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La Fura dels Baus, una ópera europea

Carlus Padrissa ofrece en Colonia un colosal montaje de nueve horas de 'Sonntag', de Stockhausen - Àlex Ollé estrena 'Quartett', de Francesconi, en la Scala de Milán

Ninguno de ellos se anda por las ramas. Àlex Ollé y Carlus Padrissa, los dos creadores de La Fura dels Baus que han apostado con más convicción por la ópera dentro de las actividades multidisciplinares del grupo catalán, han optado, después de una larga trayectoria como dúo inseparable, por apuestas individualizadas.

Àlex Ollé dirigió ayer, nada menos que en la Scala de Milán, el estreno mundial de Quartett, de Luca Francesconi, basada en la obra homónima de Heiner Müller. En La Scala se combinan dos orquestas. Una de ellas, de 23 músicos, está en el foso con la directora finlandesa Susanna Mälkki. La otra, de gran formato y con coro añadido, está en el sexto piso del teatro, dirigida por Jean Michael Lavoie y sincronizada mediante alta tecnología con la orquesta de cámara. Dos cantantes, Allison Cook y Robin Adams, llevan el peso de la representación sacando a la luz los conflictos de sus personajes: la marquesa de Merteuil y el vizconde Valmont inspirados en la novela Las amistades peligrosas de Laclos.

La imaginación de Padrissa en su realización teatral es delirante

El 'Quartett' de Ollé está basado en la obra homónima de Heiner Müller

Alex Ollé hace diabluras para mantener la tensión durante hora y media en un decorado corpóreo que se limita a una habitación suspendida en el espacio con muy pocos elementos: dos sillas, una mesa, dos copas de vino... Su trabajo es eminentemente teatral, de dirección de actores, desprendiendo una inteligencia asombrosa.

Por su parte, Carlus Padrissa se ha atrevido con Sonntag (Domingo), de Karlheinz Stockhausen (1928-2007). Se trata del título con el que se cierra el monumental ciclo Licht (Luz) de casi 30 horas de duración, dividido en siete partes, dedicada cada una a un día de la semana. Sonntag, compuesta entre 1988 y 2003, está dedicada a Dios (Gott). Las representaciones tienen lugar en el monumental contexto de la Statenhaus, una gran nave en las afueras de Colonia con varios espacios, y dependen de la Ópera de la ciudad natal del compositor.

Las dos apuestas se las traen. La ópera de Stockhausen se había representado acto a acto en versión de concierto en lugares como la sala Concertgebouw de Ámsterdam, el Festival de Salzburgo o el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, pero nunca se había podido ver en escena de un tirón. Hay dos posibilidades en Colonia: ver sus cinco actos en una sola jornada o escucharla en dos días consecutivos. En el primer caso -siempre en domingo- la representación empieza a las 12 de la mañana y se prolonga -con descansos- hasta pasadas las nueve de la noche. El primer acto, un diálogo dialéctico entre la luz y el agua, transcurre en un espacio circular de 40 metros de diámetro y el público, mayoritariamente vestido de blanco, se sitúa en hamacas para contemplar mejor el despliegue de proyecciones. En el segundo, que versa sobre procesiones de ángeles, hay siete coros que cantan en idiomas distintos: chino, hindú, castellano, suajili, inglés, árabe y alemán. En el tercer acto se reparten gafas para proyección en 3-D. El cuarto se desarrolla con un fuerte componente acuático y un ritual mágico impregnado de todo tipo de aromas y esencias en la sala.

El quinto acto, al tener lugar simultáneamente en dos espacios diferentes, con videoconferencias que los comunican, se puede ver dos veces, una más centrada en la música con comportamientos nada habituales de los instrumentistas de musikFabrik y otra con cinco ballets de procedencias diversas: India, China, Arabia, Europa y África, que al final invitan al público a incorporarse a una supuesta casa de las civilizaciones que van construyendo entre todos. Los espectadores tienen que permanecer de pie y paseando en estas escenas, al viejo estilo de La Fura. Como fin de fiesta hay una recreación de la música de este último acto al aire libre con cinco sintetizadores y los bailarines sobre zancos en una fuente al aire libre en el vecino parque del Rin.

El espectáculo es colosal, una obra de arte total al estilo wagneriano. Los llenos se suceden y el público aplaude con entusiasmo cada etapa del viaje iniciático. Stockhausen era un visionario y Padrissa ha sabido comprender su mensaje. La realización teatral y plástica es de una imaginación delirante.

Padrissa ya había tomado contacto con Stockhausen con una escenificación en un sanatorio psiquiátrico en las afueras de Viena de El viaje de Michael, un acto de Jueves. Ahora va más allá con Sonntag e incluso se está estudiando la posibilidad de afrontar la jornada del Miércoles como próximo objetivo. Padrissa está a sus anchas en Centroeuropa. En mayo inaugura el Festival de Viena con un espectáculo sobre Xenakis y la próxima temporada la Ópera de Colonia ha incorporado en su programación una velada vocal en junio en el barco de La Fura, Naumon, actualmente aparcado en aguas del Rin. A Padrissa, la aventura wagneriana de El anillo del Nibelungo se le ha quedado pequeña. Con Stockhausen y su Licht ha encontrado un estímulo irresistible.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de abril de 2011