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¿Por qué Alcampo quiere retirar el aceite de palma de sus productos, si no es tóxico ni venenoso?

Llevamos 150 años tomándolo, pero ahora han saltado las alarmas. Estos son los pecados de la grasa más polémica, que varios supermercados se plantean eliminar

En 2015, la ONG SumOfUs publicó este vídeo sobre los efectos medioambientales del uso de aceite de palma por parte de Doritos. La empresa fabricante respondió asegurando que su aceite de palma era cien por cien sostenible. En cualquier caso, la pieza suma más de 3 millones de visitas en YouTube.

La cadena de supermercados Alcampo se prepara para eliminar el aceite de palma de todos los productos de su marca propia, según informa Cinco Días. La compañía está negociando posibles alternativas con sus proveedores para retirar de sus lineales este polémico ingrediente, criticado por su proceso de producción y alto contenido en grasas. Alcampo no ha hecho público el número de referencias que se verán afectadas por esta decisión. Otras cadenas, como Dia, Eroski o Mercadona, están estudiando emprender acciones parecidas. Estas son las razones del revuelo.

El pecado original de esta grasa es su composición, en la que predomina el ácido palmítico (45%), un ácido graso saturado cuyo consumo habitual “favorece el aumento del colesterol LDL (el malo), que se deposita en las arterias y lleva al desarrollo de la aterosclerosis (depósitos de grasa en las paredes de las arterias), y que a la larga puede provocar ictus e infartos”, detalla Petra Sanz, cardióloga de la Fundación Española del Corazón.

Este riesgo es un viejo conocido para los científicos y también para la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en un informe de 2003 sobre dieta, nutrición y prevención de enfermedades crónicas apuntaba al ácido palmítico –junto al mirístico– como el principal responsable del aumento del colesterol total. Y una investigación de la Universidad de Stanford (EE UU) encontró que por cada kilo más de consumo de aceite de palma por persona y año, aumenta un 68 por cien mil las muertes por enfermedad coronaria.

Un informe de la OMS de 2003, ya apuntaba al ácido palmítico –junto al mirístico, presente en la mantequilla y el aceite de coco–, como el principal responsable del colesterol total. A pesar de ello, representa casi el 40% de todo el aceite vegetal usado a nivel mundial

A pesar de la evidencia, su consumo crece como la espuma y su producción se ha triplicado entre los años 1999 y 2014, según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). “Representa casi el 40% de todo el aceite vegetal usado a nivel mundial”, destaca la organización, y se usa en alimentación (galletas, precocinados, chocolates, alimentos infantiles…), cosmética (jabones, cremas…) y combustibles (biodiésel).

Los cultivos de palma aceitera ganan terreno a los bosques tropicales. Las imágenes de Google Earth y Landsat ponen de manifiesto que en el sudeste asiático, el 45% de las plantaciones de palma están en áreas que eran bosques en 1989, y en América del Sur la pérdida tropical ha sido del 31%. Para avivar aún más la polémica que rodea a la palma, en enero saltaron las alarmas cuando la agencia Reuters lanzó una información en la que establecía una relación entre el aceite de palma (que materializó en la Nutella) y el cáncer. Esta conclusión se extrajo de un informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que considera tóxicos, y posiblemente cancerígenos, los derivados del glycidol, un compuesto que se origina a partir de ésteres gliciril de ácidos grasos procesados a más de 200º; a la que siguió el rifirrafe tuitero entre Samanta Villar y Hero Baby (la presentadora preguntó a la marca por qué introducía aceite de palma en sus productos de alimentación infantil), y la publicación en el Journal of Clinical Investigation de un trabajo alemán que ha encontrado que una sola dosis alta de aceite de palma es suficiente para dañar al metabolismo.

Sin obviar los potenciales riesgos del consumo de aceite de palma, numerosos expertos han lanzado mensajes matizando la alarma. Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y experta en seguridad alimentaria, destaca que ni las autoridades sanitarias europeas ni la FDA americana ni la OMS han prohibido el aceite de palma, y la farmacéutica Marián García explica en su blog que el ácido palmítico se encuentra naturalmente en la leche materna, de ahí que lo tengan las leches maternizadas, aunque su origen es diferente y sus propiedades también. El investigador Rafael Garcés, del Instituto de la Grasa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), insiste en las recomendaciones de las autoridades sanitarias para evitar el consumo de ácidos grasos saturados como el palmítico, “pero eso no quiere decir que el aceite de palma sea tóxico o venenoso. Simplemente, a largo plazo, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiocirculatorias”.

La cardióloga Sanz admite que es muy difícil suprimir el aceite de palma de nuestra alimentación: “Basta con leer las etiquetas nutricionales, y se encuentra en muchos productos de uso habitual”, como galletas o pan tostado. “En pequeñas cantidades, y en personas sanas sin factores de riesgo cardiovascular (colesterol elevado, hipertensión, diabetes, etcétera) probablemente no tendrá un impacto importante”, opina. “Una persona sana no va a sufrir un infarto por comer todos los días tres galletas, porque la obstrucción de una arteria depende de más cosas que el colesterol (por ejemplo, fumar). Ahora bien, las grasas saturadas están absolutamente prohibidas en personas que han sufrido un infarto, una angina de pecho o un ictus”. Su recomendación en estos casos es “pan normal, y si es integral mejor”.

El aceite de palma ha ido ganando terreno en nuestras despensas desde que se conocieron los peligros de otras grasas. “Primero dijimos que las grasas animales son malas, y es verdad, y se sustituyeron por ácidos grasos ‘trans’, que son aún peores”, relata Garcés. Y llegó la palma, que tampoco es 100% saludable. “La ventaja con la que juega está en que es barata, tecnológicamente se usa bien y es grata al paladar. Además, algunas industrias tienen plantaciones”, un poderío al que es difícil enfrentarse, admiten los expertos. Con todo, puede haber opciones más saludables al aceite de palma convencional. “Tenemos que competir con otro ácido graso saturado y que no sea tan dañino”, indica el investigador del CSIC. “Un candidato sería el ácido esteárico, que se encuentra en la manteca de cacao y no afecta a los niveles de colesterol. Pero es cara y no hay suficiente producción”. En el Instituto de la Grasa se ha desarrollado “un aceite de girasol alto en esteárico y oleico, pero sale más caro que la palma”, revela Garcés, para quien la industria es la llave para abaratar precios de alternativas más saludables. “En nuestra sociedad, el problema no es alimentarnos, sino hacerlo bien”.

Los cultivos de palma aceitera ganan terreno a los bosques tropicales. En el sudeste asiático, el 45% de las plantaciones están en áreas que eran bosques en 1989, y en América del Sur la pérdida tropical ha sido del 31%

Felipe Ruano, presidente de la Asociación Española de la Industria de Panadería, Bollería y Pastelería (ASEMAC), que aglutina al 80% de las empresas del sector de masas congeladas, asegura: “No utilizamos directamente aceite de palma, aunque existirá alguna traza en margarinas. La mantequilla es la grasa estrella [además del de girasol, oliva y maíz]”. Ruano destaca que no hay prohibición ni restricción legal para el empleo de aceite de palma, pero subraya: “Según el Anexo 7 del Reglamento de Información al Consumidor 1169/2011, la etiqueta debe identificar los tipos específicos de aceites vegetales que se utilicen, por ejemplo, aceite vegetal (girasol, palma y colza) en proporciones variables”. Las cosas están así, pero la asociación está abierta a cambios, según su presidente, que asegura que “los proveedores se adaptan con facilidad a las necesidades de los consumidores y de las normativas”.

Ascensión Marcos, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética, recuerda, por su parte, que “en España y en los países del sur de Europa, el aceite de oliva sigue siendo la estrella. La mayor parte de los estudios sobre el aceite de palma se han llevado a cabo en Asia o Sudáfrica, pero muy pocos en Europa”.

No todo el ácido palmítico es el demonio

¿Algún aspecto positivo? "Su posible papel protector ante el daño oxidativo típico de la diabetes, su efecto sobre la contracción y motilidad intestinal debido a sus compuestos fenólicos y, en personas sanas, no afecta a la secreción de insulina”, enumera Marcos.

Es, como se ha dicho, un componente importante de la leche materna. La farmacéutica García explica que representa el 25% de los lípidos de su composición. Y por eso es ingrediente de preparados para lactantes y alimentos infantiles. El truco está en que no todos son iguales: el que proviene de la leche materna es mayoritariamente beta-palmitato. El de los aceites vegetales es alfa-palmitato “y, para alimentación infantil, se sintetiza en laboratorio para conseguir la posición beta”. Según un estudio publicado en Nutrition Journal, este promueve funciones fisiológicas: influye positivamente en el metabolismo de los ácidos grasos, mejora la absorción de calcio, la calidad ósea y el desarrollo de la microbiota intestinal.

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