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Un maestro a la caza de John Lennon

Un profesor que enseña inglés con las canciones de Los Beatles le pide un curioso encargo a John Lennon

David Trueba retoma en su nueva película los pasos de aquel esforzado educador

Juanjo (Francesc Colomer) y Belén (Natalia de Molina, junto a Antonio (Javier Cámara), el profesor protagonista de 'Vivir es fácil con los ojos cerrados'. Ampliar foto
Juanjo (Francesc Colomer) y Belén (Natalia de Molina, junto a Antonio (Javier Cámara), el profesor protagonista de 'Vivir es fácil con los ojos cerrados'.

Primera imagen: los 22 chavales de la clase recitan en voz alta junto al maestro de inglés una canción de los Beatles en un colegio de Albacete. Otra: tres personajes, un profesor de unos 40 años, una joven que acaba de llegar a la veintena y un chaval de 16, empujan un Seat 850 camino de la costa en una cuesta arriba de una carretera nacional. Otra más: el mismo profesor, subido al techo del coche, grita para llamar la atención de John Lennon, que pasa a toda velocidad dentro de un Rolls-Royce levantando a su paso la arena del desierto. David Trueba habla en un bar del centro de Madrid sobre su nueva película, Vivir es fácil con los ojos cerrados, que rodó el pasado mayo, competirá a finales de septiembre en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y se estrenará en salas el 31 de octubre. Y hoy es un tórrido día de agosto de 2013, pero para empezar a contar esta historia hay que remontarse a finales de 1966 y viajar a Almería, donde Lennon pasó su vigésimo sexto cumpleaños y empezó a escribir Strawberry fields forever, muy cerca de Palomares, el pueblo en el que unos meses antes dos aviones estadounidenses chocaron y perdieron cuatro bombas nucleares, en una España gris, pero sedienta de colores.

O no. Quizá podría arrancar mucho después, en 2009. Entonces Trueba se fijó en una matrícula colgada en la pared de la casa de un amigo: ALM-19-66. Inmediatamente recordó un artículo publicado en EL PAÍS en julio de 2006 que le había llamado la atención y que firmaba el mismo periodista que hoy escribe estas líneas. Era sobre Juan Carrión, un profesor de inglés de Cartagena que cuatro décadas antes había decidido salir en busca del mítico músico de Liverpool cuando se enteró de que estaba rodando una película en Almería: Cómo gané la guerra, de Richard Lester. No era un fanático enloquecido, sino un tipo práctico. Carrión enseñaba inglés utilizando las canciones de los Beatles; las escuchaba en Radio Luxemburgo y las transcribía en su cuaderno. Pero tenía un problema: no conseguía entender algunas palabras. “Si cogías sus canciones justo cuando estaban siendo un éxito, el interés de los alumnos era tremendo. Cuando pasaban de moda, ya no servían”, contaba Carrión en aquel artículo de 2006. Así que cuando por fin logró encontrarse con Lennon, este le corrigió las transcripciones y le dijo que iría a visitarle a la academia. Nunca lo hizo, pero a partir del siguiente disco, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, los trabajos de los Beatles llevaron consigo las letras de las canciones.

La libertad no está

en la bandera ni en el país ni en el tiempo

en el que vives, está

sobre todo dentro de ti"

“Al final, las películas no son una idea, sino un cúmulo de ideas que se rozan, y así surgió esta…”, explica Trueba, de vuelta en 2013. Hace arrancar ese cúmulo con su título anterior, Madrid, 1987, en el que un conocido columnista de edad provecta (José Sacristán) y una joven estudiante de Periodismo (María Valverde) se quedan encerrados, desnudos, en un baño. “Fue una película muy difícil y muy especial para mí, porque la hice completamente fuera del sistema, pero la sentía muy necesaria, vital, histórica, narrativa, profesionalmente…”. No había rodado aún aquel largometraje cuando un día tropezó con aquella matrícula, y pensó en aquel profesor, y en la España de Manuel Fraga bañándose en una playa almeriense tras el incidente de Palomares. “Y dije: ¡qué bonito! Hacer una película que se llame Madrid, 1987, y después, una que se llame Almería, 1966 [así se titulaba el proyecto en un principio]. Además, yo conocía mucho Almería y empecé a visualizar la historia, aparte del elemento cinematográfico de todas las películas que se rodaron allí en la época”.

El cúmulo se empezó a completar con una anécdota familiar que durante años se contaba mucho en su casa. Hacia finales de los sesenta, uno de sus hermanos mayores se había escapado y su madre solía recordar lo mal que lo pasó durante aquellos tres días esperando a que apareciera. “Me di cuenta de que con todos esos elementos juntos, como en la película anterior, podía intentar contar un momento del país a partir de unos personajes pequeños, anónimos, que no están involucrados en nada que haya pasado a la posteridad”. El cineasta y escritor se detiene un momento y hace tres grandes bloques, tres hitos de la historia reciente de España: la posguerra, “un momento muy duro, de desamparo”; los años sesenta, “la crianza de la generación que va a producir el cambio, yo diría que la ilusión de cambiar”, todavía bajo una dictadura, pero con luces que se encienden desde fuera –los hippies, los Beatles, la canción, el sol, la vida, los turistas…–, y la España “desencantada” del 87, en la que la Transición había funcionado, pero en la que se “había impuesto también un cierto cinismo… Digamos que el comentario de aquella película era el tiempo actual”.

Javier Cámara, Natalia de Molina y Francesc Colomer, junto al director de la película, David Trueba. ampliar foto
Javier Cámara, Natalia de Molina y Francesc Colomer, junto al director de la película, David Trueba.

Y así, dando un paso atrás en busca del espíritu de 1960, empezó a nacer Vivir es fácil con los ojos cerrados, cuya peripecia es la siguiente: un profesor que da clases de inglés en un colegio de Albacete (Javier Cámara) sale en busca de Lennon para pedirle que las letras de las canciones de los Beatles se incluyan en las carátulas de sus discos. Por el camino recoge a dos autoestopistas en plena huida: primero, a una joven de veintipocos años (Natalia de Molina) que quiere escapar de un futuro que ella no ha elegido, y después, a un muchacho de 16 (Francesc Colomer) que se ha marchado de casa después de discutir con su padre. Con un punto de road movie, llena de paisajes abiertos y de luz, de los kilómetros, los obstáculos y las miserias pequeñitas que hay que vencer cuando se busca algo distinto, la película –cuyo reparto completan Ramón Fontserè, Ariadna Gil y Jorge Sanz– relata la amistad que se trenza entre los tres protagonistas. “¿Qué buscan? Ser libres”, cuenta su director y guionista: “En el fondo, de lo que habla es de que la libertad no está en la bandera ni en el país ni en el tiempo en el que vives, sino que sobre todo está dentro de ti. Y ahora que vivimos en una época en que hay muchas libertades, pero también hay muchas cortapisas y la gente lo está pasando mal, no está de más recordar que en épocas terribles las personas han podido brillar”.

Y para eso, allí al final, está John Lennon. “Creo que el sol de Almería y Lennon eran dos soles que brillaron durante un tiempo. Él tenía todas las papeletas para ser carne de cañón: un hijo no deseado de un padre que no vivió con él, de una madre que no se podía ocupar de él, en un entorno pobre. Y, sin embargo, la libertad personal que él desarrolló, y que creo que ayudó a desarrollar en muchos otros, le llevó por otro camino. En la película, el personaje en sí no interesa, sino lo que proyecta”.

Trueba prefirió no conocer al profesor real mientras escribía el guion (“porque entonces era muy posible que se desequilibrara un poco mi historia”), pero cuando lo terminó y el proyecto ya estaba en marcha, le localizó. “Encontré a una persona, como yo había imaginado, luminosa, llena de espíritu, un tipo muy humilde. Es un hombre que aplica en su profesión lo que yo siempre he intentado desarrollar en la mía: la obsesión por hacerlo bien él, en su espacio, sin importarle cómo lo hagan los demás. Al conocerle, pensé: estos son los profesores. Creo que esta película está hecha también de mi amor hacia los maestros. Y curiosamente ha coincidido con una época en la que ha tocado defenderlos públicamente”.

En la película no interesa en sí el personaje de Lennon, sino lo que proyecta, por la libertad que él desarrolló"

“Dar clase es una cosa de vocación. Yo soy economista, intendente mercantil”, explica Carrión por teléfono. Cuando enseñaba español a los estadounidenses de la base militar de Cartagena, utilizaba zarzuelas como La verbena de la Paloma o cuplés. Luego, cuando se pasó al inglés para los chavales, llegaron los Beatles. “Fui a ver a Lennon para darle las gracias, porque sus canciones eran una ayuda muy grande, y para que viera lo importante que era tener toda la letra”. Recuerda que llegó tarde –se perdió–; que estaba jugando a la pelota con un compañero de rodaje cuando le recibió; que comenzó a rellenar los espacios en blanco de sus cuadernos, pero enseguida se cansó; que cuando terminó aquel encuentro, de apenas 20 minutos, estaba convencido de que volverían a verse. No ocurrió, pero, eso sí, el resto de discos de los Beatles, hasta que se separaron en 1970, llevaron consigo las letras de las canciones. “Todos los demás grupos los imitaron, y puede que se deba a aquella visita”, dice orgulloso. Conserva los textos que Lennon le corrigió y los álbumes que le fueron llegando a la academia desde entonces, con las letras y las partituras.

Jorge Sanz, que en la película interpreta al padre de Juanjo (Francesc Colomer). ampliar foto
Jorge Sanz, que en la película interpreta al padre de Juanjo (Francesc Colomer).

En 2006 contó aquella historia en público en un curso de verano sobre los Beatles organizado por el periodista Adolfo Iglesias en Almería. Tenía entonces 82 años. Hoy, con 89, suena cansado por teléfono. “He sido feliz”, repite. Un día de la pasada primavera visitó el rodaje de la película de Trueba: “La historia es diferente”, insiste, “yo fui en autobús”. El director le puso una cinta que habían grabado la noche anterior como recuerdo del rodaje. En ella, acompañada entre otros por Javier Cámara a la guitarra, Natalia de Molina cantaba Strawberry fields forever, la canción que Lennon había empezado a escribir en ese mismo lugar casi medio siglo antes. “Esta niña cantaba de una forma maravillosa, como para enamorarse de ella en el acto”, asegura Carrión. “Living is easy with eyes closed / misunderstanding all you see / it’s getting hard to be someone”, es decir, “vivir es fácil con los ojos cerrados / malinterpretando todo lo que ves / se está poniendo difícil ser alguien”, dice la letra. “Mi más profundo respeto a la canción que Lennon compuso en Almería. Yo creo que no tiene nada que ver con las drogas, sino con el calor del verano, el bochorno”, remacha Carrión.

Durante su estancia en Almería, Lennon estaba atravesando un momento complicado de su vida. Se le estaba atragantando un éxito de calibre descomunal, no sabía si quería continuar con los Beatles, el cine le estaba aburriendo soberanamente y se encontraba en un sitio extraño. “Era completamente distinto de lo que conocíamos. Jamás había visto a una mujer vestida toda de negro”, contaba en 2006 Cynthia, su primera mujer. No lo debió de pasar especialmente bien, cuentan algunos de los que estuvieron a su alrededor, pero del sur de España salió con las gafas redondas que se convirtieron en elemento indisociable de su imagen y con las primeras versiones de uno de los temas más conocidos del pop, que grabó acompañado únicamente de una guitarra.

Vivimos en un momento en el que no está demás recordar que en épocas terribles las personas han podido brillar"

Lo hizo en una casa palaciega llamada Santa Isabel (hoy rehabilitada y convertida en la Casa del Cine de Almería), donde también celebró su vigésimo sexto cumpleaños junto a Cynthia y Ringo Starr. También estaba el fotógrafo César Lucas: “La casa era un sitio un poco destartalado. Aquella noche, cuando estábamos tomando una copa, se fue la luz porque empezó a llover mucho. Se inundó la zona y no se pudo rodar en dos días”. Lucas compaginó a finales de los sesenta y principios de los setenta el fotoperiodismo con encargos para las grandes productoras que rodaban en España. Muchos de esos trabajos fueron en Almería. En los años dorados en que la provincia se convirtió en un gran plató internacional, por el cabo de Gata, Carboneras o Tabernas pasaron los wes­terns de Sergio Leone y Clint Eastwood; Peter O’Toole y Alec Guinness con Lawrence de Arabia; Brigitte Bardot, Ursula Andress, Claudia Cardinale… Los almerienses se iban acostumbrando, pero poco a poco. Por ejemplo, cuando veían pasar el impresionante Rolls-Royce negro en el que se movía Lennon, “muchos se santiguaban”, relata Lucas.

Era aquel un momento y un lugar de contrastes, de estrellas que aterrizaban, como extraterrestres, en esa tierra atrasada y sin oportunidades que había reflejado Juan Goytisolo en sus Campos de Níjar. “Recuerdo muy bien la profunda impresión de violencia y pobreza que me produjo Almería, viniendo de la nacional 340, la primera vez que la visité, hace ya algunos años”, relata el libro publicado en 1960. Para contar ese “entorno vital no bastaba con el paisaje y los decorados; hacía falta que las caras, que los tonos de voz que se cruzaban en la peripecia tuvieran autenticidad”, explica David Trueba. Por ese motivo, buena parte del reparto de su proyecto lo conforman lugareños, algunos de ellos, incluso, reclutados por la calle. El guardia civil es un camionero, el del hotel es un señor jubilado de las salinas que había perdido una mano, el pastelero…

Ahora, meses después, de vuelta en el sofocante día de agosto en Madrid, Trueba habla de los últimos retoques de sonido y de color que le quedan a la película y cuenta que está preparando su viaje a Los Ángeles para grabar la banda sonora con los míticos Charlie Haden y Pat Metheny. Reflexiona sobre aquel cúmulo de ideas con el que empezó todo y sobre la búsqueda de lo esencial. Y también sobre el oficio de contar historias: “A veces, la gente me dice que hago muchos trabajos distintos [novelista, guionista, escritor, director], pero no, hago el mismo; cambia la técnica, la forma, pero el contenido no; se trata, más que de contar historias, de transmitir algo, una emoción, una sensación…”.