

Cuatro de las imágenes de Centelles que se pueden ver en la exposición relativas al frente de la Guerra Civil. ampliar foto
Cuatro de las imágenes de Centelles que se pueden ver en la exposición relativas al frente de la Guerra Civil.

Un total de 110 de las imágenes de este “cazador de instantes”, considerado el padre del fotoperiodismo y el 'Robert Capa español', pueden verse desde hoy hasta febrero de 2013 en la Fundación Vila Casas de Barcelona. La exposición Agustí Centelles, una crónica fotográfica. Años 30, comisariada por el crítico de arte Daniel Giralt-Miracle, es la primera organizada, tras la muerte del fotógrafo en 1985, formada por copias realizadas por el propio Centelles tras recuperar su famosa maleta con más de 5.000 negativos en 1976. Hasta ahora en las exposiciones se podían ver copias realizadas no por el autor, a partir de los negativos que compró por 700.000 euros el Ministerio de Cultura a Octavi y Sergi, hijos de Centelles, para el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, una venta que generó gran polémica en 2009.

Las fotografías —“en las que se unen su instinto periodístico, su inteligencia visual y un instrumento idóneo como fue su Leica”, dice Giralt-Miracle— son auténticas noticias gráficas que se exponen de forma cronológica: desde la República hasta las instantáneas de los campos de concentración franceses a partir de 1939. Con su cámara, Centelles cubrió acontecimientos deportivos, espectáculos, fiestas populares y actos donde retrató a los líderes políticos del momento, como el presidente Lluís Companys, enfermo, tapándose la boca con un pañuelo tras su regreso del penal de Santa María, donde estuvo encarcelado desde 1934.

Las copias fueron realizadas por el propio fotógrafo en 1976

Centelles es la memoria visual de la Guerra Civil. Muchas de sus fotografías corresponden a este periodo negro de la historia española. El 18 de julio se echa a la calle y crea algunos de sus iconos, como la imagen de los guardias de asalto parapetados tras unos caballos muertos en la calle de la Diputació —en la exposición, con un nuevo encuadre en el que se puede ver un tercer animal—, pero también algunas casi desconocidas, como la de un miliciano confraternizando con un guardia civil un día después de estallar la guerra. Captó los crudos efectos de la contienda, sobre todo en Lleida, donde no dudó en fotografiar a un grupo de niños asesinados por bombas italianas, y el lado más amable, si lo hubo, con imágenes como la de los dos soldados leyendo un periódico y una en la que dos milicianos celebran su boda, puño en alto. Federica Montseny, Tarradellas, Azaña, Teresa Pàmies y la capitana Mika Etchebehere, con la pistola al cinto, pasaron por su objetivo. La exposición concluye con sus imágenes del campo de Bram y un audiovisual con las revistas nacionales e internacionales donde se publicaron sus trabajos.

Por las obras se pagaron más de 400.000 euros, según Ramon Alberch

Muchas de las copias conservan marcas de chinchetas de cuando las expuso el propio Centelles y anotaciones del autor, a mano o máquina, en las que describe el lugar o desvela la identidad del retratado, que se han mantenido tras ser adquiridas.

Tras recuperar su maleta, Centelles positivó cuatro juegos de fotografías con unas 300 imágenes cada uno. Uno de ellos acabó disperso, dos están en manos de sus hijos y parte del cuarto es este que se expone en el centro que la fundación tiene en el barrio barcelonés del Poblenou.

Las imágenes —y 35 reimpresiones posteriores— fueron compradas por la fundación en octubre de 2010 a los herederos de Centelles (tras una larga negociación dirigida por Jordi Martí, el anterior responsable municipal de Cultura, que ayer fue recordada). Mediante un acuerdo entre los nuevos propietarios y el Ayuntamiento de Barcelona, las copias se depositaban en el Archivo Fotográfico de la ciudad. La incógnita fue el precio que se pagó por las fotografías. “Es un secreto. Su confidencialidad está incluida en el contrato”, dijo Antoni Vila Casas entonces. Según cálculos de Ramon Alberch, subdirector general de Archivos de la Generalitat de Cataluña hasta 2011 y culpable, según los hijos de Centelles, de que los negativos acabaran fuera de Cataluña, la operación tuvo un coste mínimo de 400.000 euros.