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La detección de ondas gravitacionales gana el premio Princesa de Asturias de Investigación

Los padres del experimento LIGO y los más de 1.000 científicos de 18 países que colaboran en él reciben el galardón dotado con 50.000 euros

Un científico observa una representación de las ondas gravitacionales durante la presentación del descubrimiento, el 11 de febrero pasado.

La detección de ondas gravitacionales ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2017. El galardón ha recaído conjuntamente en los estadounidenses Kip Thorne, Barry Barish y Rainer Weiss, padres del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en EEUU, y el grupo internacional de científicos vinculado al proyecto.

"El premio reconoce el talento individual y la obra colectiva de más de mil investigadores de un centenar de instituciones de dieciocho países", dice el acta del jurado. "La detección de ondas gravitacionales abre una nueva ventana para el estudio del universo que permitirá descubrir nuevos fenómenos y alcanzar regiones del espacio-tiempo no accesibles con las técnicas actuales", destaca.

Los físicos Rainer Weiss, Kip Thorne y Ronald Drever —fallecido en marzo de este año— fueron los que, en los años ochenta, propusieron la construcción de LIGO, señala el premio en una nota de prensa. Weiss sentó las bases tecnológicas de los interferómetros y Thorne formó un grupo de físicos teóricos que analizaron qué fenómenos podían producir estas ondas. La construcción y mejora del experimento llevó más de 20 años. Barry Barish dirigió el observatorio entre 1997 y 2006, e impulsó la fundación en 1997 de la Colaboración Científica LIGO, en la que se han integrado investigadores de universidades e instituciones de todo el mundo.

En 2016, los responsables de LIGO anunciaron la primera detección de ondas gravitacionales, predichas por Albert Einstein hace 100 años. De acuerdo conla teoría de la relatividad, las ondas gravitacionales son ondulaciones en el espacio tiempo, el material del que está hecho el universo, que viajan a la velocidad de la luz y que son producidas por agujeros negros, estrellas de neutrones o supernovas. Einstein dijo que estos fenómenos sucedían tan lejos que serían imposibles de captar en la Tierra. Sin embargo, desde septiembre de 2015, los dos detectores de LIGO han captado en tres ocasiones estas perturbaciones producidas por la fusión de agujeros negros. La última, anunciada el 1 de junio, se produjo hace 3.000 millones de años por el choque y posterior fusión de dos agujeros negros para crear uno solo con una masa equivalente a 49 estrellas como el Sol. Al fundirse, parte de la masa de los agujeros negros se desintegró en forma de ondas gravitacionales. Como predijo Einstein, estas ondulaciones son ínfimas al llegar a nuestro planeta, pero los interferómetros de láser de LIGO pueden detectar cambios de posición equivalentes a la diezmilésima parte del diámetro de un protón, lo que permite captar la señal original y determinar su origen.

"Es un placer ver cómo se reconoce este descubrimiento en diferentes partes del mundo, lo que le convierte en universal", comenta la argentina Gabriela González, astrónoma de la Universidad del Estado de Luisiana (EE UU) y portavoz de la colaboración LIGO hasta marzo. "Estas ondas son las únicas que nos permiten recibir señales directas de agujeros negros y gracias a ellas estamos viendo el lado oscuro del universo", resalta.

Para Alicia Sintes, de la Universidad de Islas Baleares, el hallazgo "supone el principio de una nueva era en astronomía". Esta investigadora lidera un equipo de 13 personas especializado en desarrollar modelos informáticos que permiten identificar las fuentes de las ondas gravitacionales. Es el único grupo de España que forma parte de la colaboración LIGO.

En 2016 la revista Science eligió este hallazgo como el descubrimiento del año. Sus responsables también son favoritos a ganar el Nobel de Física, quizás este mismo año. Esto reabre el debate sobre cómo reconocer la labor de las grandes colaboraciones de miles de científicos, ya que el premio solo lo pueden recibir tres personas. En 2013, los Príncipe de Asturias ya se adelantaron a la academia sueca al reconocer a Peter Higgs, Francois Englert y el CERN por descubrir el bosón de Higgs.

Los ganadores de este año han sido seleccionados entre 39 candidaturas presentadas por 17 países. El premio está dotado con 50.000 euros y una reproducción de una escultura de Joan Miró. Esta candidatura ha sido propuesta por Emilio Méndez Pérez, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1998.

El jurado del premio está integrado por Juan Luis Arsuaga,  Ignacio Cirac, Miguel Delibes de Castro, Luis Fernández-Vega, Cristina Garmendia, Álvaro Giménez-Cañete, Bernardo Hernández, Clara Menéndez, Salvador Moncada, Ginés Morata, Enrique Moreno, Teresa Rodrigo, Inés Rodríguez y Manuel Toharia.

En 2016 obtuvo el galardón el ingeniero mecánico y biofísico estadounidense Hugh Herr, conocido como el hombre biónico, por su contribución al desarrollo y diseño de extremidades y prótesis robóticas.

El acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias se celebrará, como es tradicional, en octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, en una ceremonia presidida por los reyes.

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