LIBROS / CRÍTICA DE 'SON MOLINOS, NO GIGANTES'

La verdad os hará libres

Irene Lozano, periodista y actual directora del Consejo Superior de Deportes, reafirma su credo liberal en un ensayo que critica el populismo en EE UU, el Reino Unido y Cataluña

Protestas de los partidarios de Donald Trumpo en el Capitolio (Whasington) durante el 6 de enero de 2021.
Protestas de los partidarios de Donald Trumpo en el Capitolio (Whasington) durante el 6 de enero de 2021.Leah Millis / REUTERS

“El Estado no es meramente una tribu, es una entidad jurídica”. Esta frase de Margaret Thatcher la utilizó Anne Applebaum para repudiar la pretensión del primer ministro húngaro de vincular su deriva autocrática con la revolución conservadora de Maggie. La cita es rescatada en el ensayo de Irene Lozano sobre la desinformación de las redes sociales como amenaza contra la democracia (Son molinos, no gigantes). Lozano es hoy presidenta del Consejo Superior de Deportes, después de haber ocupado la Secretaría de Estado de la España Global en el anterior Gobierno de Pedro Sánchez. Diputada a Cortes por Unión Progreso y Democracia (UPyD), abandonó dicho partido tras ser derrotada en su intento por liderarlo. En las elecciones de 2015 fue candidata al Congreso como independiente en la lista del PSOE y cooptada por Sánchez para el comité que ayudó a redactar su programa electoral. Su salto al Gobierno se produjo después de que ayudara al presidente a redactar su Manual de resistencia, una hagiografía de Sánchez escrita al alimón con él.

Es imposible acometer la lectura de su nuevo libro sin tener en cuenta estos precedentes y su gestión en las diversas misiones oficiales. Un ensayo político escrito por una política en activo, y en la primera o segunda línea de fuego, no puede interpretarse solo como una interpretación académica o un devaneo intelectual. Pero Lozano es además una buena lingüista y una periodista brillante y experimentada. Eso explica que cuando deja de tocar el piano a cuatro manos, como hizo con Sánchez, y se dedica a hacerlo en solitario, el resultado sea notablemente mejor, en fondo y forma, que el narcisista memorial de aquel. Aunque es posible reconocer un cierto desorden y hasta algún barullo en su manejo sobre las diferencias entre el razonamiento individual y el social, el texto constituye una vigorosa denuncia del populismo, y especialmente de lo que la autora considera “los tres casos de mayor éxito del populismo que estudiamos aquí: Estados Unidos, el Reino Unido y Cataluña. Como explica Steve Bannon (...) se trata de fragmentar la sociedad en sectores incomunicados con visiones opuestas, para reconstruirlos con una nueva visión”, es decir la causa de turno.

En un análisis pormenorizado de la obra de dos sociólogos de moda, Mercier y Sperber, a pesar de que olvida el inevitable precedente establecido por Michel Foucault, Lozano explica el uso de la vigilancia epistémica, o epistemológica, a la hora de desenmascarar las mentiras y la desinformación que fluye en las redes sociales. Conocedora de lo que habla, no se muestra muy optimista a la hora de reclamar medidas que eviten o cuando menos palien el desastre cognitivo en el que estamos inmersos. La fragmentación de las audiencias, “la multiplicación de medios y la atención empobrecida” de los usuarios impiden que estos descubran el significado de la realidad. Todo ello conduce a una falta de confianza de los gobernados en sus gobernantes, sin la que es imposible construir un consenso que permita que la sociedad funcione. La crisis de las elites es un obstáculo añadido, puesto que los ciudadanos necesitan “poder confiar en ciertas autoridades, y sería bueno que estas instituciones trabajaran por restablecer su prestigio social”.

La obra está plagada de citas y referencias bibliográficas de indiscutible interés, aunque junto a la ausencia ya mencionada de Foucault resalta también la de Pierre Bourdieu, padres de la sociología moderna mientras no se diga lo contrario. Sin embargo, lo más interesante del libro es la indiscutible reafirmación de Lozano en su pensamiento liberal, aunque hoy milite en un Gobierno contaminado y sostenido por el populismo que ella misma combate y por el nacionalismo que detesta.

Durante su época como responsable de promover la España Global peregrinó por medio mundo denunciando el procés independentista, cuyas acciones no dudó en calificar de ilegales, llegando a comparar confusamente la celebración del falso referéndum de autodeterminación con la violación, cuando la relación sexual no es consentida. Y al comentar la compleja actualidad francesa, de entre sus convicciones liberales resalta la defensa que hace de la independencia de los tres poderes del Estado, lo que evocará al lector las amenazas que al respecto se ciernen también en nuestro país. “Si eso se perdiera, y ante la despolitización total, se dan todos los elementos para la tormenta perfecta”. Al final de la obra nos ofrece la única receta para evitar que las actuales borrascas devengan en tempestades: buscar la verdad cueste lo que cueste, pues al defender la verdad protegeremos la democracia. Recomiendo vivamente la lectura de su libro a sus compañeros socialistas. Aunque esté escrito solo a dos manos.

Son molinos, no gigantes

Irene Lozano. Península, 2020. 240 páginas. 19,90 euros
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