‘Horda’, niños que dan miedo en un mundo sin palabras

Ricardo Menéndez Salmón dibuja un mundo distópico en el que la proscripción del uso del lenguaje y su sustitución por imágenes conlleva el exterminio de la alegría y la risa

Macacos en una jaula en una granja de monos, en 2016 en la provincia de Henan (China).
Macacos en una jaula en una granja de monos, en 2016 en la provincia de Henan (China).Kevin Frayer (Getty Images)

La imaginación catastrofista y distópica ha alimentado buena parte de los relatos literarios y audiovisuales contemporáneos. Desde Zamiátin, Huxley u Orwell hasta Margaret Atwood, William Gibson o los turbadores episodios de Black Mirror, la distopía ha operado agigantando en el espejo del futuro los rasgos desasosegantes del presente. Como una pesadilla, ha dado forma narrativa a las amenazas y los miedos de una sociedad en un momento dado, sea la disolución de la individualidad, la persecución de la libertad, la proscripción de la intimidad o, en fin, la deshumanización y esclavitud impuestos por el Estado o la tecnología. Ricardo Menéndez Salmón había abordado el género con óptimos resultados en El Sistema (2016), una alegoría compleja donde el Narrador, un funcionario del Sistema con vocación literaria, vigila la aparición de los Ajenos.

Ese mismo esquema lo reencontramos en Horda, el de un encargado de vigilar una granja de monos (Él) que, al descubrir la disidencia (una lectora), se rebela contra la mutilación de su condición humana (la prohibición de las palabras), si bien en esta novela la descripción del sistema de control y represión se reduce a los elementos mínimos para configurar un mundo esquemático. Los niños han tomado el poder y han proscrito el uso del lenguaje, oral o escrito, hartos de que los adultos corrompieran las palabras reduciéndolas a herramientas de engaño y manipulación. La proscripción de las palabras ha comportado el exterminio de la alegría y la risa. El habla y el júbilo han sido reemplazados por la presencia ubicua de las imágenes que proyecta Magma (metáfora del sistema de control omnímodo) en un flujo ininterrumpido a través de enormes pantallas, tanto en el espacio público como en los hogares. En la calle, niños clónicos, serios y severos, practican controles de experiencia mediante un dispositivo electrónico, el Tesauro, que detecta las desviaciones y las castiga con la desmemoria o con la ejecución instantánea. Privado del habla, el protagonista queda fascinado al encontrar una lectora que se revelará como una resistente secreta, aferrada al logos y a la risa, y ese encuentro casual activa la delgada peripecia de la novela en la que es imposible no vislumbrar la fantasía poshumana de El planeta de los simios.

La amenaza y el miedo a los que responde esta parábola no son los que inspira una cultura basada en la imagen y la tecnolatría —que también, por supuesto, y basta pensar en la atroz invención del Metaverso de Zuckerberg—, sino, ante todo, los que se derivan de la adulteración capciosa del lenguaje, de la mentira impúdica, del bastardeo y enfangamiento de los conceptos más nobles. Esto es, de cierto lenguaje político y mediático actual, violentado sin complejos y disociado de su significación y referentes legítimos. Menéndez Salmón lo resume en una imagen rotunda: “cerdos sacando lustre a la lámpara maravillosa”. Es inverosímil una sublevación infantil contra la depravación de la palabra, como lo es la imposición subsiguiente de un régimen de silencio, pero esta distopía siniestra, que no aspira a la verosimilitud, resulta plausible literariamente. Sin palabras no hay narración y sin narración no hay identidad ni memoria, pero sobre todo no hay alojamiento para la alegría (lo explica la lectora en el desahogo que ocupa el centro de la novela) ni vía para el conocimiento.

Con el tono solemne y elíptico que caracteriza al autor, bordeando la altisonancia y un lirismo no siempre atinado, Horda da en la diana del gravísimo problema de la artera tergiversación del lenguaje. La novela no ofrece perspectivas optimistas —ni es su tarea ni sería—, pero da que pensar y creo que eso, que no es frecuente, sí era propósito del autor.

portada 'Horda', RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN. EDITORIAL SEIX BARRAL

Horda

Autor: Ricardo Menéndez Salmón.


Editorial: Seix Barral, 2021.


Formato: tapa blanda (122 páginas, 17 euros) y e-book (9,99 euros).


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