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Los campos de Lleida ‘rezan’ al cielo

Los payeses temen perder la mitad de la cosecha de almendras y aceitunas

Los agricultores de Lleida están viviendo este verano uno de sus peores momentos. La meteorología de los últimos meses, primero en forma de pedrisco y, ahora, en ola de calor, se ha puesto en su contra. Sus previsiones nos no son nada esperanzadoras: el sector oleícola y el de la fruta seca temen perder el 50% del aceite en zonas de secano y el 40% de los almendros. Las altas temperaturas que se registran desde hace una semana en la zona de poniente están arrasando estos árboles, incapaces de resistir tanto tiempo sin precipitaciones.

En el caso de los almendros, el calor puede haber acabado ya con el 10% o el 15% de la plantación. A principio de verano, los payeses preveían una cosecha relativamente buena, pero ahora ya no. “Contábamos con producir unas 7.000 toneladas de almendra, pero no llegaremos a las 2.000”, detalló ayer el responsable de Unió de Pagesos en Garrigues, Ramon Bonet.

Los payeses se amparan ahora a las alentadoras previsiones para este fin de semana que anuncian descenso térmico de 10 grados en la zona oriental. “Para que la almendra concluya su proceso debería llover un poco. Así se separaría el fruto de la cáscara; si no, se convierte en una almendra fallida”, dijo Bonet. La recolección de este fruto seco empieza en una semana, siete días de margen para que el cielo dé algún respiro.

Las tormentas han echado a perder el 70% de la producción de peras y manzanas, que ya no se comercializarán

La ola de calor dejará secuelas peores en los olivos: ya se teme que la producción se verá reducida a la mitad. Muchos agricultores han perdido la esperanza y dicen que no recogerán sus cosechas. El presidente de la cooperativa Sant Fortunat de Castelldans, Agustí Bonas, comentó que algunos campesinos han optado por la solución opuesta: “Muchos han lanzado al suelo casi todas las olivas para intentar salvarlas”. Este es el segundo año de pérdidas de aceitunas por falta de lluvia.

El sector de la pera y la manzana tampoco lo tiene mejor: la asociación empresarial Afrucat estima que esta será la cosecha más corta de fruta dulce de los últimos 20 años tras las tres tormentas de granizo que en el último mes y medio han devastado los campos frutales. “El fuerte viento y la gran cantidad de agua caída en poco rato, y no tanto el granizo, causaron los peores daños”, apuntó el responsable de fruta de Unió de Pagesos, Raül Sales.

Las tormentas afectaron a 30.000 hectáreas del Segrià, Noguera, Pla d’Urgell y Urgell. El 70% de la producción no se comercializará. La aseguradora agrícola Agroseguro ha valorado en 50 millones de euros —30 más de los previstos— los daños. Es la cifra más elevada de su historia en Lleida, que concentra casi la mitad de la producción agraria catalana y es una de las agriculturas más importantes de España. Las condiciones meteorológicas de estos meses ya han afectado a los árboles más jóvenes, lo que hipoteca la actividad futura y perjudicará a la industria agroalimentaria de la zona y al conjunto de la economía catalana.