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martes, 1 de julio de 2008
Reportaje:

Espera hasta de cuatro años para concebir

Unas 860.000 parejas con problemas de fertilidad desbordan la deficiente oferta pública de reproducción asistida

Lo último que espera escuchar una pareja que solicita un tratamiento de fertilidad es que debe esperar cuatro años. Pero ése es el tiempo de espera máximo que, por ejemplo, requiere el hospital 12 de Octubre de Madrid, uno de los más demandados. La mayoría no puede esperar. Se les echa el tiempo encima y terminan acudiendo a las clínicas privadas, en las que se gastarán miles de euros en cada intento.

Largas esperas, un tratamiento durísimo física y psicológicamente y un gran desembolso económico es el panorama al que se enfrentan unas 860.000 parejas que tienen en España problemas de infertilidad. Cada año se incorporan unas 16.000 nuevas personas, según un informe elaborado con datos de la sanidad pública y las clínicas por la Asociación pro Derechos Civiles, Económicos y Sociales (Adeces). De los tratamientos de inseminación y de fecundación in vitro, públicos y privados, nacen anualmente unos 7.000 niños.

Murcia, Ceuta y Melilla no ofrecen tratamientos de fecundidad

La demora oscila entre 30 días y 1.440 según la técnica y el centro

Pequeños como el que desean tener Carmen y Manolo. Esta pareja, tras meses de peregrinaje por distintos médicos de la sanidad pública ha decidido recurrir a la privada para poder ser padres. "Desde el principio fuimos a la pública, pero las listas de espera son interminables", dice Carmen, de 38 años. En el hospital de Madrid que le toca le han dado cita para dentro de año y medio. A su edad, demasiado tiempo. Algunos centros públicos no atienden a mayores de 40.

Como esta pareja, muchos otros tiran la toalla y acaban pagando por un servicio al que tendrían derecho de forma gratuita. El problema para la mayoría son los tiempos de espera, que oscila entre los 30 días de Zaragoza, el mejor lugar de España para una inseminación artificial, a los 1.440 días de tiempo máximo de espera en el hospital 12 de Octubre de Madrid para una fecundación in vitro, según el informe Adeces, que recoge datos de 2008 del 73% de los centros públicos y privados. La diferencia entre comunidades es sangrante. Murcia, Ceuta y Melilla no realizan ninguna técnica de fertilidad. La Rioja y Navarra sólo ofrecen inseminación artificial. En el caso de la última, sólo con semen de la propia pareja. Al resto los derivan a una clínica privada de San Sebastián, Quirón, con la que el Gobierno foral tiene un concierto.

Como a María (nombre ficticio) y su marido. El semen de él no es de suficiente calidad, y recurrieron al sistema público. ¿Lista de espera? Tres años. Mientras tanto iniciaron el tratamiento en una clínica privada de Pamplona. Han pasado por cinco intentos de inseminación y tres de fecundación in vitro. Se han gastado 15.000 euros. Sus empleos, dependienta y obrero, no dan para mucho y han pedido un crédito. Cuando casi se habían olvidado, les llegó el turno en Quirón. María alucina con la diferencia de precios: "Medicamentos que me costaban 400 euros, ahora los pago a 20". Eso sí, cada semana recorren 480 kilómetros.

La diferencia no es baladí. En una clínica privada el tratamiento puede costar entre 6.000 y 12.000 euros. El precio mínimo por fecundación in vitro es 3.000 euros por intento; el máximo, 6.000. Sin embargo, el porcentaje de éxito es de un 33,5%. Muchos tienen que volver a intentarlo.

Ni Adeces ni la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida han conseguido determinar qué porcentaje de las alrededor de 30.000 mujeres que cada año pasan por un tratamiento de fertilidad lo hace en la sanidad pública y cuántas en la privada. "Muchas personas saltan de un sistema a otro. Algunos completan un ciclo en la privada y cuando les toca pasan a la pública o al revés", explica Carmen Rodríguez, de Adeces. Esta asociación reclama unidades de reproducción asistida en todos los hospitales públicos, que se envíe a pacientes a clínicas privadas cuando la espera exceda de nueve meses y que se atienda hasta los 45 años.

Adeces pone de ejemplo a Extremadura, que tiene, por ley, un tiempo máximo de espera de seis meses y la obligación de derivar a un centro privado en el caso de que se supere ese tiempo. "Las cosas están igual o peor que hace tres años", dice Rodríguez, "las parejas están esperando. Los médicos están muy preparados, pero sin medios. La Administración debería hacer algo".

¿No tienes pareja? Entonces no podemos atenderte

Uno de los colectivos más discriminados por el sistema público a la hora de recibir un tratamiento de fertilización es el de las mujeres que quieren ser madres por su cuenta. Bien porque no han tenido suerte en sus relaciones sentimentales, bien porque sienten el apremio del reloj biológico, cada vez más mujeres se lanzan solas a la búsqueda de la maternidad. Y muchas veces se encuentran con que el hecho de no tener pareja se traduce en el rechazo del sistema público.Le ha pasado hace un mes a Silvia Castellano. Esta madrileña de 34 años, supervisora en una empresa de seguridad, con estabilidad económica, decidió hace un año que quería ser madre, no esposa. Estoy en el umbral de los 35 años y decidí no esperar más. Silvia inició el tratamiento en una clínica privada, pero no guarda buen recuerdo de la experiencia. Desde que entras por la puerta empiezas a pagar. Ecografías, 70 euros. Inseminación, 750 euros. Medicamentos, 500 euros. En tres intentos me fundí 4.500 euros; mis ahorros. Empecé a recelar y tras el tercer fracaso decidí recurrir al sistema público para evitar ese resquemor de que te intentan sacar cuanto más dinero mejor. El ginecólogo del centro de salud me mandó al hospital Gregorio Marañón, pero cuando se enteraron de que era soltera me cerraron la puerta. Ni siquiera me han dado cita previa y ellos mismos me han reconocido que me la deniegan por no tener pareja. Hay quien me ha sugerido que lo intente bajo cuerda, me camele al médico, pero no estoy dispuesta. Es mi hospital y la ley me ampara. ¿Qué pasa? ¿Soy una ciudadana de segunda? Pago la seguridad social y tienen que atenderme. Voy a agotar todas las posibilidades.Legalmente, Silvia tiene razón. Según el artículo 6 de la ley 14/2006, tiene derecho a recibir un tratamiento de reproducción toda mujer mayor de 18 años con independencia de su estado civil y orientación sexual. Sin embargo, con la excepción de Andalucía que se ha comprometido a garantizar el tratamiento gratuito a todas las mujeres cada hospital e incluso cada médico sigue su propio criterio, lo que afecta a la vida y al bolsillo de cientos de mujeres.Hace un año, varias crearon una asociación para defender sus derechos y prestarse apoyo: la Asociación de Madres Solteras por Elección, con 60 socias. No reclamamos un tratamiento especial, pero sí que se equiparen los derechos de las familia monoparentales en todas las comunidades, explica Carmen Cifredo, la presidenta.Carmen es madre de dos mellizos de 15 meses, Carlos y Sara. Si viviera en Cataluña, ser madre sola de mellizos le daría puntos y tendría prioridad para inscribirlos en una guardería pública. Pero en Madrid recibe el mismo trato que una pareja. Y no es lo mismo. En el País Vasco el trato es aún más favorable: las madres solas con un hijo también reciben puntos. Es el caso de Mireia (nombre ficticio). Madre de un niño de dos años nacido de semen de donante, está recibiendo tratamiento en la sanidad pública para tener el segundo. Si su comunidad no le prestara ayuda quizá no se lo plantearía. En un país con la tasa de natalidad por los suelos, sorprenden estas diferencias de trato.

Pilar Hernández, Nuria Santos y Carmen Cifredo, de la asociación Madres Solteras por Elección, con sus hijos / GORKA LEJARCEGI

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