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La huella del maestro de Lorca

Las Gabias recuerda a Antonio Rodríguez Espinosa, quien dio clase al poeta

Antonio Rodríguez Espinosa, con sus alumnos en 1899 o 1900. En el centro, con sombrero de paja, Federico García Lorca.
Antonio Rodríguez Espinosa, con sus alumnos en 1899 o 1900. En el centro, con sombrero de paja, Federico García Lorca.

En Gabia la Grande, un pueblo en la Vega de Granada, nació el 12 de agosto de 1876 un niño, hijo de los humildes zapateros del pueblo. Antonio Rodríguez Espinosa vino al mundo para remendar el calzado de sus vecinos, en su mayoría agricultores que trabajaban en las fincas de un puñado de terratenientes. Sin embargo, Antonio Rodríguez Espinosa llegó al siglo XIX andaluz con el gen despierto de la curiosidad. Atraído por los libros, se instruyó de forma autodidacta y se matriculó en la carrera de magisterio en la Universidad de Granada.

La historia de Rodríguez Espinosa habría sido la de un republicano más, un depurado más por el franquismo, que incluso lo borró de la carrera de maestro, de no ser porque uno de sus discípulos predilectos fue el poeta Federico García Lorca. Orgullosos de la influencia que Rodríguez Espinosa ejerció en el autor de Romancero gitano, los vecinos de Las Gabias (municipio al que pertenece Gabia la Grande) rinden estos días un cálido homenaje a su maestro, un hombre que prefirió las casualidades a la línea recta del destino y que ha permanecido en el pozo de la indiferencia hasta hoy.

“No puedo comprender cómo su importancia ha pasado tan desapercibida para los grandes biógrafos de García Lorca”, explica Fidel Villar Ribot, comisario de una exposición con los fondos del maestro que puede visitarse durante toda la semana en la Casa García Benavente y Pisa de Las Gabias. Además, hasta mañana viernes se celebrarán encuentros y conferencias con la presencia de autores como Juan Mata, Miguel Ángel del Arco Blanco y Andrés Soria Olmedo.

Encuentros, conferencias y una exposición dan forma al homenaje

Villar Ribot ha realizado una amplia investigación que culminará en un libro que reconstruye la vida de Rodríguez Espinosa. “Fue uno de los pioneros en la educación de adultos y además una persona decisiva en la educación de García Lorca”, explica Villar. En 1895, Rodríguez Espinosa fue destinado en Fuente Vaqueros, donde entabló amistad con la familia de Federico a partir de Doña Vicenta, madre del poeta. En 1903, tuvo que abandonar el pueblo al serle concedida su plaza de maestro en Almería. Tres años después, los padres del poeta decidieron que su hijo partiera con Rodríguez Espinosa para preparar el examen de ingreso en el bachiller. "Doña Vicenta era maestra de párvulos y no se sentía capacitada para preparar a su hijo. Sin embargo, los padres tenían plena confianza en Rodríguez Espinosa y le mandaron a Lorca”.

En Almería, el joven tomó sus primeras lecciones de solfeo y entró por primera vez en contacto con la poesía. “Rodríguez Espinosa era poeta y organizaba lecturas en su casa. Además no era extraño ver pasar por allí a Villaespesa. También tenía amistad con Antonio Machado y le gustaba leer poemas de Rubén Darío”, asegura Villar Ribot, para quien algunos de los poemas de Impresiones y paisajes, el primer libro de Federico, guardan mucha similitud con los manuscritos de su maestro que pueden verse en la muestra.

Los primeros poemas del escritor son muy similares a los de su profesor

Tras aprobar el examen de ingreso, García Lorca no permaneció en Almería a causa de un flemón que se le extendió a un ojo y que le obligó a regresar a Granada. “Tenían pensado que se quedara allí con don Antonio, a quien Lorca ya siempre llamó Tito, pero la enfermedad hizo perder un curso a Federico y frustró esa posibilidad”.

Años después, ya en Madrid, la casa de Rodríguez Espinosa sería siempre un cobijo familiar para el poeta, que acudía a ella para recibir el dinero que le enviaba su madre. “Lorca era muy derrochador, y doña Vicenta confiaba en el maestro para administrar el dinero que le enviaba. Por eso dos días antes de salir por última vez camino de Granada tuvo que ir a casa de don Antonio a por el dinero necesario para comprar un billete de tren”, explica Villar Ribot, que considera que la importancia del maestro republicano no se debe solo a su relación con el poeta.

“Es cierto que la música, el dibujo, la poesía y el teatro, todo eso que luego constituiría el riquísimo mundo artístico de Federico, lo aprendió el poeta de la mano del bueno de Don Antonio. Pero Rodríguez Espinosa fue mucho más que eso. Fue uno de los primeros maestros krausistas que implantó su pedagogía en Granada y como auténtico hombre humanista fue también poeta, articulista y teórico de la Escuela Nueva que la Institución de Libre Enseñanza desarrolló en nuestro país. Sin duda es un maestro más de aquella España, otra muestra de entrega y de dignidad humana”, concluye Villar Ribot.