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Crítica:La Lidia: Feria de San Fermín

Dos salidas a hombros inmerecidas

Es preciso que los buenos aficionados pamploneses inicien una campaña informativa sobre la concesión de orejas. Les dirán que cuanto más fácil sea regalar orejas, tanto menos darán esos diestros de aquello que llevan dentro. A poca exigencia, menos esfuerzo. Y a más exigencia, más saldrán ganando los señores que pagan por ver torear.

Ayer, el público regaló las cuatro orejas cortadas. Dos a Padilla y dos a Rafaelillo, una por cada toro. Padilla desplegó todo el repertorio populista que "atesora". Estuvo aceptable en banderillas mas con la franela, en su primero, no mandó absolutamente nada. Ni el toro humillaba ni el torero mandaba. En su segundo, que tenía un muy buen pitón derecho, ni se enteró. Se superó a sí mismo en el catálogo de vulgaridades. La vulgaridad como emblema de caducidad. En su haber, acertado con la espada.

Miura / Fundi, Padilla, Rafaelillo

Toros de Miura: con fuerza, con peligro, con poca clase. Recibieron un duro castigo en varas. El mejor, el 5º.

El Fundi: metisaca, pinchazo -aviso-, pinchazo hondo, metisaca y estocada corta (silencio); gran estocada y descabello (vuelta al ruedo).

Juan José Padilla: estocada corta (oreja); estocada (oreja).

Rafaelillo:estocada (oreja); estocada(oreja).

Plaza de Toros de Pamplona, 13 de julio. 9ª de abono. Lleno

De Rafaelillo se puede decir otro tanto de lo mismo. Instrumentó un toreo sin mando. Con buen derroche de voluntad y poco más. Mató bien, en especial a su primer toro. Nunca debieron otorgarle oreja alguna. Pero así está el público de generoso y por demás, manirroto.

Lo más torero de la tarde hay que atribuirselo a El Fundi. Le tocaron en suerte los dos peores astados. En su primero, hizo una faena a la antigua usanza, es decir, a la manera del toreo campero. Mató rematadamente mal, él que es un as con los aceros. Tan as con los aceros que en su segundo, un marrajo perdido, puso de relieve la hora de la verdad que éste sí que atesora con verdadera profundidad. Salió a relucir un torero con raza. Después de ver que a sus compañeros se les regalaba el oro y el moro, sacó de dentro lo que todo torero verdadero lleva en el hondón de su interior. Se tiró a matar como un jabato. A cambio, recibió un puntazo. Ese gesto fue lo más denso y grande, a nuestro juicio, de la corrida. Quizá fue el instante fugaz que quedará en la memoria de los buenos aficionados. Lo había dicho Teófilo Gautier: "El dramático momento de la verdad, el momento de matar, es el final esperado también de las obras de Shakespeare". Y curiosamente ese público facilón para premiar lo vulgar, ese público, digo, supo comprender que El Fundi exhibió un gesto de torero responsable. Porque El Fundi, en ese relampagueante gesto se fue al toro arrebatado como la armadura de Don Quijote.

Los toros de Miura repiten en Pamplona todos los años y todos los años dejan muy poco para el recuerdo como toros bravos. Queda todavía el respeto que infunden en los toreros, que se revuelven en un palmo de terreno y buscan las verdes ingles lorquianas de los toreros. Lamentablemente recibieron un duro castigo en varas. La fama de los miuras está siempre presente en los antebrazos de los picadores, de ahí que las varas de picar lleven veneno dentro para ver si los matan antes de tiempo. Lamentable.

La corrida de hoy

- Toros de Núñez del Cuvillo para Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares.

- Se retransmite por Canal Feria de San Fermín (dial 112 de Digital +).

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de julio de 2008

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