Llevar educación y lectura a los lugares más marginados de Panamá
La ONG NiMu trabaja desde hace cinco años con proyectos pedagógicos para empoderar a poblaciones del Darién, la cárcel de Colón y el casco central de la capital


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Cuando Carolin Carson tenía nueve años, sus padres decidieron que harían un viaje juntos desde su hogar en la Ciudad de Panamá hasta la provincia de Darién, en el sur del país, de donde eran los abuelos de ambos lados de la familia. “Pensaba que íbamos a acampar en medio de la selva, no sabía nada de ese lugar ubicado a cinco horas de la capital”, relata. Aquella primera visita a Darién la puso de frente a las “grandes necesidades” que tenía el pueblo de su familia, donde no había servicios médicos de calidad y muchos niños y niñas estaban fuera del sistema educativo.
La madre de Carson fundó en aquel entonces una organización para enseñarles a leer y escribir a los menores de la localidad. Gracias a ese programa, que sigue en pie hoy, ella vivió desde niña en contacto con una realidad muy distinta a la suya en la capital panameña. Siguiendo los pasos de su madre —quien además acogió a dos niños darienitas que se convirtieron en hermanos de Carson—, la abogada de 25 años ahora dirige la ONG NiMu Panamá (de Niñez+Mujer), que fundó hace cinco años en Darién y en otras dos zonas con población en vulnerabilidad social: el casco histórico de la Ciudad de Panamá y el Centro Penitenciario Nueva Esperanza (provincia de Colón).

Los espacios de trabajo de NiMu son representativos de la paradoja panameña. Se trata del país que encabeza el PIB per cápita en América Latina, pero también se ubica entre los diez países del mundo con más desigualdad, según los datos más recientes del Banco Mundial. “Panamá consistentemente se posiciona como un país de extrema desigualdad y olvidamos que detrás de la data hay personas”, sentencia Carson por videollamada. “Somos casi cinco millones de panameños y si tú le preguntas a una persona en la ciudad qué piensa del Darién no te va a poder decir nada”. La abogada sostiene que la exclusión social en su país es una consecuencia de “la mala organización política, la corrupción y una agenda nacional que no ha puesto a las personas primero”.
Reinserción social
Para Carson, las consecuencias de la exclusión social se manifiestan transversalmente en Panamá. Pone como ejemplo a los menores de regiones alejadas como el Darién que, para perseguir una educación, tienen que viajar por horas en tierra y agua para llegar a la escuela. “Muchas veces la solución es que los mandan a vivir con un familiar en la ciudad, una abuela o tía. ¿Pero a qué zonas de la ciudad los están mandando? Pasan de ser niños o adolescentes en contextos rurales a vivir en escenarios de violencia urbana”, explica.

“Uno de los shocks más grandes para mí fue enterarme de que uno de los niños con los que yo compartí de pequeña en Darién fue asesinado producto de una bala perdida. Salir del seno familiar donde tienes el cuidado de tus padres no es lo mismo a que te acojan para que tú puedas ir a la escuela en una comunidad externa”, asevera.
Para dirigirse a la juventud excluida en el casco histórico de Ciudad de Panamá, NiMu y la Embajada de España desarrollaron el programa Mini Quijotes. “Tenemos un programa educativo que corre todo el año lectivo para niños de zonas cercanas al casco antiguo de Panamá, o sea, San Felipe, Santa Ana y Chorrillo, que son zonas que también tienen situaciones de vulnerabilidad y ahí proveemos atención y educación de calidad para los niños”, detalla Carson.
Con este programa, NiMu integra la educación a través del juego, como método para que sea atractiva. La mayoría de la población objetivo, según Carson, son niños con “necesidades educativas especiales”, una población que “representa otro vacío” en el sistema. Por esto, en NiMu también integran una escuela para madres, a la cual pueden ir acompañadas de sus hijos y donde reciben acompañamiento emocional a través de profesionales de psicología. Igualmente, tienen otras líneas dirigidas a menores de edad privados de libertad, con los que se enfocan en la educación sobre “herramientas para la vida” y en la reinserción social con habilidades para la búsqueda de trabajo.

La segunda rama de NiMu para atender a población carcelaria se enfoca en las mujeres privadas de libertad, de quienes Carson detalla que, “en su gran mayoría, han sido víctimas de algún tipo de violencia”. Este énfasis, dice, “tiene como norte el poder sanar experiencias de violencia que han vivido”. De hecho, la primera experiencia en esta materia culminó con una exposición en el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos, en Ciudad de Panamá, en el que las privadas de libertad expusieron obras de arte y escritos que salieron producto de talleres.
Red de apoyo
A NiMu actualmente la conforman una decena de personas trabajando activamente en la organización, todas de manera “completamente voluntaria”. La directora detalla que ocasionalmente remuneran “tareas muy específicas cuando el programa lo permite”. “No somos una fundación que recibe aportes económicos para su funcionamiento, sino que recibimos fondos específicamente para lograr sacar adelante algún programa”.
Carson explica que nunca han recibido fondos ni ninguna colaboración del Gobierno y que el patrocinador principal ha sido el Centro Cultural de España (una dependencia de la embajada), aunque también han recibido apoyos “de manera más puntual” de Reino Unido, Países Bajos y México. Además de las donaciones, desde NiMu han recaudado fondos por medio de actividades y venta de mercancía.

La abogada considera que uno de los grandes logros de NiMu es haber construido una red de apoyo con todas las mujeres que han pasado por la ONG, tanto las voluntarias como quienes integran los distintos programas. Ambos grupos “han tenido un crecimiento personal y emocional muy bonito y muy grande”, dice Carson, y enfatiza que la organización crea “esos lazos comunitarios profundos que tanto se necesitan”.
Las redes de apoyo, los programas educativos y la atención psicológica forman parte de un proceso integral en NiMu, y hay casos en que Carson ha podido ver cómo se juntan todos los elementos. Hace cuatro años, en el casco histórico atendieron a un niño para enseñarle a leer y escribir. El padre había sido asesinado “por temas de pandillas” y la madre estaba privada de libertad, por lo que al niño y a su hermano menor los cuidaba su abuela. Desde NiMu le dieron seguimiento a todo el núcleo familiar, con educación al niño y apoyo a la madre. Hoy este menor ya está cursando la secundaria y su madre, a quien la ONG asesoró para buscar trabajo, se encuentra fuera de prisión. “Ver que hay una reunificación familiar efectiva y que han podido de alguna manera sanar los traumas que venían arrastrando ha sido una gran motivación para seguir adelante y recordar por lo que trabajamos”, relata.
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