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La versión macabra del efecto mariposa

La muerte de 100.000 chinos al año por la contaminación que generan los productos que venden a Occidente plantea un dilema moral al ciudadano

Turistas en la plaza de Tiananmén, en Pekín, el 1 de diciembre de 2015.
Turistas en la plaza de Tiananmén, en Pekín, el 1 de diciembre de 2015.

Es como la versión macabra del efecto mariposa. Un consumidor compra un teléfono barato en el centro de Madrid y un niño chino respira unos contaminantes atmosféricos que acabarán dañando su salud y causándole una muerte prematura. Lee en Materia cómo la producción en territorio chino para alimentar el consumo de Europa y Estados Unidos causa la muerte de 100.000 ciudadanos chinos al año. Los contaminantes más preocupantes, entre los que genera este efecto de la deslocalización comercial, son las partículas PM2,5, las que tienen menos de 2,5 milésimas de milímetro y por tanto penetran hasta lo más hondo de los alveolos pulmonares, y de ahí a la sangre.

Los ciudadanos occidentales podemos tener mala conciencia por la desigualdad escandalosa que nos separa de los países en desarrollo, pero tenemos una acusada tendencia a culpar a otros: a nuestros gobiernos y a los de los demás, a una política internacional impotente, a las grandes corporaciones empresariales, a la globalización desregulada. Y una vez distribuidas las responsabilidades, nos apresuramos a la tienda a comprar el ordenador más barato o el juguete para el niño made in China. Es oportuno que los cálculos nos recuerden ahora que todos tenemos una responsabilidad individual en la muerte de los habitantes de aquel país. Aun cuando la retahíla anterior de culpables tenga una parte de verdad, los individuos no estamos exentos de responsabilidad.

¿Debemos dejar de comprar teléfonos chinos? No busquen la respuesta aquí: eso es algo que debe decidir libremente cada consumidor. Si las ventas en los países occidentales se vinieran abajo, el Gobierno chino se quejaría del boicot, pero al menos tendría una motivación para mejorar la regulación de sus industrias contaminantes. Si Occidente mantiene su nivel de compras, lo más probable es que todo siga en China como está. Decida cada cual. Eso sí, conociendo las cifras y sabiendo que la culpa no es solo de los demás.

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