Sexo, madres y mentiras

Josan Hatero vuelve a la novela con una ambiciosa historia de seducción cruel a la que le falta sutileza para funcionar

Estación Central de Berlín, en octubre pasado.
Estación Central de Berlín, en octubre pasado.Christoph Soeder / AFP / ContactoPhoto (EL PAÍS)

Josan Hatero (Barcelona, 1970) es un escritor que dio sus primeros pasos a finales de los noventa. Debutó con el volumen de cuentos Biografía de la huida (1996), al que siguió la novela El pájaro bajo la lengua (1999). Ha seguido combinando cuento y novela hasta hoy. Sus últimas prestaciones fueron mediante novelas juveniles a cuatro manos con Use Lahoz o como coguionista de la espléndida Las distancias, premiada en 2018 en el Festival de Málaga. Con La intimidad de los viajeros Hatero regresa a la novela sin sello de edad.

El arranque highsmitiano de la novela nos presenta a Yago Santos en Berlín. Un tipo que anda tras el anonimato del extranjero, habiendo puesto tierra por medio con su ciudad y su entorno, Barcelona, intentando —lo sabremos más tarde— escapar de su imagen en el espejo. A Yago le encantan las mujeres y el atajo hacia ellas, el sexo. Aparece en su vida un tal Carrington, quien le ofrece un sueldo mensual para que seduzca a Matilda, la enamore y luego la abandone. Ese arranque tiene algo de trampa para el lector, ya que ese planteamiento —pacto narrativo inverosímil que aceptamos— en este Valmont portátil no se presenta en sociedad hasta doscientas y pico páginas después. Es como si al autor le hubiera crecido un dietario diletante en medio de un cuento. El cuento queda resuelto con oficio y quedará a gustos la sofisticada perversión de su final. La cuestión es qué hacer con la novela anterior a éste. Novela que consiste en presentarnos a dos de los tres personajes: Yago y Carrington. La tercera parte, en la que se introduce a la mujer seducida, ya va paralela con el argumento del cuento y el plan urdido por Carrington.

Vamos hacia atrás en la biografía de los personajes masculinos, la niñez, los primeros amores, y les seguimos hasta el hoy. Los dos personajes se asemejan demasiado entre ellos, lo que ocasiona una sensación de fatiga, derivada también en que el metraje de película es excesivo. El álbum de fotos de las relaciones de Yago —y en menor medida el corruptor Carrington— con el sexo, con el deseo, con la seducción, con la crueldad de las rupturas es demasiado prolijo. No nos es necesario ver tantas veces lo mismo. Falta sutileza, en un estilo elástico que su autor opta porque sea eficaz y romo cuando quizás hubiera sido preferible brillante y más evocativo. Eso perjudica la loable ambición de Hatero: narrar el deseo, el sexo, la intimidad desde el ejercicio de la masculinidad. Gestiona muy bien alguna de las relaciones descritas —la de Beth, excelente, Emi o Violet— y su intento de no psicoanalizar a los personajes que hacen, seducen, follan, quieren, dejan sin abandonarse a la introspección. Y eso que la presencia de las madres en ambos protagonistas (y la ausencia de la misma en Matilda) es tan notoria y costumbrista que sorprende. Hay algo que nos muestra sin explicar Josan sobre Yago respecto a su madre y sus mujeres que hubiera sido interesante saber o especular, y la novela, quizás, se hubiera beneficiado de ello.

En La intimidad de los viajeros se baila con los sones de música canónica de los noventa y el acercamiento al rito presencial del ligue y al sexo satisfactorio. Todo ello es loable en su autor en tiempos de masculinidad interpelada. Intentarlo, salir vivo del envite. Bien sostenidas las escenas de pareja y ruptura y no tanto en algunos de los diálogos de seducción, esa novela crecida dentro del cuento es una excusa demasiado larga, en vuelo muy corto, que no nos permite reflejarnos en ningún personaje. No nos llega su curiosidad o su deseo. Tampoco su ansia depredadora, su frialdad, desamparo o dolor a pesar de la solvencia del escritor.

Portada de 'La intimidad de los viajeros', de Josan Hatero.

LA INTIMIDAD DE LOS VIAJEROS

Autor: Josan Hatero.


Editorial: Destino, 2021.


Formato: tapa blanda (328 páginas, 19,90 euros) y e-book (9,99 euros).



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