Se buscan caficultores en Puerto Rico
Pese a los retos agroecológicos, varias iniciativas locales buscan que el café isleño sea reconocido por su excelencia, como lo fue históricamente

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Iris Rodríguez recuerda dormir sobre una cama de sacos que su abuelo le preparaba en el suelo cuando su familia procesaba café de madrugada en el tiempo de cosecha. “Esa es una de las memorias que me hizo sentir parte de algo y que era querida por mi familia”, rememora.
A través de su adolescencia, estuvo profundamente involucrada en el trabajo de la finca de su padre en Adjuntas, un pueblo pequeño en la cordillera central de Puerto Rico. Con el tiempo, regresó al campo a los 50 años para dedicarse plenamente a la finca familiar. Sin embargo, se percató de una necesidad que trascendía el uso del terreno: faltaba canalizar ayuda y representación para el sector caficultor.
Si bien la industria del café en la isla data del siglo XVIII, hoy enfrenta retos como la falta de mano de obra, la reducción de terrenos y el cambio climático, lo que dificulta la demanda local.
A pesar de ello, existen iniciativas que desde el territorio apuestan por reforzar el compromiso con el ecosistema cafetalero del país. Se trata de Procafé, Cafiesencia y Café Dos Caminos, tres proyectos que, desde el empresarismo, la educación y el desarrollo sostenible, buscan apoyar a los caficultores sin dejar de lado el valor emocional del café puertorriqueño.

La siembra de café en Puerto Rico se introdujo en 1736, convirtiéndose en una industria famosa por exportar café a Europa, incluyendo el Vaticano y la monarquía española. Pero lo que una vez se apodó como el “café de papas y reyes” comenzó a declinar en 1898 con la invasión estadounidense, los huracanes y la competencia global.
Décadas después, en el 2017, el huracán María devastó entre el 80 y el 85 % de las plantaciones de café. Ante la destrucción, Rodríguez, junto a Pedro Pons y Eric Torres, fundaron Productores de Café de Puerto Rico Inc. (Procafé), una organización con la misión de lograr volumen y productividad en la siembra para el desarrollo socioeconómico del caficultor, su familia y su comunidad.
En medio de las secuelas del huracán —como la falta de energía eléctrica y agua potable— la organización lanzó su primer proyecto. Gracias a donaciones de la Starbucks Foundation y Puerto Rico Coffee Roasters, Procafé distribuyó 750.000 árboles de café, insumos y un manual de siembra práctico para los caficultores. “Esto proporcionó esperanza en un momento crítico, permitiendo a las familias sembrar lo que podían manejar”, detalla Rodríguez.
Asimismo, existen otros espacios que apuestan por el futuro del cafetal, como Cafi Cultura Puertorriqueña Inc. (Cafiesencia), en el que Lisette Quiñones y un equipo de trabajo con más de 15 años de experiencia se dedican al servicio de comunidades rurales, agricultores, mujeres y jóvenes, por medio de prácticas ecológicas de conservación.

Bajo ese compromiso, crearon el Proyecto de Tecnología y Restauración en Fincas, un esfuerzo colaborativo con el Servicio Forestal que, con el uso de drones, logra analizar la salud del suelo, los cultivos y el paisaje agrícola. “Empezó enfocado en el café, pero ahora se extiende a todo tipo de fincas en Puerto Rico”, explica.
Una apuesta al producto local
A pesar de que la producción de café en la isla se ha visto en riesgo de desaparecer, hay quienes lo ven como una oportunidad para evocar el valor emocional de la tradición cafetalera en Puerto Rico.
Esa motivación llevó a Juan Feliciano y Anthony “Tony” Cáceres a crear Dos Caminos, una marca de café local desarrollada para representar la “taza puertorriqueña común”, buscando un punto medio entre la preferencia de los paladares.
Pero tanto Feliciano como Cáceres no provienen de familias caficultoras. Ambos se conocieron en 2022 a través de la industria de creadores de contenido en Puerto Rico. En ese momento, Feliciano era conocido por su pódcast “Café en Mano”, enfocado en entrevistas sobre salud mental, disciplina y empresarismo; Cáceres, por sus videos de comedia y preguntas en la calle para redes sociales.
Un año después, ambos vieron el potencial de la unión de sus talentos. La habilidad de Feliciano para las entrevistas y la de Cáceres para la comunicación masiva, creó una química natural y una oportunidad significativa para contar historias, no solo desde las plataformas sociales, sino también desde un nicho no explorado en la narrativa local: el café. “Estamos haciendo algo que, simplemente, entendemos que no se ha hecho antes”, explica Feliciano. “Se está contando una historia con el café que está conectado a la gente con la tradición en Puerto Rico”.

Aun así, comprendieron que no podrían transmitir el amor y conexión que sentían por la isla sin una persona que los guiara por la industria. En 2025, conocieron a Alfonso Pérez, un joven caficultor de 33 años —comparado con el promedio de 62 en Puerto Rico—, cuya pasión por el café les ayudó a entender las dificultades que conlleva sembrar desde y para el territorio. “Una de las cosas que Alfonso tiene de especial es su amor por Puerto Rico y su obsesión por seguir reconociendo que el producto de aquí siempre es mejor”, narra Cáceres.
Hoy día, a más de un mes de su lanzamiento oficial, la marca ha realizado diversos pop-ups alrededor de la isla que han recibido una respuesta positiva del público. “Queremos que la gente consuma café local, que la industria crezca y que el Gobierno apoye”, añade Cáceres.
A casi 10 años de la creación de Procafé, la visión de Rodríguez ahora se centra en traer obreros especializados de Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador a la isla para contrarrestar la falta de mano de obra local, exacerbada por el huracán María y la pandemia.
Para lograrlo, la organización, junto con el Departamento de Agricultura y los municipios de Las Marías y Maricao, busca acondicionar escuelas o instalaciones para albergar a los trabajadores extranjeros, diluir los costos del traslado y cumplir con las regulaciones federales —como la visa H-2A— para que la cosecha no se pierda. Pero a pesar de los esfuerzos de las organizaciones y marcas locales, Rodríguez enfatiza la necesidad de seguir visibilizando el trabajo arduo de los caficultores y los beneficios que revierte a la economía del país. “Hay que valorar el café de aquí, porque el trabajo y costo de nosotros es muy alto”.







































