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Medio ambiente

Un tercio de los españoles respira aire contaminado por encima de lo legal

Casi 17 millones de personas sufren una atmósfera que vulnera la ley de la UE

La población afectada alcanza el 95% si se consideran las recomendaciones de la OMS

La contaminación de los coches es responsable de muertes prematuras

Una semana después de que saliera a la luz el mapa del cáncer en España, mostrando grandes desigualdades por regiones, una nueva investigación denuncia que el 36% de la población, unos 16,8 millones de personas, respira aire contaminado por encima de los valores legales marcados por la Unión Europea.

El Informe Anual de Calidad del Aire, elaborado por la organización Ecologistas en Acción con datos de 2013, advierte de que si se tienen en cuenta las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, más estrictas, hasta el 95% de los ciudadanos en España, 44,8 millones, han estado expuestos a niveles de polución nocivos para la salud. El porcentaje está en línea con el último estudio sobre calidad del aire realizado por la Agencia Europea de Medio Ambiente, que calcula que alrededor del 90% de la población urbana de la UE “está expuesta a concentraciones de alguno de los contaminantes atmosféricos más perjudiciales que la OMS considera nocivas para la salud”.

El nuevo documento, con datos oficiales de 705 estaciones de control, señala que los contaminantes que más problemas generan son las partículas en suspensión en el aire, el dióxido de nitrógeno, el ozono troposférico y el dióxido de azufre. La combustión de carburantes fósiles en los coches, sobre todo los diésel, es una de las principales fuentes de contaminación en las ciudades, donde en los últimos años los epidemiólogos están detectando una sinergia entre la polución y el vicio de fumar que aumenta los casos de cáncer de pulmón, principalmente en las mujeres.

“Las autoridades sanitarias internacionales estiman en 20.000 los fallecimientos prematuros cada año” en España por afecciones relacionadas con la contaminación del aire, ha recordado esta mañana en la presentación del informe Miguel Ángel Ceballos, uno de los coordinadores del trabajo. La cifra, que multiplica por 12 las muertes en accidentes de tráfico, aparece en un documento de la Comisión Europea elaborado en 2005.

La Comisión Europea calculó 20.000 muertes prematuras cada año en España por culpa de la contaminación

El ozono troposférico, formado sobre todo en las zonas rurales a partir de la radiación del Sol sobre contaminantes del tráfico de las ciudades y de las chimeneas de las zonas industriales, “se está convirtiendo en el principal problema de salud pública relacionado con la contaminación del aire”, según Ceballos. Mientras los otros contaminantes analizados disminuyen ligeramente desde 2007 por la crisis económica, el ozono se mantiene o incluso aumenta. “Achacamos la subida a que el verano ha sido más caluroso que en años anteriores”, ha explicado el ecologista.

El ozono troposférico es responsable de enfermedades respiratorias y también afecta a las tierras arables, provocando pérdidas para los agricultores. En 2013, “la práctica totalidad de la población española respiró aire con concentraciones de ozono peligrosas para la salud”, según el informe de Ecologistas en Acción.

La reducción de las partículas en suspensión en el aire, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre se debe en parte a la crisis económica. El consumo de combustibles de automoción en 2013 fue un 24% inferior al de 2007, según ha destacado Mariano González, coautor del informe.

Ecologistas en Acción denuncia que “las administraciones públicas arriesgan la salud de la ciudadanía y el pago de una multa millonaria por vulneración de la ley”. La Comisión Europea, recuerdan, inició en enero de 2009 un procedimiento de infracción contra España por el incumplimiento de la normativa sobre calidad del aire que está a punto de llegar al Tribunal de Justicia Europeo. Los planes de mejora de la calidad del aire, responsabilidad de comunidades autónomas y ayuntamientos, son obligatorios según la ley vigente, pero, según critican los ecologistas, casi siempre son inefectivos o directamente no existen.

Al ozono troposférico se le da poca importancia porque afecta a zonas rurales y allí hay pocos votos

El investigador Xavier Querol, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (CSIC), no se extraña de los resultados del informe, similares a los de años anteriores. El experto ha publicado este año en la revista científica Science of the Total Environment un estudio que constata una bajada de alrededor del 30% de las partículas en suspensión PM10 en las zonas urbanas e industriales, entre 2001 y 2013. Las PM10, generadas por la industria, la construcción y el transporte, están compuestas por hollín y metales pesados, entre otras sustancias.

El trabajo de Querol también ha hallado una disminución de un 36% de las PM2,5, unas partículas más finas y por lo tanto más nocivas, al adentrarse más profundamente en los pulmones. Estas reducciones de contaminantes se deben, además de a la menor actividad industrial y al menor tráfico debidos a la crisis, a la entrada en vigor de diferentes directivas europeas de control de las emisiones de las grandes industrias y de los tubos de escape de los coches.

“Desde 2001 vemos una mejora de la calidad del aire muy marcada, pero el ozono es un problema que está estancado desde hace años y no tiende a mejorar”, detalla Querol. “La boina parda de contaminación que vemos en Madrid genera ozono en la sierra, a partir de la radiación solar. En un problema principalmente del sur de Europa, pero los países afectados no le dan la importancia que tiene, porque afecta a zonas rurales y allí hay pocos votos”, lamenta el investigador.

El informe de Ecologistas en Acción también destaca la detección, por primera vez, de benzopirenos, una sustancia cancerígena, por encima de los límites legales. El fenómeno ha aparecido en La Plana de Vic, en la provincia de Barcelona, y los autores del trabajo lo achacan a la quema de biomasa en la industria de la zona y, sobre todo, a que es uno de los pocos lugares que miden este contaminante. “Si se midiera en otros sitios, aparecerían resultados similares”, sentencia Querol.

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