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"En Japón, hasta las bolsas de basura se anudan con arte"

La arquitecta Anupama Kundoo cree en la belleza como una herramienta para acabar con la miseria. Es la autora del famoso hogar para niños sin casa Volontariat, en India

Anupama Kundoo.

Como si de bizcochos se tratara, la arquitecta de origen indio Anupama Kundoo también hornea a fuego lento algunas de las casas que construye. Utiliza una técnica poco frecuente. En 1983 el artista Ray Meeker se encontró un manuscrito en Auroville, una población a 10 kilómetros del municipio de Puducherry, India. Escrito en farsi, revelaba el procedimiento para construir in situ una casa de barro, un método que había sido desarrollado por el arquitecto iraní Nader Khalili. Así está construido el hogar para niños sin casa Volontariat en Pondichery, uno de los experimentos más inusuales y radicales de Kundoo.

Con carbón y arcilla, sin necesidad de madera, se hace un fuego dentro de una estructura abovedada levantada de barro que funciona como un horno y que será el propio muro de la vivienda. Durante tres o cuatro días se somete la estructura a 960º hasta conseguir que la casa quede resistente. En el interior se cuecen además ladrillos y azulejos que se utilizarán para completar la construcción. Un proyecto social que se caracteriza, como todas las obras de Kundoo, por su enfoque en la investigación de materiales y la experimentación hacia una arquitectura de bajo impacto ambiental, que se ajuste al contexto socioeconómico y sea sostenible en todos sus aspectos: socialmente comprometida, artesanal y atendiendo al contexto, es decir, arquitectura de ‘kilómetro 0’.

Los años clave de Anupama Kundoo

  • 1967 Nace en Pune, India. Actualmente vive en Madrid.
  • Con 23 años fundó su estudio de arquitectura en Auroville, al sur de India. Sus soluciones baratas y bellas pronto le dieron fama internacional.
  • Ha sido reconocida como Arquitecto del año y Arquitecto del Futuro en India en los años 1999, 2000, 2001 y 2013.
  • 2008 Se doctoró en arquitecturapor la Technische Universitätde Berlín.
  • 2012 Participó en la XIII Bienal de Arquitectura de Venecia con una reproducción a escala real de su casa ‘Wall House’, un ejemplo de creatividad, armonía y bajo coste.
  • Ha sido profesora enla Architectural Association de Londres y la Parsons de Nueva York, la University of Queensland en Brisbane y la Università luav di Venezia, entre otras.
  • 2014 Colaboró en el proyecto ‘Unbound. Library of Lost Books’, en Barcelona, parte del circuito de arquitectura efímera en la calle BCN RE.SET.
  • 2015 Hoy imparte clases en la Escuela Superior de Arquitectura y Tecnología de la Universidad Camilo JoséCela de Madrid.

Anupama, profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Camilo José Cela, participará en el evento El futuro de las ciudades que se celebrará en Madrid el 23 de septiembre y en Mentes Brillantes (15 y 16 de octubre, Madrid), ambos eventos organizados por El Ser Creativo.

¿Qué es para usted la arquitectura?

Diseñar espacios para habitar, en el sentido más amplio. Al igual que las abejas y las hormigas, los seres humanos necesitan protegerse del clima y un lugar donde realizar sus actividades. Así que para mí la arquitectura es una profesión muy básica, para proveer de refugio a las personas. Vivimos en un mundo donde la gente está aburrida, necesita siempre cosas nuevas y solo mira la superficie de los objetos, el color, la forma... Creo que el reto del diseño arquitectónico es crear espacios donde no hay nada. El espacio, que es más importante que los materiales, puede crear un estado de ánimo, una sensación de armonía. Influye en el comportamiento. Si vives en un espacio respetuoso, actuarás de manera respetuosa. Tiene ese poder y la

arquitectura debería fomentar y estimular la buena vida. Construimos edificios, pero en realidad se construye vida.

Lleva más de 20 años dedicada a la arquitectura, ¿cómo ha evolucionado desde que montó su estudio?

Desde que empecé muchas cosas continúan siendo las mismas. Mi evolución viene más de las experiencias vitales, de los viajes que he hecho, de vivir en varios países. Puedo desarrollar los mismos ideales con más herramientas.

¿Y cuáles son esos ideales?

Cuando empecé a estudiar arquitectura percibí que podía contribuir a la sociedad. Nací y crecí en India, un país con pocos recursos y muchas dificultades. Eso ha marcado mi trabajo. Creo que mi profesión, como la de médico o economista, puede reducir los problemas de la gente. He tratado siempre de usar mi conocimiento y capacidad para imaginar un mundo mejor. No he perdido la esperanza y sé que puedo ayudar, tenemos una obligación. La arquitectura es una responsabilidad social.

¿Cómo tendría que ser la vivienda social?

Ni una segregación social ni algo para separar y alejar a los pobres. Es para toda la sociedad. Todo el mundo debería tener derecho a una casa y a instalaciones decentes, no debería ser solo el problema de la gente pobre. Estamos haciendo un estándar de casas muy caras. Necesitamos una profunda reflexión sobre la vivienda. En el congreso El Ser Creativo me gustaría hablar de todo esto, de la accesibilidad, que me interesa muchísimo. Si la vivienda no es para todos, no es aceptable.

Hábleme de los principales valores en su trabajo.

Para mí un buen diseño es invisible. No puedes explicar exactamente que es lo que lo hace bueno, lo sientes. Es como decir ‘la comida estaba increíble’, pero no por el perejil, la cúrcuma o el ajo, por todo… la síntesis es lo más importante. Uno de mis valores es pensar de una manera holística. La arquitectura es la ciencia o el arte que trata de la síntesis y la armonía de todas las cosas que la componen. Nuestros proyectos tienen que realizarse con todo el conocimiento del contexto social, político, económico y medioambiental. Solo así se podrán tomar las decisiones más adecuadas. Cuanto más informada, más valores reflejarás en tu trabajo. Vivimos en una sociedad con crisis económica y enormes problemas medioambientales y, sin embargo, muchos arquitectos huyen de esta realidad diseñando cosas superficiales sin tener en cuenta el contexto.

¿Ha rechazado clientes o proyectos por defender sus valores?

He rechazado algunos proyectos y hay clientes que me han rechazado. No hay que hacer cosas a la desesperada para no perder un cliente. Hasta ahora nunca he tenido que aceptar un trabajo que comprometiera mis valores o solo para conseguir dinero, ni siquiera cuando he tenido dificultades financieras. Cada cosa que uno hace crea un camino.

¿Qué es para usted la belleza?

Algo que trasciende lo banal, que tiene la capacidad de evocar una consciencia más alta. Y parte esencial de una buena vida. En los últimos años nos hemos estado comportando como si la belleza fuera algo superficial, así que incluso la gente se siente un poco culpable al hablar sobre la falta de belleza en los entornos. Pero la belleza es algo muy profundo, es elegancia, gracia, cultura... Tengo un amigo en Japón que me contó que allí hasta las bolsas de basura se anudan con cuidado, con arte. La belleza es consciencia.

¿Y cómo se puede aplicar esa belleza a la arquitectura?

Si los arquitectos creamos un tipo de belleza en sentido profundo, podemos ayudar a sacar a las personas de la miseria. Si estás en un espacio bello puedes sentirlo automáticamente. Es poderoso, te mueve, no puedes dejar de notarlo o que no te importe. La belleza atrae al espíritu.

¿Qué o quién le inspira?

Pensadores, artistas…mucha gente buena. Personas que tratan de buscar soluciones a la vivienda. Gente que refleja un estilo de vida con valores e integridad. Y me inspiro también cuando veo cosas que no me gustan, entonces mi imaginación se pone en marcha: ‘¿cómo podría cambiar esto?’ ‘¿qué puedo hacer yo?’

Su arquitectura se puede decir que es ‘hecha a mano’. Pero ¿cómo puede competir lo artesanal con lo industrial?

En España hay una gran tradición artesanal. Incluso en Madrid, donde ahora vivo, se puede comprar cerámica por cinco o seis euros. La primera razón por la que mi trabajo es hecho a mano es porque así es como funciona en mi país. Yo me siento más rica cuando las cosas las puedo hacer con las manos en vez de con una máquina. Si compro materiales estándar tengo que contentarme con lo que hay. He vivido mucho en el mundo occidental y, sin generalizar, el problema no es la industrialización, sino la sobreestandarización.

¿Qué papel juega la tecnología en su proceso constructivo?

Es solo una herramienta y lo peligroso es que nos convirtamos nosotros en una herramienta. Ahora hay programas de ordenador que dibujan geometría, calculadoras que resuelven todos los problemas… nuestras casas y teléfonos son cada vez más inteligentes, pero nosotros no. Estamos usando todas estas tecnologías de manera tan excesiva que ya no tenemos que hacer nada, y en el proceso la gente está perdiendo el conocimiento de hacer las cosas por sí mismos. Creo que esto no es progreso, es degeneración.

Se ha dedicado a la docencia durante muchos años en Nueva York, Londres... y ahora en Madrid. ¿Cómo entiende usted la educación?

Una cosa importante es aprender a aprender. El problema de la educación pasada de moda es que piensa que los estudiantes no son listos y hay que llenarles de contenido. Los profesores deberíamos ser facilitadores de la metodología de búsqueda y pensamiento. Y el contenido vendrá cuando el alumno empiece a cuestionarse. La educación viene con la curiosidad y si no la despertamos, no habrá nuevos descubrimientos.

Después de vivir en India, Alemania, Estados Unidos, Italia, Australia, ¿cómo ve España?

Me encanta Madrid, no me quiero mudar más. Soy muy feliz. Para mi España es un equilibrio entre trabajo y vida. La gente sabe cómo hacer placentera su vida, sabe buscar tiempo para estar con la familia y los amigos. Y, además, hace sol. Fuera se tiene una idea errónea, piensan que solo se disfruta y no se dan cuenta de lo mucho que se trabaja.

Entre sus proyectos, las clases, los viajes, las conferencias…, ¿Tiene algo de tiempo libre?

Tengo dos niños de 9 y 5 años, así que no dispongo de mucho. Cada año me planteo conseguir más, pero no tengo éxito. Antes de ser madre paraba de trabajar a las 5 de la tarde para tener un rato para la vida espontánea, no planificada. Me encanta no hacer nada, es entonces cuando las buenas ideas surgen.

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