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Bucha, la cruda realidad de la guerra en Ucrania

En febrero de 2022 las tropas rusas entraron en Bucha, primer ejemplo de la resistencia del pueblo ucranio, que lleva cuatro años plantando cara al invasor. Tras un mes de ocupación, Putin no llegó a Kiev, pero el precio fue alto: 500 vecinos asesinados. Unos 4.000 sobrevivieron escondidos, sin agua ni luz, con el horror en la calle

Santi Palacios

El infierno de Bucha sigue ardiendo más de cuatro años después. Mujeres como Alla y Victoria lloran aún los asesinatos de sus maridos. Otras, como Tetyana, pelean por el regreso de sus hijos del cautiverio en Siberia. Su sacrificio frenó la llegada del ejército del Kremlin al corazón de Kiev e impidió al presidente, Vladímir Putin, someter a Ucrania en tres días, como había vaticinado. Varios núcleos del cinturón de la capital hicieron de escudo ante la brutal ofensiva rusa.

Las tropas locales y la población aguantaron el empuje invasor durante un mes, aunque pagaron un precio elevado. Los sangrientos choques se sucedieron en Gostómel —que acoge el aeropuerto donde aterrizaron los rusos—, Borodianka, Irpin —cuyo puente volado por los ucranios cerró el paso a los tanques enemigos— o Bucha, que se llevó la peor parte. La Fiscalía General ha abierto más de 216.000 expedientes de posibles crímenes de guerra en Ucrania. Ejecuciones, torturas y violaciones que se investigan a paso lento.

.Cuatro años se ha tardado en esclarecer la muerte de Sergey Emelyanov, de 37 años, ingeniero en una compañía de telefonía móvil. Su cadáver, tirado en la calle bajo un plástico el 3 de abril de 2022, ilustró el primer reportaje que publicó EL PAÍS sobre el terreno de la matanza de Bucha. El pasado mes de marzo, este periódico hablaba con su familia y con los agentes que acababan de cerrar la investigación de su asesinato con una acusación en ausencia a tres soldados rusos, de 33, 25 y 19 años. “Sergey perdió la paciencia”, explicó por teléfono su mujer, que ahora vive en Noruega. Llevaban días encerrados en un sótano con una veintena de vecinos cuando él decidió salir a por combustible: “Le suplicamos que no fuera, pero se marchó y nunca regresó”. Por el camino, los soldados rusos le pegaron dos tiros, le robaron el teléfono y dejaron su cuerpo en un arcén. Su viuda decía esta primavera: “Espero que sus verdugos sean llevados ante los jueces. No es solo una cuestión de justicia personal, sino de justicia para todo el país”. En torno a medio millar de civiles murieron solo en Bucha, donde resistieron unas 4.000 personas de sus 35.000 habitantes.

El 27 de febrero de 2022, una columna de vehículos militares rusos penetró en la localidad desde la frontera bielorrusa. No disfrutaron de un paseo militar. La caravana acabó masacrada por drones. Vecinas como Larisa lo vivieron a escasos metros. Así lo relató para el periódico: “Eran las nueve de la mañana. Los tanques avanzaban y los rusos, confiados en su victoria, estaban sobre ellos. Mi hijo contó 72. Me dijo: ‘Levántate. ¡Se está empezando a liar!”. Entre los zambombazos y las llamas, la mujer comprobó horrorizada cómo aterrizaban en el fregadero de su cocina restos de los soldados rusos. Fuera de la casa, camiones cisterna, tanques y vehículos de transporte de tropas ardían en un infierno repentino.

Aquella escabechina sirvió para que los soldados ucranios entendieran que se podía impedir la toma de la vecina Kiev, donde el presidente, Volodímir Zelenski, se negaba a ser evacuado. El conflicto se extendió a otras localidades que circundan la capital y que, como Bucha, permanecieron tomadas por los invasores durante cinco semanas. La prensa, sin apenas acceso, observaba la batalla a lo lejos y recopilaba los testimonios de quienes lograban escapar. La cruda realidad emergió cuando los rusos fueron obligados a recular.

Recuerdo aquel primer paseo por el pueblo, acompañado por un reguero de cuerpos a la intemperie, como el del ingeniero Emelyanov. Nadie los había podido recoger. Hubo vecinos que los tuvieron delante de sus casas durante días. El asalto a Kiev había sido repelido, pero miles de ucranios pagaron con su vida el precio de esa relativa victoria. Gracias a Bucha, Kiev no acabó convertida en la Sarajevo del siglo XXI, pero el espanto sufrido durante la ocupación hace que su nombre siga resonando.

Durante estos años, también contamos estas historias:

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