Memoria de un pueblo

Los vecinos de Aravaca contribuyen con sus imágenes a un archivo fotográfico del Ayuntamiento. El centro cultural escanea las fotos y las guarda con la ‘intrahistoria’ que relatan los dueños

Un vecino de Aravaca practicando tiro en 1967.
Un vecino de Aravaca practicando tiro en 1967.

Eduardo Alameda (1902-1976) no paró de hacer fotos desde los 15 años. Retrató así los veranos de Aravaca, donde su familia pasaba el verano. La primera imagen de sus álbumes que muestra la hija María José (Madrid, 1937), data de 1907 y fue tomada a las puertas de la que fuera casa de los Alameda, quizá por un fotógrafo profesional desplazado hasta allí para inmortalizar a toda la familia junta. Estas imágenes son las fotografías tomadas en Aravaca más antiguas de las que se dispone hasta ahora. Han sido recopiladas gracias a la iniciativa del Archivo fotográfico de Aravaca, promovido por el Ayuntamiento de Madrid, y financiado íntegramente por capital privado proveniente de Torre Espacio. Los vecinos de Aravaca podrán seguir contribuyendo a este archivo del consisteriohasta el próximo 4 de abril.

“Mi padre era muy aficionado a la fotografía. Lo recuerdo desde siempre con sus cámaras”, cuenta María José Alameda, que reside en Madrid, mientras enseña un álbum con fotografías desde 1917 hasta fínales de los años veinte. “Se ve que en verano era cuando más tiempo tenía para tomar fotos, porque la mayoría están hechas en Aravaca”. “No ganó ni una peseta con las fotografías, porque él trabajaba en la Unión y el Fénix”, aclara la mujer. “Revelaba él mismo su fotos, en un cuarto oscuro donde mi hermana y yo teníamos prohibida la entrada”. En las fotos de Alameda quedan retratados los miembros de su familia, sus amigos, las fiestas del distrito, las actuaciones teatrales con las que amenizaban los veranos, los encierros…

“Buscamos digitalizar estas imágenes, porque las fotos impresas se van borrando con el paso del tiempo, y así preservamos un legado para las generaciones futuras”, explica Álvaro Ballarín, concejal del distrito Moncloa Aravaca. “Queremos además, que cada vecino que aporta fotografías nos cuente la intrahistoria de las imágenes a nivel domestico”, añade.

Gabriela Llanos, periodista, es una de las encargadas de recorrer el distrito en busca de fotos y de historias. Cada imagen recogida es escaneada en el centro cultural, donde Mireya Hernández y Joana Sendra, se encargan de anexarle la historia correspondiente contada por su dueño. “Me sorprende mucho la calidad fotográfica que tienen las imágenes y lo bien conservadas que están”, dice la fotógrafa Joana Sendra mientras manipula con guantes de algodón el álbum iniciado hace casi un siglo por Eduardo Alameda. Los autores de las fotos que han reunido fueron en algunos casos los propios vecinos; en otros, los fotógrafos que los estudios de Madrid enviaban a celebraciones especiales, como las fiestas de septiembre, para hacer fotos que luego vendían a los vecinos.

Las primeras protestas vecinales de los años setenta también forman parte ya de este archivo. “Cuando llegué a Aravaca en 1976 con mi familia, no había ni bancos para sentarse, ni jardines, ni casi servicios públicos”, cuenta Juan Alegre Elvira, vecino de Aravaca. “El detonante [del movimiento vecinal] fueron unas madres que un día cortaron la avenida de Osa Mayor quejándose de que no había semáforos”, recuerda. “Se armó gorda porque por allí pasaba el príncipe Felipe con su escolta, camino del colegio, y claro, no pudo pasar. Fue el germen de la Asociación de Vecinos Osa Mayor”. Esa asociación editaba la revista El Eco. Alegre se dedicó a fotografiar con una cámara Yashica J7 todas las protestas vecinales. “No había ninguna connotación política. Queríamos un parque, y sin permiso del Ayuntamiento, nos poníamos en una zona con una excavadora a quitar las piedras y luego la ajardinábamos. Los propios vecinos lo regábamos. Luego, cuatro años más tarde, venía el alcalde Tierno Galván y lo inauguraba”, recuerda.

Estas imágenes conforman la memoria colectiva del municipio pero, más allá de la nostalgia, también tienen utilidad práctica: a principios de los noventa se presentó un plan para urbanizar el parque Corona Boreal. Los vecinos pusieron el grito en el cielo, porque esos terrenos habían sido siempre un espacio público. Las fotos que Eduardo Alameda había realizado durante las fiestas 80 años atrás, permitieron acreditar el uso continuado como lugar comunal, y el plan de urbanización fue desechado.

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