EN POCAS PALABRAS

Rodrigo Muñoz Avia: “Leer a Heidegger me hizo entender que mi futuro no era la filosofía”

El escritor publica ‘La tienda de la felicidad’, una novela de humor en forma de correos electrónicos

Ilustración de Setanta.
Ilustración de Setanta.

Rodrigo Muñoz Avia (Madrid, 54 años) vuelve a la ficción con La tienda de la felicidad (Alfaguara), una novela en forma de correos electrónicos —spams incluidos— surgida de su humorístico desencuentro con Carrefour Online. Antes había dedicado a sus padres —los artistas Lucio Muñoz y Amalia Avia— el libro familiar La casa de los pintores.

¿Qué tres cosas que no pueden comprarse en una tienda son para usted garantía de felicidad?

La buena compañía, la buena soledad y un rato largo de escritura sin interrupciones.

¿Y que sí pueden comprarse?

Un libro, un bocadillo de calamares y una entrada para un concierto.

¿De qué trataba el mail más absurdo que ha recibido?

El spam es un género humorístico en sí mismo. Recibí un mail que anunciaba a bombo y platillo que “biólogos” australianos habían demostrado que a las mujeres sí que les importa el tamaño del pene. Por supuesto, lo usé en La tienda de la felicidad.

¿Y enviado?

El origen de mi novela está en los mails irónicos que mandé a Carrefour para que me llevaran las gambas congeladas que siempre me escamoteaban.

¿Cuál es su novela epistolar favorita?

La concesión del teléfono, de Andrea Camilleri. La recuerdo muy divertida.

¿Y novela de humor?

Hay novelas muy buenas con las que, entre otras cosas, me he reído mucho. Por ejemplo, Bella del señor, de Albert Cohen.

La suya es una familia de artistas, escritores y cineastas, ¿quién sacaba la basura?

El hecho de que no lo recuerde me hace pensar que yo, desde luego, no era.

¿Qué aprende un escritor viendo trabajar a una pintora y a un pintor?

Aprende la determinación y la convicción que hay que tener para crear.

¿Qué libro le hizo querer ser escritor?

Ser y tiempo, de Heidegger. Me hizo entender que mi futuro no estaba en los seminarios de filosofía.

¿Qué libro ajeno le habría gustado escribir?

Cualquiera de Alice Munro, por ejemplo, Secretos a voces. Tiene una mente prodigiosa. Es precisa, natural y cuenta como nadie la interioridad y el fluir de vidas enteras en unas pocas páginas.

¿Qué libro no pudo terminar?

Mi curiosidad profesional me lleva a acercarme a muchos más libros de los razonables, lo cual crea una tasa de abandonos bestial. Pero por citar un clásico, Moby Dick.

De no ser escritor le habría gustado ser...

Músico, sin duda, pero no tengo facultades para ello.

¿Cuál es la película que más veces ha visto?

Puede que alguna de Harry Potter, de Pixar o de Star Wars con mis hijos.

Si tuviese que usar una canción como autorretrato, ¿cuál sería?

Algo de mi adolescencia, animado y muy british. Por ejemplo, Going underground de The Jam.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

La fama. Puede llegar por muchas razones, pero no es un valor en sí mismo.

¿A quién le daría el próximo premio Cervantes?

Me sentiría bien dándoselo a alguien como Gustavo Martín Garzo.

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