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La ‘herida’ del gasoducto inacabado

Industria frena la conducción y deja una zanja de 88 kilómetros de largo entre Martorell y Figueres

Las obras de construcción del gaseoducto.
Las obras de construcción del gaseoducto.

Una gran zanja de 88 kilómetros recorre, como una gran herida abierta, el corazón de Cataluña. Cuestionado por los ecologistas y defendido con ahínco por la Generalitat, el gasoducto Martorell-Figueres sigue su curso, aunque no llegará al destino previsto. Las obras se detendrán en Hostalric (Selva), tras atravesar bosques y ríos en el Vallès, por determinación del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que ha decidido aplazar sin fecha el segundo tramo de la conducción. Se aleja así el doble objetivo de reforzar el suministro de gas en Cataluña y potenciar el papel de España como país de tránsito del gas procedente del Magreb. El gasoducto debía llegar a Figueres y continuar posteriormente hasta Francia, pero el país vecino no acometerá el proyecto por falta de demanda comercial.

La decisión de suspender el tramo norte del gasoducto, que enlazaría Hostalric con Avinyonet de Puigventòs (Alt Empordà) la comunicó Entesa per Sabadell, formación que ha participado de forma activa en las campañas contra el impacto ecológico del proyecto. El Ministerio de Industria se lo anunció por carta en marzo, después de que Francia, que ha decidido priorizar las dos conexiones con España ya existentes por País Vasco y Navarra, anunciase que renunciaba a construir su parte del gasoducto desde Barbairan (Languedoc-Rosellón) a la frontera. “El gasoducto está pensado para llevar gas hacia Europa, no para el suministro interno”, argumenta Virginia Domínguez, concejal de Entesa. “¿Qué sentido tiene afectar tanto el territorio si no se hace el tramo norte?”, continúa.

El proyecto Midcat nació para potenciar las interconexiones del mercado del gas en la Unión Europea y reducir la dependencia con respecto a Rusia. Lo lograría al ampliar la capacidad de transporte del gas procedente del Norte de África, para el que España es una entrada natural. Para la Generalitat, el proyecto significaba una oportunidad para reforzar el suministro del área metropolitana de Barcelona y de la provincia de Girona, donde la red sufre cierta saturación. Enagás, la empresa promotora, invertiría alrededor de 170 millones de euros (87 para el tramo sur). “Siempre ha habido interés en convertir España en un hub del gas”, explica Mariano Marzo, profesor de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona (UB).

El tramo sur del gasoducto, que transcurre por el Vallès hasta Hostalric, tiene una longitud de 88 kilómetros. El tubo que transporta el gas a casi un metro de profundidad mide 92 centímetros de diámetro, pero la obra exige desbrozar la vegetación para una pista de entre 21 y 29 metros de ancho, según la declaración de impacto ambiental. El trazado propuesto por Enagás, la empresa promotora, resultó polémico desde un principio. “Cuando el proyecto salió a información pública en 2008, defendimos que el gasoducto en el Vallès debía ir paralelo a la AP-7 para minimizar la cicatriz”, explica Toni Altaió, de la entidad ecologista Adenc.

Con algunos cambios menores, Enagás mantuvo el trazado inicial que sigue el eje del futuro Cuarto Cinturón del Vallès. La compañía mantiene que el otro trazado no era técnicamente viable. “Siempre aprovechamos los corredores existentes, pero en este caso no era posible”, afirma Mar Vilches, portavoz de la empresa, encargada de la gestión de todo el sistema gasista en España.

Según Adenc, Enagás ha incumplido requerimientos de la declaración de impacto ambiental. “El cruce por los ríos principales debe hacerse cuando el caudal sea menor, pero no han esperado al verano”, dice Altaió. “El proyecto está muy mal redactado y no tiene en cuenta la orografía de la zona”. Enagás desmiente las acusaciones y mantiene que las exigencias medioambientales se cumplen “a rajatabla”.

El mayor reproche de las entidades es que el gasoducto está sobredimensionado. “Alguien debería explicar muy bien por qué esta obra se ejecuta con un diseño pensado con otro objetivo”, afirma Altaió. El Ministerio de Industria, sin embargo, no renuncia a la construcción del segundo tramo en un futuro. “Tenemos mucho interés porque apostamos por las interconexiones con Europa”, aclara el ministerio. El segundo tramo, sin embargo, queda pendiente de que Francia decida acometer el suyo. Moisès Jordi, coordinador del observatorio de proyectos y debates territoriales del Institut d’Estudis Catalans, dice que en el nuevo contexto la obra “no tiene mucha lógica”, pero una vez comenzada “tienen que terminarla”.

La Generalitat desmiente la afirmación. “Girona carece de una red de transporte de alta presión”, explica un portavoz del Departamento de Empresa. “Las redes de transporte secundario tienen una capacidad limitada y hay que reforzar la capacidad existente”, argumenta. El nuevo gasoducto, además, asegurará el suministro para el área metropolitana de Barcelona.