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Un crimen en la impunidad

La muerte de una pareja de novios que conmocionó a Jaén en 1992 prescribe sin culpable

Reconstrucción judicial del crimen de los novios de Jaén en abril de 1993.
Reconstrucción judicial del crimen de los novios de Jaén en abril de 1993. EFE

Caía la tarde de un lunes 8 de junio de 1992. Un pastor encontró en un paraje de olivos a las afueras de Jaén un vehículo que le causó extrañeza. Se acercó a él y observó, con horror, el cuerpo sin vida de un joven con indescriptibles daños en la cabeza. Al día siguiente, ya con la luz del día, los policías encontraron el cadáver de su novia, que había sido violada y a la que un disparo le había atravesado la nuca dejando un reguero de sangre junto a un olivo. Óscar Arroyo, de 21 años, y Ana María Torres, de 19, habían sido brutalmente asesinados dos días antes. El llamado crimen de los novios consternó a la sociedad jiennense, que queda ahora estupefacta al comprobar cómo este doble asesinato quedará impune para siempre tras cumplirse los 20 años con los que la ley establece su prescripción.

La investigación es uno de los grandes fiascos policiales y judiciales recientes

El hecho de que la policía no encontrara hasta el día siguiente el cadáver de Ana María (que apareció a apenas 200 metros de donde estaba el de su novio) ejemplifica a la perfección el cúmulo de despropósitos de una investigación que pasará a la historia como uno de los mayores fiascos policiales, y también judiciales, de la historia más reciente de este país. “¿Por qué se decide aplazar hasta el día siguiente la búsqueda de Ana María pese a los indicios de un rapto o de encontrarse en peligro? ¿Cómo es posible que apareciesen joyas de la víctima en el lugar del crimen un año después de cometerse?”, se pregunta el investigador y criminólogo Luis Miguel Sánchez Tostado en su libro Crónicas del crimen.

Dos hombres, Juan Domingo León y José Miguel Núñez, tío y sobrino, estuvieron casi dos años en prisión acusados del doble homicidio y de la violación de la joven. Pero los dos fueron absueltos hasta en dos ocasiones por falta de pruebas y declararon que habían sido utilizados como chivos expiatorios. Primero fue en enero de 1997, cuando la Audiencia Provincial de Jaén absolvió a los dos acusados, pues el único testigo de cargo era el de un vagabundo que incurrió en numerosas contradicciones. Pero tanto la Fiscalía como la acusación particular recurrieron en casación ante el Supremo por la invalidación de la prueba de las 60 horas de cintas grabadas a los dos acusados durante su estancia en la prisión de Jaén.

Los dos sospechosos del asesinato fueron absueltos por falta de pruebas

El Supremo anuló el juicio, lo que abría una puerta a la esperanza de los familiares de los jóvenes. En julio de 1999 se repitió la vista, ya con las cintas grabadas, aunque la mayoría se hacían inaudibles. “¿Es que la policía no reparó en la calidad del sonido que estaban grabando durante los 20 días que intervinieron las conversaciones en la prisión?”, vuelve a criticar Sánchez Tostado. También se criticó la tardanza de la cátedra de Medicina Legal de Granada en enviar las muestras de ADN en las que, según la acusación, se inculpaba a uno de los acusados.

Así las cosas, el tribunal volvió a ratificar la sentencia absolutoria ante la estupefacción de los familiares y de la acusación particular, que cargó contra la inactividad de la policía y del cúmulo de errores. En total, fueron nueve años de instrucción y un sumario de más de 1.600 páginas, y más de una decena de comisarios de policía que han intentado, con más pena que gloria, desentrañar el enigma de la muerte de los novios de Jaén.