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viernes, 29 de mayo de 2009

Feroz y ruidoso arranque del Primavera Sound

Los decibelios y la década de los noventa abren el festival de música barcelonés

IKER SEISDEDOS Barcelona 29 MAY 2009

Recibir unos tapones para los oídos a la entrada de un festival de rock puede sonar conservador. O tan sensato como distribuir preservativos en la inminencia de una orgía. Tal ofrecimiento se debió anoche a los legendarios muros de guitarras de My Bloody Valentine, plato fuerte de la jornada inaugural del Primavera Sound. Así, con un "póntelos, pónselos", recibió ayer a sus asistentes (se esperan 70.000 en tres días) el certamen que abre la temporada de festivales de este año: el año uno después del desplome financiero del mundo tal como lo conocíamos.

A medianoche, el recinto atronaba literalmente con la banda inglesa que hizo historia del ruido con Loveless (1991). Con un volumen de decibelios que rozaba el umbral del tinitus, el público comenzó abarrotando el espacio y acabó literalmente empujado hacia el mar por la distorsión. E incluso en medio de tamaña ceremonia del desconcierto, los algodoncitos fluorescentes permanecieron ausentes de las orejas. Muchos se reconciliaron así, a todo trapo, con una banda que siempre pareció sonar demasiado bajito. Otros juzgaron injustificable el alarde sónico. Lo cierto es que una vez desconectados los amplificadores, el recital creció en el recuerdo, quizá porque el pitido en los oídos se encargó de ello.

Se esperan unos 70.000 asistentes en los tres días de conciertos

La cita viene, ayer quedó claro, plena de ruido. El grupo británico repite hoy en la intimidad del Auditori y las expectativas de asistir a una experiencia única son altas, tanto como sean capaces de subir la ruedita de la distorsión de las guitarras Lightning Bolt, dúo kamikaze de rock de vanguardia sonó brutal, brillantísimo, antes de la hecatombe de My Bloody Valentine. Y antes de que la masa recibiese hacia las 22.00 a Yo La Tengo, elegantes miembros de la clase media del rock. Ofrecieron un juicioso ejercicio de delicadeza; cumplen 25 años y los invitados fueron la misma nación indie española que echó los dientes con su rock a la Velvet Underground hace casi dos décadas y hoy confía a sus primogénitos de meses a la guardería del festival.

Gracias a ellos y a otros, la velada pareció a ratos sacada de los años 90. Ira Kaplan, cantante con órgano, lució en el escenario grande como el negativo de Joe Crepúsculo, gran esperanza blanca del pop español. Lástima que su concierto, algo amedrentado aunque voluntarioso, coincidiese con el de Yo La Tengo.

No era el día para el tecno pop de los 80, ni siquiera para el barroquismo pastoral de un plúmbeo Andrew Bird. La siguiente década dominó las propuestas con su encanto nihilista. Fue el turno de los contumaces Jesus Lizard, de Aphex Twin ("¿hay algo más noventero que una sesión de este hombre?", se preguntó un asistente) y de los escoceses The Vaselines, que trajeron fotos del viaje qué les llevó de ser el mejor peor grupo de pop del mundo a convertirse en un solvente combo de rock. O de la banda francesa de fashion pop Phoenix. Cierto, cuando murió Kurt Cobain solo eran imberbes estudiantes en el liceo, pero ayer, aún sin barba, firmaron un concierto sin reproches.

El siglo XXI había empezado a ponerse interesante con el declinar del sol y en el escenario comisariado por Pitchfork , web estadounidense y boletín oficial de todas las cosas del rock de vanguardia. De momento, se apuntaron el tanto de haber programado a las mujeres, las chicas y el hombre más alto del mundo. Por este orden. De la sucesión de recitales ofrecidos por las bandas Women, Girls y The tallest man on earth, brillaron los segundos. Dos gemelos rubios con melena y contundentes maneras de ese indie rock estadounidense que promete grandes cosas en el festival.

De la América de Obama llegan la mayoría de los ignotos grupos que podrían salir de aquí refrendados por el público entendido que distingue al certamen. Los empollones del asunto sirvieron ayer de guía al resto por la jungla de un programa que gira en torno al advenimiento el sábado del dios Neil Young. Un señor al que, por cierto, se debe la invención del ruido y de los años 90.

Actuación del grupo Yo La Tengo en el Primavera Sound / GIANLUCA BATTISTA

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