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“El arquitecto estrella comunica mal la arquitectura”

Sergio Magalhães logra el FAD City to City por “habilitar” ‘favelas’ en Rio

El arquitecto brasileño Sergio Magalhães, el pasado lunes, en la sede del FAD.
El arquitecto brasileño Sergio Magalhães, el pasado lunes, en la sede del FAD.

El arquitecto brasileño Sergio Magalhães ha recibido esta semana en Barcelona el tercer premio FAD City to City por su proyecto de rehabilitación de favelas en Rio de Janeiro, el programa Favela-Bairro, trabajo que desarrolló entre 1994 y 2000 pero que se mantiene en el tiempo. Magalhães, exsecretario de Vivienda de Rio de Janeiro, es un hombre de porte elegante, pausado. “¿Rehabilitación? No hacemos rehabilitación, hacemos habilitación. ¡Actuamos en sitios donde no había nada antes!”. Se trata de una labor que ha llegado a 219 favelas, lo que significa mejorar el entorno de un millón y medio de personas.

En una charla que va desde los aeropuertos al periodismo americano, pasando por Richard Sennett y Jean Nouvel, uno se da cuenta de la potencia del entrevistado. Habla del proyecto con el que se ha consagrado y mantiene que “la urbanización de favelas en Rio de Janeiro es fruto de una educación política de la sociedad, de los movimientos sociales que resistieron para que no les echaran de ahí”.

La arquitectura, defiende, es algo transformador aún: “lo que debe importar es la realidad, no el modelo. Y eso es complejo porque el arquitecto no debe tener una realidad establecida”.

Sobre su trabajo planean ciertos tintes políticos, y los confirma: “La democratización es llevar la democracia a territorios no integrados en la ciudad. En sus 100 años de existencia se ha ido diciendo que las favelas eran transitorias, que el progreso económico acabaría con ellas. El discurso oficial choca con la realidad. En 1937 en Rio de Janeiro se aprobó un decreto que prohibió marcar las favelas en los mapas, eso se cambió en 1994 cuando empezó nuestro proyecto”, revela.

¿Y en ese contexto, qué papel juegan los arquitectos estrella? Resopla y ataca: “Hoy tienen una imagen fuerte. Siempre ha habido arquitectos estrella pero han adquirido cada vez más protagonismo”. Magalhães añade que “Barcelona, por ejemplo, hay uno de los pensamientos más expresivos del mundo, con Oriol Bohigas como cabeza visible”, y este tipo de arquitecto estrella, defiende, no es pernicioso. Al contrario, y saca a relucir otro nombre: “Joan Busquets es un ejemplo de estrella que ilumina, de arquitecto”. No, no elude la pregunta: “el mundo vive una moda de arquitectura estrella, con su star-system, y yo soy crítico con eso por el sentido pedagógico que tiene, porque comunica mal lo que es la arquitectura, el espacio o la ciudad”.

Y sigue. “Cuando pienso en Dubai, paraíso de los arquitectos estrella, me viene a la cabeza ese cuadro de Andy Warhol con 30 Mona Lisa, un lienzo que critica la búsqueda individualista, el no pensar en el bien común”, remacha.

Inevitable: ¿cómo lleva la crisis la arquitectura? “Con mucho dinero se pueden hacer cosas muy malas”. Y a riesgo de parecer quisquilloso, expone: “No me ha gustado lo que he visto últimamente en Madrid, una inversión de dinero en contradicción con la ciudad y con su espíritu”. Es más, según Magalhães, “la gran imagen de Madrid son los anillos de carreteras y autopistas o el aeropuerto de Barajas, de escala desmesurada”. Y salen unos números como ejemplo: el área del aeropuerto de Barajas es de 51 kilómetros cuadrados, por los 12 kilómetros cuadrados del aeródromo de Heathrow o los 20 kilómetros cuadrados del aeropuerto de Atlanta, el que acoge más tráfico aéreo del mundo. O algo más curioso, la ciudad de París tiene un área de 104 kilómetros cuadrados. “Pero que nadie se enfade, son solo números”, zanja Magalhães con una pícara sonrisa.