La música, para quien pueda pagarla

Las 13 escuelas municipales triplican su precio porque no se consideran “esenciales” El Ayuntamiento de Madrid elimina la subvención que suponía el 70% del coste

Estíbaliz Garrido y sus tres hijas, junto a su casa de Vallecas. Las dos mayores y ella misma son alumnas de una escuela municipal de música.
Estíbaliz Garrido y sus tres hijas, junto a su casa de Vallecas. Las dos mayores y ella misma son alumnas de una escuela municipal de música.kike para

“Tengo que sacar a mis hijos de la escuela de música y estoy seguro de que la mayoría de las familias harán lo mismo. La nuestra cierra, seguro”. Juanjo Menéndez lleva a su hijo de 13 años y su hija de 10 a la escuela municipal Ágata de Villaverde. Los dos tocan la viola, precisamente para que la pequeña vaya heredando el instrumento cuando al mayor se le quede pequeño. El año pasado la clase de formación musical e instrumental costaba 50,4 euros al mes. A menos de 10 días de que comience el nuevo curso aún no se sabe de manera oficial cuánto costará este. Los precios públicos no se han publicado —se aprobarán hoy, según fuentes municipales—, pero el Ayuntamiento de Madrid reconoce que ha retirado toda la subvención que permitía que los alumnos pagasen aproximadamente un 35% de lo que costaba la formación. La matrícula, por tanto, se triplica.

“Muchos padres mantenemos a nuestros hijos con grandes esfuerzos económicos no para que se conviertan en profesionales de la música, que para eso están los conservatorios, sino para que aprendan a amar la música, el arte en general”, dice Menéndez, convencido de que el objetivo final es terminar con las 13 escuelas municipales de música y danza, que ofrecen formación no reglada. “En Villaverde hay una escuela de música privada que cobra 70 euros al mes, ¡la mitad de los 150 euros que pretende el Ayuntamiento que paguemos!”, exclama. Las escuelas las gestionan concesionarias, actualmente Música Creativa y Soto Mesa. Según el contrato, el Ayuntamiento aportaba 5,5 millones de euros al año, cerca de un 70% del coste total. Ahora se trata de que los usuarios aporten, si pueden, el 100%. Para la alcaldesa, Ana Botella, las escuelas de música no son un servicio esencial. Lo prioritario, según señaló a finales de agosto, es la ayuda a domicilio o la lucha contra la exclusión social. El resto de servicios municipales serán para quien pueda costearlos: “Los precios públicos se van a acabar adaptando al precio real porque consideramos que hay una serie de cuestiones que en una situación como la que estamos, de crisis, solamente podrán acceder aquellos que se lo puedan pagar”, dijo.

Cristina Pérez, de 19 años, es una de esas alumnas que probablemente no puedan pagarlo. Además de un grado de Idiomas Modernos en la Complutense, estudia Canto en la escuela municipal Antonio Machado de San Blas. El sábado por la mañana estaba con su madre frente a la escuela de Atocha, la Almudena Cano, para indicar a los padres y alumnos que se dirigían a la manifestación que el lugar de encuentro acordado en las redes sociales había cambiado a Alcalá, 32. “Por suerte trabajamos su padre y yo”, decía su madre. “Pero es que las tasas universitarias también han subido y el sacrificio que hay que hacer ya es muy grande”. “La música es cultura y esas escuelas se han hecho con dinero de todos, son asequibles al ciudadano medio y están en barrios populares. Van a desaparecer”, añadía.

“Estamos a la vez indignados y tristes. Era un proyecto maravilloso”, asegura Eduardo Soto, de Soto Música. “Vamos a tener muchísimas bajas”, pronostica. Y sin alumnos, las escuelas no serán viables. “Los verdaderos perjudicados son los alumnos y los profesores, que se van a la calle”. Uno de ellos, de la escuela de San Blas, también se manifestó el sábado. “Tengo 56 años, llevo 30 en la enseñanza y es un hachazo tras otro”, se quejaba. Ya perdió su otro trabajo como interino en un instituto. “No se trata solo de la música. Estas escuelas cumplen una función social, con chicos de 13 y 14 años que tocan un instrumento en lugar de estar en la calle”, afirmaba.

En casa de Estíbaliz Garrido la nueva matrícula también es inasumible. Además de sus dos hijas mayores —trató de conseguir plaza para la pequeña, pero las listas de espera son larguísimas—, ella también es alumna en la escuela de Vallecas. La mayor, de 8 años, iba a empezar con el contrabajo este curso. Ella toca la batería. “Mi marido es profesor de primaria y yo soy enfermera y estoy en paro. Mi casa es un compendio de todos los recortes posibles”, ironiza. Los alumnos recibieron en sus casas una carta del Ayuntamiento a finales de julio. Hablaba de una subida de tarifas. “Pensábamos que serían cinco o diez euros, pero no esto”, dice Alumnos, padres y profesores tienen previsto protestar de manera pacífica hoy a las cuatro de la tarde frente al Palacio de Cibeles con sus instrumentos musicales.

Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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