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Alonso Cueto traza en 'Grandes miradas' un retrato estremecedor del Perú de Fujimori

El escritor novela el asesinato del juez César Díaz Gutiérrez por orden de Montesinos

El juez César Díaz Gutiérrez fue calumniado, amenazado, torturado y asesinado en el año 2000 en Perú por orden de Vladimiro Montesinos, el hombre de confianza del entonces presidente, Alberto Fujimori. De este hecho real parte la novela Grandes miradas, del escritor peruano Alonso Cueto (Lima, 1954), un retrato feroz y estremecedor del Perú dominado por la siniestra pareja. "La realidad siempre es más brutal que cualquier cosa que uno pueda escribir", afirma Cueto, autor de diez libros de narrativa, entre cuentos y novelas.

Alonso Cueto habló con gente que trabajó con el juez, que en la novela aparece con el nombre de Guido Pazos, y con su familia. "Era muy modesta, decente y bondadosa". Vio también muchos vídeos en los que aparecía Vladimiro Montesinos corrompiendo a todo tipo de personas, pero no quiso ver los de las ejecuciones que tanto gustaban a este hombre. Vivió esa época e investigó, y a partir de ahí surgió Grandes miradas (Anagrama), una historia de enorme fuerza y vitalidad literaria, en la que mezcla personajes reales con otros de ficción, que, de alguna manera, recuerda a La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.

La protagonista de la novela es un personaje de ficción, Gabriela, la novia del juez, que, para vengar su muerte, se lanza a una terrible persecución, en la que se sumerge en todo lo que había rechazado, el sexo sin distinción, las mentiras, las trampas, la violencia, la muerte. "Gabriela no actúa por razones morales, actúa por venganza. Es una exploración del mal, quiere vengar a Guido, quiere encontrar y matar a Montesinos. Me interesan mucho las historias de viajes interiores. El dolor y el sufrimiento es un gran material para el escritor", afirma.

A lo largo de los capítulos del libro se alternan los puntos de vista de los diferentes personajes, Fujimori, Montesinos, Gabriela, una periodista de un diario, un periodista de televisión, las mujeres de Montesinos... La narración sigue un ritmo trepidante que transmite al lector una permanente sensación de angustia y amenaza, siempre con la sensación de lo que peor está aún por llegar. "Los diálogos tienen algo de cinematográficos. He intentado registrar simultáneamente lo que se ve, lo que se piensa y, sobre todo, la vertiginosidad de la mente de Gabriela. Creo que el poder del lenguaje es decisivo".

La novela explora la corrupción y de cómo se extiende desde el poder hasta al amigo más cercano. "El poder extraordinario de Montesinos se basaba en tres elementos a través de los cuales controlaba todos los estamentos de la sociedad: la comunicación, la administración judicial y la militar. Él daba por sentado la naturaleza corruptible y clandestina de las personas, contaba con ella. Instauró un gran sistema de vigilancia en el que utilizaba a todo el mundo, chóferes, empleadas domésticas, tenía cámaras que lo grababan todo. La suya era una enorme mirada sobre la sociedad".

Cueto aborda la extraña relación entre Fujimori y Montesinos, en la que éste acabó dominando al presidente. "Fujimori pertenecía a la clase baja, y, Montesinos, a la adinerada. Fujimori tuvo una vida dura de niño. Consiguió el poder económico, y luego, el político, pero nunca fue aceptado por la clase alta de Lima. Era hermético y extraño, y acabó entregándose a Montesinos, al que miraba como un oráculo".

No hay moralina en la novela, pero sí una reflexión moral y un final, como dice Cueto, también moral. "A pesar de todo, es una historia optimista, que habla de que sí tiene sentido resistir, de la capacidad de rebelión. América Latina aceptaba la corrupción como algo normal, pero ahora ya no es aceptable. La valentía de un juez es ya la expresión de un cambio".

Cuando Grandes miradas se publicó en Perú hace dos años, Cueto recibió algunas amenazas. "Eso fue casi un halago", explica. Ahora, está escribiendo una novela situada en la época de Sendero Luminoso: la historia de un abogado blanco que descubre que su padre es un torturador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de marzo de 2005