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La NASA suspende la misión a Marte prevista para 2016

Un problema de sellado en un instrumento clave, desarrollado por Francia, impide el lanzamiento de la `Insight´ el próximo mes de marzo

La sonda espacial 'InSight', de la NASA, durante un ensayo de los paneles solares en los talleres de Lockheed-Martin, en Denver (EE.UU.)

La próxima misión que la NASA tenía previsto enviar a Marte, en marzo de 2016, ha sido cancelada debido al fallo registrado en uno de los instrumentos científicos y que no ha sido posible reparar a tiempo. Se trata de un sismómetro de alta precisión, aportado por la agencia espacial francesa CNES, cuya esfera de vacío tiene un problema de sellado. Los responsables de la NASA anunciaron ayer la decisión de suspender el lanzamiento de la sonda InSight, que habría llegado al suelo del planeta rojo a finales del próximo septiembre, según el plan inicialmente previsto. El objetivo de la misión, que gestiona el prestigioso Jet Propulsion Laboratory (JPL, en California) es tomar el pulso de Marte, es decir, estudiar su actividad interna. Los instrumentos de la misión han sido desarrollados, fundamentalmente, en Francia y en Alemania.

El viaje de esa sonda espacial estaba planeado para la próxima oportunidad de viaje al planeta vecino, por lo que tenía que partir entre el 4 y el 30 de marzo de 2016. Las oportunidades favorables, cuando las posiciones relativas de Marte y la Tierra son tales que el viaje exige una menor energía, se dan solo durante unas pocas semanas cada 26 meses aproximadamente, por lo que la suspensión ahora de InSight aplaza su partida, como mínimo, hasta 2018, aunque los responsables de la NASA no han descartado una cancelación definitiva del proyecto. Hasta ahora la agencia espacial estadounidense había aprovechado todas las denominadas ventanas de lanzamiento a Marte desde que retomo la exploración intensiva de ese planeta en 1997, exceptuando la de 2008, cuando se pospuso la partida del ya célebre vehículo Curiosity hasta 2011.

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Ilustración de la sonda espacial `InSight´ en el suelo de Marte.

“Los equipos del JPL y del CNES han hecho un esfuerzo heroico para preparar el instrumento de InSight, pero se han quedado sin margen de tiempo, dada la mecánica celeste, para un lanzamiento a Marte. Es más importante hacer las cosas bien que asumir un riesgo inaceptable”, declaró ayer Charles Elachi, director del JPL. Por su parte, Marc Pircher, director del centro espacial del CNES en Toulouse, recalcó la complejidad de dicho detector, denominado SEIS: “Es la primera vez que se construye un instrumento así de tal sensibilidad; hemos estado muy cerca de lograrlo, pero se ha producido una anomalía que requiere más investigación. Nuestros equipos encontrarán una solución para arreglarlo, pero no será a tiempo para el lanzamiento en 2016”.

El SEIS es un sismómetro de alta sensibilidad diseñado para medir movimientos del suelo tan minúsculos como el diámetro de un átomo, explica la NASA. Está formado por tres sensores que van dentro de una esfera de vacío sellada capaz de resistir las duras condiciones de Marte. El problema está precisamente en una fuga de ese sellado, un fallo que ya se había detectado hace unos meses y que parecía solventado hasta que volvió a surgir el pasado lunes al someter el equipo a unas pruebas de temperaturas extremas (45 grados centígrados bajo cero).

El otro instrumento principal de la misión es una aportación de la agencia espacial alemana DLR. Se denomina HP3 y su función es medir el flujo interno de calor de Marte y sus propiedades físicas. Para ello tiene que desplegar una sonda cinco metros en el subsuelo del planeta.

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Montaje de la sonda espacial `InSight, en el escudo protector de descenso al suelo de Marte.

InSight es una misión espacial claramente heredera de la Phoenix, también de la NASA, que aterrizó cerca del Polo Norte marciano en 2007 para estudiar los hielos allí. Pero, en este caso, incorpora los instrumentos de geofísica europeos. La sonda ha sido construida por la empresa Lockheed-Martin y el plan es que funcione al menos dos años en el planeta vecino tomando datos esenciales sobre su interior. El presupuesto de la misión asciende a 675 millones de dólares (unos 618 millones de euros) incluidos el desarrollo, la construcción, el lanzamiento y la operación, de los que se han desembolsado ya 525 millones de dólares (480 millones de euros). La sonda llegó el pasado 16 de diciembre a la base de Vandenberg (California), desde donde iba a ser lanzada el próximo 18 de marzo con un cohete Atlas V; tras la decisión de suspensión de ayer, se llevará de nuevo a las instalaciones de Lockheed en Denver (Colorado, EE UU).

“En 2008, tomamos una decisión difícil, pero correcta, de posponer dos años el lanzamiento de al Mars Science Laboratory [Curiosity] para asegurar su éxito”, recordó ayer Jim Green, director de la división de Ciencias Planetarias de la NASA. “El éxito del Curiosity ha superado con creces el disgusto por aquel retraso”.

Hasta ahora, las misiones en Marte se han centrado en la investigación de la superficie del planeta examinando su relieve, sus volcanes, las rocas y el suelo, pero no se ha intentado nunca estudiar su evolución inicial y sus constituyentes (núcleo, manto y corteza), lo que exige centrarse en su interior, explica la NASA. El conocimiento que se logre de dicha estructura interna será también muy útil para desvelar los procesos de formación y evolución de los planetas rocosos, como la Tierra; Marte es un laboratorio idóneo porque, al ser un cuerpo menos activo que el nuestro, ha debido conservar la firma de rasgos primitivos durante 4.000 millones de años.

“El conocimiento de la estructura interna de Marte ha sido un objetivo prioritario para los científicos planetarios desde la época de las [dos sondas] Viking”, recalcó ayer John Grunsfeld, director adjunto de la NASA para misiones científicas. “Extendemos las fronteras de la tecnología espacial con nuestras misiones para permitir hacer ciencia, pero la exploración espacial es implacable y la línea de partida es que no estamos listos para el lanzamiento en la ventana de 2016”, añadió. “En los próximos meses se tomará una decisión sobre el camino a seguir ahora, pero una cosa está clara: la NASA sigue absolutamente comprometida con el descubrimiento científico y la exploración de Marte”, dijo Grunsfeld.

La NASA recordó ayer en un comunicado que, además de operar las varias misiones activas ahora en el planeta rojo, sigue trabajando en su próximo vehículo de superficie, el heredero del Curiosity, cuyo lanzamiento está previsto para 2020. También colabora en la misión ExoMars de la Agencia Europea del Espacio (ESA), cuya sonda orbital debe partir el año que viene y para la que la agencia espacial estadounidense proporcionará asistencia de telecomunicaciones. En cuanto a la segunda parte de ExoMars, un vehículo de superficie que se lanzará en 2018, la NASA aporta un instrumento de astrobiología.

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