Guardianes de vidas

Ourense cuenta con una de las dos únicas unidades de prevención de suicidios de España Los datos científicos tumban los tópicos sobre sus causas

Ernesto Ferrer, Teresa Reijas, Amparo González y Estefanía Pumar, de la unidad de salud mental de Ourense. / N.G.
Ernesto Ferrer, Teresa Reijas, Amparo González y Estefanía Pumar, de la unidad de salud mental de Ourense. / N.G.

Hace unos días, una llamada a la central de telefónica de la Policía Local de Ourense alertaba de un intento de suicidio. Un hombre de mediana edad amenazaba con tirarse al río Miño desde un puente. Tras una conversación con especialistas, desistió. Suicidio, varón, cincuentena y Galicia. El suceso aglutina todas las singularidades para engordar aún más las estadísticas sobre suicidios. Y es que la comunidad ocupa los primeros puestos del ránking de toda España. Sigue siendo la primera causa no natural de fallecimiento, por encima de los accidentes de tráfico. Y también un cero a la izquierda en la mayoría de áreas sanitarias a pesar de su elevada incidencia.

¿Qué lleva a una persona a querer quitarse la vida?¿Cómo debe afrontarlo su entorno? ¿Por qué en Galicia más? Las preguntas se desbordan y a pesar de ello, en todo el Estado solo hay dos unidades médicas dedicadas a la prevención y tratamiento de las personas con intenciones suicidas. Una en Barcelona. La otra en Ourense.

La idea surgió en 2003 como un curso de formación para atención primaria. Posteriormente, con fondos de la Consellería de Sanidade, se creó un grupo de trabajo que originó el programa piloto que aplica esta unidad de intervención. Allí trabajan dos psiquiatras, un psicólogo y una enfermera. En octubre se incorporará otro psiquiatra. En su trabajo diario, tienen dos objetivos fundamentales: detectar precozmente el suicidio desde atención primaria y frenar su reincidencia. ¿Por qué a través de atención primaria? Según afirma el coordinador de la unidad, el doctor Ernesto Ferrer, “el 70% de los pacientes mayores que intenta quitarse la vida acude al médico de cabecera el mes anterior”. Trabajan con grupos de pacientes que derivan médicos de cabecera y con otro grupo de riesgo —formando fundamentalmente por personas que han intentado suicidarse— al que se le aplica un plan de psicoterapia “para que pueda buscar soluciones y luego lo apliquen a otras problemáticas de su vida”, explica Ferrer.

El hospital investiga la grafología de los suicidas con un programa informático

Tras un intento de suicidio, la mayoría de pacientes llegan al sistema de salud a través de servicios de urgencias. A partir de ese momento se activa un protocolo que busca disminuir los reintentos o evitar la hospitalización directa. El programa también actúa a través de la prevención, formando a médicos y diagnosticando posibles conductas suicidas. Ignacio Gómez Reino, jefe del servicio de psiquiatría del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO), insiste en que cuando forman a los médicos de familia, recomiendan preguntar directamente a los pacientes si tienen pensado matarse. “Hay miedo en la sociedad para hablar sobre este tema por si puede inducir más suicidios, pero es justo al contrario”, insiste Gómez. Esta forma de abordar el problema provoca un efecto de resguardo en el posible suicida porque “tiene a alguien enfrente que parece que le entiende”. Las familias juegan un papel destacado y deben preguntar si sospechan.

Uno de los aspectos más interesantes pasa por la autopsia psicológica, que desarrolla en el CHUO Alejandro García Caballero. Busca respuestas que clarifiquen las causas a través de entrevistas con familiares de personas que han consumado el suicidio. También se investiga la grafología de los suicidas a través de un programa informático que analiza rasgos comunes que permitan estipular un patrón. La autopsia psicológica tiene una doble vertiente: buscar las causas de la conducta y ayudar a desculpabilizar a los familiares.

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Ni la lluvia ni la luz empujan a quitarse la vida, sino el desarraigo social

El estudio en detalle sobre el suicidio rompe tópicos. Ni la lluvia, ni las horas de sol, ni ellos más que ellas. Los expertos que estudian estas conductas insisten en que ellas lo intentan más veces, pero ellos lo consiguen antes porque utilizan métodos más expeditivos. Aunque va por barrios. O más bien por continentes, ya que en Asia la estadística es a la inversa y son ellas las que se matan más. También niegan que la lluvia o la luz influyan en la elevada tasa de suicidios en la comunidad. Aunque no son datos científicos, ese porcentaje se atribuye a las peculiaridades sociales y demográficas: la dispersión, el envejecimiento o el desarraigo provocado por la emigración dificultaron la creación de redes sociales más tupidas. Esas redes intensifican las relaciones personales, que en las zonas rurales de Galicia hacen aguas.

Aunque se están ultimando los datos, el programa desarrollado en Ourense parece que funciona. Tras un año de seguimiento específico, solo un 9% de los pacientes con intentos de suicidio vuelven a tratar de quitarse la vida. El porcentaje crece hasta 20% en aquellos que recibieron tratamiento habitual en las consultas de salud mental. Los responsables insisten en que el programa debería crecer en su vertiente de atención primaria, impartiendo formación a los profesionales e incrementando el apoyo a los médicos. Actualmente están diseñando una intervención específica para pacientes reincidentes.

En la mayoría de planes de salud mental, la prevención del suicidio está estipulada como objetivo prioritario, pero no se le otorga la importancia que debería. Ni los recursos económicos necesarios a pesar de ser una intervención de poco coste.

Más muertes que en la carretera

Los datos estadísticos desvelan que la mayoría de suicidas son mayores y de sexo masculino. La gente que intenta matarse pero no lo consigue es más joven y de sexo femenino. Existen estadísticas de fallecimientos por suicidio, pero no de intentos. Se estima que en el área sanitaria de Ourense hay 500 intentos de suicidio al año, de los que unos 300 acuden a los servicios de urgencias. En Galicia la cifra crece hasta los 6.000 intentos y en España, 60.000.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 340 personas se suicidaron en Galicia en 2009. Los datos de 2010, todavía provisionales, revelan una caída hasta los 275 suicidios. La diferencia por sexos es abrumadora: 73 mujeres frente a 202 varones. Los más suicidas fueron los quincuagenarios y los septuagenarios. Los datos más recientes (2011) son del Instituto de Medicina Legal de Galicia: 45 personas se quitaron la vida en 2011 solo en Ourense. Más muertes que por accidentes de tráfico. Los suicidios se incrementaron en un 28% en esa provincia en la última década. Y es que Galicia tiene la media de suicidios por cada 100.000 habitantes, algo más de tres puntos por encima de la media española. Actualmente el Imelga promueve un estudio para buscar causas biológicas que expliquen la incidencia del suicidio en la comunidad. Aunque aún hay margen: la tasa es alta pero inferior a la media europea.

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