Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

“No es tan difícil ser leal al idioma, gobierne quien gobierne”

Valentín García, sucesor de Anxo Lorenzo en la Secretaría Xeral de Política Lingüística, aspira a encontrar el consenso

Valentín García, secretario general de Política Lingüística, durante la entrevista en la Xunta.
Valentín García, secretario general de Política Lingüística, durante la entrevista en la Xunta.

Valentín García (Silleda, 1970) ocupa desde hace unas semanas el lugar de Anxo Lorenzo al frente de la política lingüística de la Xunta. Ambos han tenido trayectorias paralelas. Tanto es así que el gobierno bipartito estuvo a punto de contar con ellos. Sea o no calculado, se expresan de modo muy distinto. García jura que volverá a ser “un lingüista a pie de obra” en cuanto termine este trance “político” y pronuncia a menudo una palabra que su colega utilizaba más bien poco: consenso. “No vamos a arreglar el problema del gallego en unos años”, confiesa, “pero soy muy paciente”.

Pregunta. El modelo lingüístico de este gobierno no lo han concebido ni usted ni su antecesor. Lo heredaron de una campaña electoral.

Respuesta. La política lingüística es política. Yo llego aquí con la idea de completar el programa de Anxo Lorenzo y buscar al mismo tiempo nuevos espacios de cohabitación lingüística.

P. A él lo han llamado traidor. ¿Se repetirá la historia?

R. Yo nunca traicionaría al idioma. Antes dejaría de ser lingüista. No es tan difícil ser leal al gallego, hay muchas cosas por hacer, gobierne quien gobierne.

“No estamos lejos del consenso, pero necesitamos tranquilidad”

P. ¿Qué piensa hacer para rebajar la confictividad?

R. Muchas cosas. En primer lugar, hablar con todo el mundo y tender la mano permanentemente. Al conflicto nos referimos siempre los que estamos implicados en la cuestión del idioma, pero a nivel social no existe. No es que no exista ahora, es que tampoco existía antes.

P. No es eso lo que decía el PP. Si no existía, ¿por qué era tan urgente cambiar de modelo?

R. Quizá tendríamos que hacernos otra pregunta: ¿había un modelo? El decreto del plurilingüismo es un decreto para la enseñanza. El proceso de dinamización y normalización es mucho más amplio. Fue polémico, es cierto, pero se está aplicando sin problemas. No tenemos expedientes abiertos.

P. No puede haber expedientes sin inspección. Cualquiera que haya pasado por el sistema educativo sabe que el incumplimiento de la normativa lingüística es y ha sido generalizado.

“No podemos permitirnos el lujo de comparar el Gaiás con cualquier cosa”

R. Mientras no tengamos evidencias en contra, se está cumpliendo. No podemos actuar de oficio como una policía política. El sistema educativo está funcionando con normalidad. No tenemos por qué rasgarnos las vestiduras si a un libro le falta una frase, eso se arregla con una nota a cada centro. En cualquier otra área de gobierno no pasaría de un breve, pero aquí ocupa titulares.

P. Lógico, teniendo en cuenta la centralidad del idioma en la vida y el ordenamiento jurídico.

R. ¿Tú crees que la lengua vehicular es tan importante en la vida de un ciudadano?

P. Pregúntele a un periodista que quiera ejercer su oficio en gallego y no pueda.

R. Para eso también estamos aquí. Queremos que los medios que están capacitados para sobrevivir económicamente a este tsunami utilicen más el gallego.

“No podemos actuar como una policía política en los centros”

P. ¿Cuáles son las diferencias entre su modelo y el del bipartito?

R. No demasiadas. El de este Gobierno implica darle entrada a un tercer idioma, el inglés, de forma seria, y eso no lo contemplaba el bipartito. Esa es la diferencia fundamental. En un horizonte no muy lejano habrá más idiomas en nuestro sistema educativo. La sociedad gallega, como todas las avanzadas, tendrá la necesidad de manejarse en varias lenguas con distintos índices de competencia. En un caso de lectoescritura, en otros casos oral...

P. ¿Qué lugar le correspondería al gallego en ese esquema?

R. Uno muy importante. Primero, porque es la lengua propia de Galicia y ese carácter no lo va a tener ninguna otra. Segundo, porque no estamos hablando de un idioma tan distante del castellano. Hoy en Galicia casi nadie tiene problemas para entender el gallego, y a veces me pregunto si es un éxito del sistema educativo o de la proximidad entre idiomas.

P. ¿No es precisamente esa cercanía lo que hace más difícil que se ganen hablantes?

“Pronto habrá más idiomas en el sistema educativo gallego”

R. No hay soluciones puras. La proximidad también tiene inconvenientes, hace que el hablante de castellano no vea la necesidad de usar el gallego. Yo te pediría que le dieses la vuelta: al ser dos lenguas próximas e intercomprensibles, el conflicto debería ser menor. El problema son los prejuicios en la calle y en los grupos que pueden tener interés en defender una postura u otra.

P. ¿Se refiere a los partidos?

R. A los partidos, a las plataformas, a todo el tejido asociativo, que está muy bien que exista, ojo. Tenemos que bajar la presión del gas para decir de una vez que no hay tanto problema.

P. Sería buena idea pasar por el Parlamento para pactar una política lingüística.

R. Evidentemente.

P. No se hizo con el decreto. ¿Es tarde?

R. Creo que no. No estamos tan lejos del consenso, pero antes necesitamos tranquilidad y pax lingüística.

P. Por primera vez hay un abismo entre la consideración de las distintas lenguas en el Estatuto de Autonomía y su traslado al sistema educativo. ¿Qué hay que cambiar: el decreto o el Estatuto?

R. No hay que llegar a tanto. La venerable comisión que redactó el Estatuto no podía pensar en un horizonte como este. Hoy cualquier ingeniero en Galicia tiene más posibilidades de ir a trabajar fuera y hay infinidad de publicaciones especializadas que están solo en inglés. En todo caso, el Estatuto da para esto y para mucho más. No podemos promocionar el gallego combatiendo otras lenguas, porque ya están aquí y llegarán otras. Nuestro objetivo tiene que ser ganar usos donde nunca los hubo, no lo olvidemos.

P. ¿Cómo se es consecuente con lo que el Estatuto llama “lengua propia”?

R. No podemos perder la perspectiva. El Estatuto hace referencia a la sociedad; el decreto, solo a la enseñanza. A la escuela le corresponden las aptitudes y las actitudes, el uso es de la sociedad. ¿De qué vale que un niño tenga los manuales en gallego si en la calle está todo en castellano?

P. Los recortes en política lingüística están siendo atroces, muy superiores a la media.

R. Los recortes se hacen de forma solidaria en todas las áreas.

P. A los equipos de normalización les han rebajado un 70%.

R. Esa convocatoria se produjo en una situación presupuestaria muy especial, espero que este año no sea así. En esta coyuntura económica puede pasar cualquier cosa. Los equipos de normalización saben que no es falta de apoyo. Creo que lo entienden.

P. Ayúdeme a entender esto: van a dedicar a un concierto en el Gaiás 100.000 euros más que a todas las ayudas para elaborar materiales didácticos en gallego.

R. Ya, la vieja controversia. El Gaiás es un proyecto muy ambicioso que hay que dotar de grandes fondos, no podemos permitirnos el lujo de compararlo con cualquier otra cosa.

P. ¿No será que el lujo es precisamente el Gaiás?

R. Creo que no. La Cidade da Cultura no fue pensada para esta coyuntura económica. Hay que darle tiempo. ¿Cuesta? Sí, también costó la catedral de Santiago.

P. ¿Normalización o dinamización lingüística?

R. A la hora de explicárselo a la sociedad, dinamización. Es un término mucho más amable. El de normalización es más técnico, y a nadie le gusta que le digan que es anormal. No es lo mismo llamar incapaz a alguien que decirle que tiene una discapacidad.

P. También se le llama flexibilidad laboral al despido libre.

R. Cierto, pero la finalidad es otra. La nuestra es positiva. A nadie puede molestarle que una Administración intente dinamizar algo. Una cosa es cómo se llama la fábrica y otra cómo se comercializa el producto. Inditex no tiene tiendas que se llamen Inditex.