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Mitos de la mala alimentación

Circulan muchos datos en torno a alimentos como el aceite de palma, el gluten o el azúcar que no siempre responden a la realidad

Mercado de los miércoles en Ordizia (Guipuzkoa).
Mercado de los miércoles en Ordizia (Guipuzkoa).

Vivimos en un contexto alimentario en el que podemos escuchar una cosa y la contraria sobre temas de nutrición. Recientemente hemos padecido tres crisis informativas en las que hemos escuchado de todo: el azúcar, el aceite de palma y el gluten. Vamos a repasar qué hay de falso y qué de cierto en estos mitos:

¿Es peligroso seguir una dieta sin gluten?

Parece mentira que haga falta tener que desmentir estas afirmaciones. Seguir una dieta sin gluten no es peligroso, por dos argumentos de puro sentido común: si así fuera las personas celiacas estarían en riesgo constante por seguir este tipo de dieta; el trigo, la cebada y el centeno serían alimentos imprescindibles, y obviamente no lo son, son simplemente tres alimentos.

Las noticias que han invadido durante semanas los medios mostraban un mayor riesgo cardiovascular en aquellas personas que seguían una dieta sin gluten. Estos datos, lejos de demostrar la peligrosidad de esta pauta, lo que reflejan es una realidad de nuestros supermercados: que los productos etiquetados como “sin gluten” suelen ser de mala calidad nutricional.

Hablamos por tanto de que es inadecuado basar la alimentación en galletas sin gluten, salsas sin gluten, pasta sin gluten, panes sin gluten… El motivo es que una dieta sin gluten debe ser seguida a base de materias primas frescas: fruta, verdura, hortaliza, huevo, carne, legumbre, pescado, frutos secos… Esos son los alimentos que deben primar. El problema es que las personas a las que se les pauta esta dieta suelen no jugársela y acaban consumiendo antes un producto ultraprocesado que reza sin gluten que unas pobres lentejas a granel, en las que pone nada.

Lo que podemos sacar en claro de la moda sin gluten es que hay gente que sigue esta dieta de manera injustificada, sin ser personas que tengan una celiaquía diagnosticada o una sensibilidad al gluten o al trigo no celiaca. Es en esos casos se observan beneficios cuando se retira la dieta.

¿Es perjudicial el aceite de palma por ser una grasa saturada?

Ese es el menor de los problemas que tiene este tipo de aceite. Mucha gente sigue pensando que todas las grasas saturadas son perjudiciales para la salud, por su riesgo cardiovascular, pero eso no es cierto, depende de qué alimento hablemos. Podemos tener ejemplos de alimentos sanos, a pesar de tener grasa saturada como es el caso del coco o los yogures enteros sin azucarar, mientras que los embutidos o la bollería industrial serían alimentos malsanos. Importa mucho más cómo ha sido procesado ese alimento.

Particularmente, el aceite de palma se empieza a volver perjudicial para nuestra salud cuando se refina y se procesa: al someterlo a altas temperaturas aparecen sustancias como el glicidol o cloropropanoles que son tóxicas y agresivas para nuestro organismo. Por si fuera poco, es un aceite que además se suele añadir a productos ultraprocesados: precocinados, snacks, bollería industrial, galletas… Nunca nos vamos a encontrar aceite de palma en un gazpacho o una ensalada.

Es decir, si tomásemos aceite de palma virgen extra no sería tan malo para nuestra salud. Pero recomendar ese aceite en el contexto español es un sinsentido: además de ser insostenible por venir desde tan lejos, tenemos una opción mucho más saludable como el aceite de oliva virgen extra.

¿Es necesario el azúcar para el cerebro?

Este mito ha surgido con fuerza debido a la creciente sensibilización que vivimos sobre el alto consumo de azúcar libre en alimentos. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado a los Gobiernos y administraciones emprender acciones legislativas para controlar la invasión de productos azucarados que sufrimos.

Ante estas medidas, parte de la industria azucarera y de refrescos ha querido hacernos creer la conveniencia de este ingrediente, afirmando además que es necesario para nuestra salud.

Esto no es cierto, ¿de ser así qué habría hecho la humanidad durante toda su historia hasta refinar la caña de azúcar o la remolacha?

Uno de los combustibles que necesita nuestro cuerpo es la glucosa, pero este hidrato de carbono se puede incorporar de muchas formas a nuestro organismo. Concretamente, hacerlo a través de azúcar (sacarosa) u otros azúcares libres es la opción menos saludable.

Lo que deberíamos hacer es priorizar otros alimentos que sean fuentes de hidratos de carbono: cereales, legumbres, frutas, verduras, hortalizas o tubérculos. Por tanto no es necesario tomar ni refrescos, ni productos alimentarios azucarados.

Aitor Sánchez es nutricionista, tecnólogo alimentario e investigador. Ha publicado recientemente ‘Mi dieta cojea’

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