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Los dispositivos de lectura digital se disparan... la piratería también

Los editores lanzarán una campaña contra las descargas sin autorización

Tereixa Constenla

El libro digital ya no es un futurible. Por si había alguna duda, la encuesta sobre hábitos de lectura y compra de libros en España en 2010 que realiza la Federación de Gremios de Editores desde hace una década se encargó ayer de despejarla. El 5,3% de los entrevistados para este barómetro lee ya libros en soporte digital (ordenador, móvil, agenda electrónica o lectores electrónicos). Aunque es un porcentaje inferior al que recurre a los soportes digitales para leer otros materiales como revistas (6,2%) o periódicos (30,7%), el estudio constata su crecimiento gradual a lo largo del año.

La encuesta, realizada a partir de 15.000 entrevistas telefónicas, evidencia los saltos generacionales en la familiarización con el mundo online. Los lectores de libros en dispositivos electrónicos crecen conforme baja su edad. De hecho, son los usuarios de entre 14 y 24 años quienes más recurren a la lectura digital de libros (12,6%). Hay también cierta brecha de género (las mujeres leen menos en soporte digital: lo hacen el 41,9% frente al 53,9% de hombres) y de formación (el 74,6% de los universitarios usan los nuevos soportes).

En Navidad se vendieron 80.000 lectores electrónicos y 75.000 tabletas
Un autor de Roca encontró 20 webs donde descargar gratis su última obra

Hasta aquí lo que aflora en esta encuesta del gremio de editores. Pero no es el único termómetro que mide la querencia por lo digital. La última campaña de Navidad y Reyes ha disparado las ventas de tabletas (75.000) y lectores electrónicos (80.000), según datos manejados por Libranda, distribuidora de libros electrónicos, y varias editoriales. Este crecimiento, sin embargo, no ha ido en consonancia con el aumento de las ventas de libros electrónicos. De esta desproporción extrae una conclusión nítida Blanca Rosa Roca, directora de la editorial Roca: "Pensamos que muchos de los que ahora tienen lectores electrónicos lo usan para bajarse libros pirateados. La piratería está creciendo muchísimo".

Ofrece un ejemplo reciente. Uno de sus autores, Manuel Francisco Reina, envió alarmado a la editorial una lista con 20 webs donde se podía descargar gratis su última novela, La emperatriz amarga. Obviamente sin su autorización.

Durante 2010 Roca denunció a Cedro, entidad de gestión de derechos de propiedad intelectual de autores y editores, casi medio centenar de páginas de Internet donde se descargaban sin permiso algunos de sus títulos. "El de Noah Gordon fue pirateado antes incluso de que tuviésemos la versión electrónica", afirma Blanca Rosa Roca.

Según el observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales, elaborado por la consultora IDC Research para la Coalición de Creadores, el libro fue el sector donde la piratería creció de forma más alarmante, al pasar de ser un 19,7% en el segundo semestre de 2009 al 35,1% en el primer semestre de 2010. El valor de las obras editoriales descargadas sin autorización alcanzó los 421,5 millones de euros.

"Necesitamos concienciar a la población de que bajarse libros gratis es robar al autor y al editor. La ley Sinde puede mejorar la lucha contra la piratería pero no es lo único", opina. Los editores preparan una campaña de sensibilización para difundirla cuando entre en vigor la traída y llevada ley Sinde. Será de tono amigable, sin culpabilizar al usuario, y hará hincapié en la necesidad de escritores y editores de percibir una remuneración por su trabajo.

Arantza Larrauri, directora general de Libranda, cree que es prematuro alarmarse ante la desigualdad en el incremento de la venta de dispositivos de lectura y de libros electrónicos. "En diciembre y enero también se han incrementado mucho las descargas en Libranda, pero hay que esperar para ver cómo van a utilizar el dispositivo", dice. Libranda no es Amazon. En ningún sentido. El gigante estadounidense es una librería que ya vende más versiones electrónicas que de papel, mientras que Libranda es una mera distribuidora del formato electrónico, "un simple almacén y transportista de archivos", puntualiza Arantza Larrauri. Es, sin embargo, diana de las críticas por el precio de los libros, los dispositivos anticopias (DRM) o la incómoda experiencia de compra virtual, tres factores que algunos consumidores esgrimen para justificar las fugas hacia la piratería.

Larrauri aclara todos los puntos. "Cada editorial fija el precio, pero el electrónico sufre una gran discriminación fiscal al soportar un IVA del 18% frente al 4% del papel". Asegura además que son más baratos que en el resto del Europa, la versión electrónica en España está entre un 30% y un 40% más baja que la impresa.

"Somos neutrales respecto a los DRM. Hay autores que no tienen, es una elección de autores y editores", asegura. En cuanto al proceso de compra, responsabiliza a las librerías del hecho de que sea más o menos cómodo. "La voz la tienen los editores y los libreros", destaca.

Una usuaria con un lector electrónico.
Una usuaria con un lector electrónico.JOAN SÁNCHEZ

Libranda, a por América Latina

Arantza Larrauri acepta algunas críticas que ha recibido Libranda por su raquítico catálogo: apenas 2.500 títulos a pesar de estar impulsada por los principales grupos editoriales de España. "Nuestro objetivo para este año es tener 10.000 libros en lengua española e incorporar obras en otros idiomas", anuncia. No siempre es automático porque hay autores reticentes a las versiones electrónicas de sus obras.

La plataforma cuenta con 24 grupos editoriales asociados y 40 tiendas, entre ellas la gigantesca cadena Barnes & Noble, que facilita la distribución de los títulos españoles en Estados Unidos y Puerto Rico. En los próximos tres meses, Larrauri anuncia la incorporación a la plataforma de librerías y editoriales de América Latina. "Allí el gran desafío es que no hay dispositivos electrónicos".

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Sobre la firma

Tereixa Constenla
Corresponsal de EL PAÍS en Lisboa desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera en Andalucía. Es autora del libro 'Cuaderno de urgencias'.

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