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Mas lanza el órdago del Estado catalán

El presidente de la Generalitat dice que tras 30 años de ayudar a España es el momento de destinar las energías a Cataluña

El Gobierno catalán inauguró este miércoles una nueva etapa y asumió la reivindicación independentista de la multitudinaria manifestación del martes, con motivo de la celebración de la Diada.  El presidente de la Generalitat, Artur Mas,lanzó un mensaje institucional inequívoco: ha llegado el momento de dotar a Cataluña de “estructuras de Estado”. Mas consideró truncada la esperanza de que España sea un Estado más “amable y respetuoso” con las aspiraciones del nacionalismo catalán. “El camino no da más de sí. España ya hizo su transición y ahora nos toca a a nosotros”, proclamó Mas relegando expresamente el pacto fiscal. “Nada será fácil, pero todo es posible si hay voluntad, grandes mayorías y capacidad de resistir”, recalcó.

En una solemne declaración en la galería gótica del Palau de la Generalitat, Mas intentó restar “dramatismo” al órdago que le estaba lanzando al Gobierno de Rajoy, alegando que es un proceso “normal” de una nación que tiene anhelo de libertad y que quiere progresar con un Estado propio. Pero la realidad es que hace un mes ni habría imaginado tener que pronunciar un discurso de ese calado. En la misma galería, el 9 de agosto, antes de empezar las vacaciones, Mas solo animó a reivindicar en esta Diada el pacto fiscal, aprobado en julio en el Parlament con los votos de Convergència i Unió, Esquerra e Iniciativa. Pero la abrumadora respuesta de la ciudadanía —estimulada desde su propio Ejecutivo— le ha desbordado por completo. Mas omitió en su declaración institucional el pacto fiscal que abordará con el presidente Mariano Rajoy dentro de una semana en La Moncloa.

En la víspera de la Diada, Mas centró su discurso en la conquista de la hacienda propia, si bien ya avisó que la “plenitud nacional” estaba más cerca que nunca. Luego, horas antes de la manifestación, lanzó en inglés el ultimátum de que sin la financiación se abría la puerta a la independencia, y este miércoles subió un nuevo peldaño soberanista en favor del Estado propio. El  secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, le invitó a despejar el dilema: si quiere el diálogo para quedarse o para pedir el divorcio. Fue un mensaje parecido al que le envió la presidenta del Partido Popular en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, eclipsada en este nuevo escenario, que avisó a Mas de que “se ha acabado jugar a dos bandas”. Siempre en el terreno de la ambigüedad, Mas no lo vio incompatible: sostuvo que el pacto fiscal, que calificó de urgente, solo es una etapa y recalcó que la única duda es que si no lo consigue puede “acelerar el proceso” [de la independencia]. Eso sí: tampoco aclaró si incluiría ese horizonte en su programa electoral al alegar que él siempre habla de transición nacional.

El momento es tan extraordinariamente complejo que el propio presidente catalán reconoció que hay muchas preguntas que en este momento no tienen respuesta, aunque deslizó que ni España ni la Unión Europea lo pondrán fácil. La posible hoja de ruta es impredecible porque el Gobierno catalán no está para ninguna alegría: su tesorería está asfixiada y pendiente de que el Ministerio de Hacienda le transfiera 5.023 millones de euros para hacer frente a sus obligaciones financieras. Con 62 diputados de 135 (la mayoría son 68), el Ejecutivo catalán vislumbra problemas para aprobar sus presupuestos.

Hasta ahora, el PP catalán ha sido el garante de Mas al permitirle aprobar dos años las cuentas. Pero ahora mismo, a no ser que Rajoy ordene lo contrario, se inclina por retirarle el apoyo. Y en el lado opuesto, Esquerra, que se ha postulado como socio, avisa de que o se convoca ya el referéndum o no votará a favor. En esta tesitura, otra hipótesis es que el Gobierno prorrogue los presupuestos y convoque, de forma anticipada, las elecciones para capitalizar el éxito de la movilización del 11 de septiembre. “Todo el mundo tiene en la cabeza que puede haber un adelanto electoral”, confesó Mas. El escenario no se empezará a despejar hasta la entrevista del próximo día 20 en La Moncloa, aunque el presidente catalán subrayó que la manifestación no cambia mucho el guion: “Le diré [a Rajoy] que no me escuche solo a mí, a CiU o a los partidos. Que escuche a la gente y hasta ahora lo ha hecho poco sin enfadarse a las primeras de cambio”. “Y que busque soluciones, si es que las tiene”. Tras esa cita, el Parlament celebrará el debate de política general que dibujará el paisaje.

La marcha independentista ha superado al Gobierno, pero también a los partidos. El conflicto está servido dentro de la federación de Convergència y Unió. Los democristianos nunca han sido secesionistas y se han visto superados por los planes de sus socios. El dilema que planteó Rubalcaba lo podría suscribir el propio Josep Antoni Duran Lleida. Cuando el líder de Unió argumentó que no quería manifestarse —al final lo hizo—, tachó de “antagónico” exigir a la par el pacto fiscal y la independencia. “Es una estrategia errónea: una cosa es para quedarse en España y otra para irse”. No tiene una situación mejor el PSC, que ha ido dando tumbos para tachar primero la manifestación de “excluyente” y reconocer luego la explosión soberanista. O la situación de Esquerra: ha reivindicado toda su historia la secesión y no ha tenido protagonismo en el proceso. La manifestación, a juicio de Mas, destiló un mensaje cargado de “ilusión y civismo”: “No era gente enfadada, hostil o maleducada. No iban en contra de nadie”.