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CRÍTICA LITERARIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Ferrater Mora, Zambrano, Barea: los exilios cabalgan

Las cartas entre José Ferrater Mora y María Zambrano o el retrato de Arturo Barea escrito por Coradino Vega dan a conocer cómo resucitaron estos autores expatriados a la vida intelectual y profesional

Maria Zambrano y  Jose Ferrater Mora
La escritora María Zambrano en una fotografía tomada en 1986 y José Ferrater Mora, filósofo catalán.DANIEL BLANCO (Efe) / Heritage I

Si el viajero una noche de invierno decidiese escribir un libro sobre el exilio español de 1939… lo dejaría correr a la mañana siguiente. Sería tan abrumador el tsunami de estudios, reediciones y monografías de los últimos veinte o treinta años que tras la primera búsqueda en Google desistiría por impotencia y saturación. Dicho de otra manera: ha costado mucho tiempo, quizá el tiempo generacional lento que llevan los estudios culturales, pero la cartografía del exilio disponible hoy es uno de los grandes logros de la historia cultural reciente en España (en sus distintas lenguas), aunque siga habiendo sonsonetes quejumbros aquí y allá. La paleta de colores se ha ampliado radicalmente para incorporar sin culpa la inagotable diversidad de experiencias de centenares de personajes —pintores, arquitectos, músicos, cineastas, periodistas, profesores, poetas, escritores— que vivieron con distinto ánimo, fortuna y aptitudes sus distintos exilios.

Nadie diría que podríamos oír a una María Zambrano chispeante, coqueta, sentimental, tristona, deprimida e hiperexcitada, sucesiva e intermitentemente, en los años cuarenta y cincuenta en su correspondencia cruzada con otro exiliado, José Ferrater Mora, pero es que el exilio propició vidas raras, vidas inventadas, vidas rotas y vidas fecundas como casi todas las vidas, sean o no hijas de una derrota militar sangrienta y criminal. Pero se conocieron en los primeros días de sus exilios en Cuba, y desde entonces se siguieron sin cesar (o cesaron las cartas poco después de la muerte de la mujer de Ferrater Mora, en 1962) para saber sus cosas, anunciarse ideas, compartir aprensiones o comentar con una gozosa complicidad sus respectivos libros, carencias y alegrías. Les dio tiempo hasta para asombrarse desde lejos de lo que pasaba en Cuba en 1959…

Las primeras 50 páginas del libro, obra del editor del epistolario, Miquel Osset, permiten conocer al detalle el modo en el que ambos resucitaron a la vida intelectual y profesional, o incluso a la vida sin más, recién llegados y cada uno a su manera. Zambrano buscó cobijo en conferencias, cursos universitarios y algún libro para recalar finalmente en Roma con su hermana y ya separada de su marido; Ferrater Mora se metió en un Diccionario de filosofía y algunos ensayos pero en seguida encontró en la colonia de catalanes de Chile un refugio transitorio hasta que lo acogió la mejor filología española (Américo Castro o Pedro Salinas) en tierras estadounidenses. Los dos encontraron tiempo para hablarse en largas cartas con una voluntad de comprensión que a menudo emociona por la transparencia con la que se juzgan, se orientan, se critican y se admiran: ella siempre algo más sentimental (muy poco), y él algo más solemne o envarado (muy poco), pero ambos con ráfagas trepidantes de entusiasmo por saber de los libros y afanes del otro. Conmociona leer a Ferrater Mora instando a su amiga a escribir en libertad y sin vigilancias, sin miedo a sí misma y a su discurrir interior (“ya no pienso en el libro, no sé qué será, no me preocupa ni la forma ni la estructura, ni la ‘forma de expresarlo”, “escribo para enterarme yo misma, para enterarme de lo que llevo dentro y que no se quiere seguir estando así ya más”). Y conmociona también escuchar a Zambrano prendida de su vieja fe de niña educada en la religión católica como descoloca que sepa tan de primera mano que la muerte de Ortega y Gasset en 1955 es inminente, apenas unos días antes, para descubrir encima que sus diferencias con el maestro las neutraliza la muerte: “Se me había olvidado que lo quería tanto”.

Arturo Barea, antes de dar inicio a una de sus charlas radiofónicas para la BBC, en una fotografía cedida por la editorial Renacimiento.
Arturo Barea, antes de dar inicio a una de sus charlas radiofónicas para la BBC, en una fotografía cedida por la editorial Renacimiento.Uli Rushby-Smith

Leer por fin a tantos de los exiliados mayores y menores en sus palabras directas, en cartas y diarios pulcramente editados, ha conseguido otra cosa aún: hacerlos parte de la experiencia inmediata y vivencial de quienes hoy vuelven a ellos con el genuino impulso del descubrimiento y la admiración literaria. A Coradino Vega, se le ha metido Arturo Barea y su exilio británico en la vida sentimental e intelectual de manera tan inextricable que el ensayo biográfico y reflexivo sobre el autor de La forja de un rebelde se trueca en ensayo de análisis sobre las relaciones de la Transición con el exilio y las carencias de ese rescate. No es extraño que la urgencia reivindicativa le asalte a cada paso cuando revisa y relee las páginas de esa trilogía, sus cuentos y el cerca de mil colaboraciones en la BBC para América Latina, todo editado con exquisito cuidado en los últimos años por diversos expertos. La infancia de Coradino Vega en un lugar tan singular (y tan bien contado) como Minas de Ríotinto (Huelva) parece favorecer un enfoque único para leer la extraterritorialidad o la marginalidad de Barea. El cuerpo no le ha pedido un estudio o una biografía convencional sino el relato a dos voces de su propia vida trenzada con la de un escritor que solo pudo ser escritor en las angustias y apremios del exilio, cerca de Londres, y tras conocer a Ilsa, la mujer que le daría la confianza y la seguridad para escribir a empujones de “español muy español” sus orígenes sociales pobres y su difícil prosperidad posterior. Que el relato se decante un tanto exageradamente por el elogio desatado del escritor no es un defecto del libro sino la condición de necesidad para que exista esta semblanza entreverada de autobiografía analítica. La intuición de “no sentirse partícipe de ningún grupo” está en su raíz, y en buena medida acabaría siendo esa la experiencia de los exiliados a lo largo de un tiempo largo tan imprevisible como interminable.

Portada de ‘Epistolario. 1944-1977′, de María Zambrano y José Ferrater Mora.

Epistolario. 1944-1977

María Zambrano y José Ferrater Mora
Edición de Miquel Osset
Renacimiento, 2023
183 páginas. 17 euros
Portada de ‘Arturo Barea. Retrato de un temperamento’, de Coradino Vega.

Arturo Barea. Retrato de un temperamento

Coradino Vega
Zut Ediciones, 2023
136 páginas. 14 euros

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Sobre la firma

Jordi Gracia
Es adjunto a la directora de EL PAÍS y codirector de 'TintaLibre'. Antes fue subdirector de Opinión. Llegó a la Redacción desde la vida apacible de la universidad, donde es catedrático de literatura. Pese a haber escrito sobre Javier Pradera, nada podía hacerle imaginar que la realidad real era así: ingobernable y adictiva.
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