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Entrevista:Hablan las autoras de 'Me gusta ser una zorra'

El mundo subterráneo del grupo 'punki' Las Vulpes

La canción punk-rock Me gusta ser una zorra interpretada el pasado 16 de abril en un programa de la primera cadena de Televisión Española ha generado un escándalo cuyo punto culminante fue el pasado domingo la noticia de que la Fiscalía General del Estado había interpuesto querella criminal contra el director del programa, Carlos Tena, y contra las autoras de la canción, el grupo bilbaíno Las Vulpes. Las jóvenes intérpretes consideran que el escándalo ha sido montado en tomo a ellas por motivos de índole política, y aseguran que lo que les preocupa no es la propia querella sino el síntoma que esto supone. En este reportaje hablan de su mundo y explican cómo ha surgido su modo de ser, cómo responden a una realidad y a una historia que ellas no fabricaron.

Se sientan en las banquetas del pequeño bar con la misma displicencia con que lo haría Lauren Bacall con la sabia derrota de las heroínas de Chandler o Dashiel Ham met. El fracaso existe desde siempre, pero antes se lo trabajaba uno con los años, era una conquista personal. Ahora, en cambio, te lo dan hecho, naces hijo del fracaso de la historia.-Estoy hasta las tetas de periodistas -protesta Mamen desde el último rincón de la barra. Hay que buscar siempre los rincones, inventar un cachito de confortabilidad, un cobijo pasajero. Para los rockeros desasosegados, para los punkis itinerantes, el hogar es uno mismo, se lleva encima. El hogar es cualquier rincón donde uno pueda congregarse con los de tu propia especie.

-Mira, tía, mi rollo ha estado siempre en la calle -dice Manien-. Hace un año anduve con un tío, y antes con otra gente, y ahora estoy en Vulpes, y he estado entrando y saliendo de casa todo el tiempo. Ser punki es estar en la calle, es una sensación muy fuerte, es algo cañero, entiendes, hay que vivirlo a tope, sentirlo a tope. Y, sin embargo, sobrevivir.

¿Cómo se las arreglarán para tener tan mala cara siendo tan jóvenes? Con 18, 19, 21 años, Vulpes pimpollos y sin embargo pálidas, ojicansadas, nocturnales. Debe ser el peso de la supervivencia, pero también influye el maquillaje, los labios de carmín sangrante, la gomina que les deja crestas de pollo mojado, la ropa negra, y toda la fanfarria sadoca claveteada que se abraza a sus cuellos, a sus tobillos, a las muñecas, que se trepa a las solapas o al cinturón. Y esa manera de apalancarse en el mostrador de formica roja, ese gesto de "hoy-ha-estado-mal-pero-mañana-seguro-que-es-peor".

-Para mí, el único punki de verdad ha sido Johnny Rotten -dice Lupe-. Ser punki de verdad es ser inconformista a tope, antisocial a tope, saber que esto es una mierda y estar comprometido.

-Es que esto es una revolución social -se enardece Mamen (casi diría se emociona, si no fuera porque en esta cultura urbana, en este nacer de vuelta, las ilusiones están proscritas y la regla es el descreimiento)-. Lo único que nos falta es pegar cuatro tiros a unos cuantos hijos de puta.

Les gustan las expresiones truculentas. Como Las Vulpes, como Mamen, como Loles, como Begoña y como Lupe, hay miles y miles de jóvenes cejialzados y furiosos, adolescentes crecidos del hormigón y el paro. Más que agresores son transgresores: fosfatinan la norma con su pesimismo, molestan con sus disfraces rotos, y ejercen una violencia que es puramente verbal, una respuesta a la violencia del entorno.

Acaban de entrar unos colegas en el bar, y una recién llegada, el pelo como un cepillo, saluda exuberantemente a Las Vulpes.

-Eh, y qué, ¿el rollo va, como dicen los periódicos? -pregunta.

-El rollo va de que no se van a comer una rosca con la querella -contesta Mamen.

-Y vosotras passando de pagar multa, claro -compinchea la pelocepillo.

-Uf, si todavía tiene que salir el juicio... -corta Lupe- Y si s . ale, ya verás, va a ir mogollón de gente, vamos a fletar un autobús y nos vamos a presentar allí todos con una camiseta que diga: "Me gusta ser una zorra...". Es que es un rollo demencial.

Así va la cosa, absurda, porque la actuación fue el día 16 de abril, y no pasó nada, no hubo una sola protesta ni una sola carta en un periódico. Hasta que el Abc sacó el editorial, 10 días después. Y ahora todos dicen haber visto el programa y no lo ha visto nadie, total, si a esa hora sólo había un 3% de audiencia.

-Si se hubiera visto, si la letra hubiera molestado de verdad, en esos 10 días habría protestado alguien.

El escándalo de Ansón

Pero qué va, hasta que no salió el Abc trompeteando nadie había abierto el pico. Y cuando lo abrieron se equivocaron, decían que el programa se había emitido el 23 de abril, y fue una semana antes, para que te fíes de ellos. O sea, que mucho escándalo, sí, pero el escándalo lo han montado los periódicos, que si hay que procesar a alguien es a Ansón, que es quien ha mon tado la bronca, quien ha metido el estremecimiento en los espíritus biempensaútes. "Pero si está clarísimo, está clarísimo que es una campaña política".

-Oye, tú, que nos bajamos esta noche a Madrid, que nos vamos a grabar un disco...

-¿Qué? ¿Que vais a grabar? -se mosquea la pelocepillo-. Esta tía es una julai, pues no se va a grabar y no me dice nada...

-Que no lo he sabido hasta hoy, que me he enterado ahora mismo...

Ya pensaban antes bajar a grabar una maqueta del Me gusta ser una zorra, pero él follón ha metido más prisas a la cosa. Porque desde que estalló la bomba, el de la casa de discos (un sello independiente) no hace más que decir que hay que sacar el single a la calle. Desde que estalló la bomba ha sido el no parar, un par de casas discográficas han querido contratarlas y todo el día están dando la tabarra los periodistas.

-Estoy de la Prensa hasta las tetas -insiste Mamen- Yo, otro mosqueo como el del viernes no lo paso. Nos hicieron tantas entrevistas que yo ya tenía ganas de llorar. Yo no he montado el escándalo, no tengo nada que decir, que me dejen tranquila, yo soy una persona muy tranquila y sólo quiero que me dejen en paz.

Se queja y se queja Mamen, trepada a su taburete, espídica total, sus rodillas hechas una pura trepidación autónoma. Y venga a trasegar cafés, uno tras otro. Los punkis, los rockeros, los hijos del cemento y de la calle quieren estar tranquilos, sí, sobre todo tranquilos, pero ese es un objetivo de difícil conquista. Begoña tuerce el gesto, agobiada y suspicaz. Lleva una cabellera galvanizada, toda tiesa, azabache en las raíces y amarillo. maíz en las puntas. Su padre trabaja en un banco y ella vive con su novio.

-Yo monté Vulpes hace tres años -dice Loles- Pero las tías entraban y salían, la composición del grupo cambiaba mucho. Ha sido ahora, hace siete meses, cuando hemos empezado en serio. Ensayamos todos los días, intentamos aprender bien los instrumentos. Hemos empezado a actuar hace dos meses, por ahora con equipo alquilado, pero queremos comprarnos un equipo propio pronto.

Loles tiene 18 años, y es, junto con su hermana Lupe, la compositora de la mayoría de las canciones del grupo, que, en realidad, son sólo 13. Un repertorio corto de grupo joven. Son canciones contra la Iglesia, contra los políticos, contra la Inquisición, contra todo. Loles compuso Me gusta ser una zorra cuando tenía 15 años. Ya por entonces estaba harta de ir por la calle y que la gente se metiera con ella; es eso de caminar a tu aire y que los tíos se acerquen y te digan "zorra, puta" y demás bramidos susurrantes. Y todo porque eres tía y porque vas vestida de un modo distinto. Así es que escribieron la letra pensando en eso, o sea, si tú me dices que soy una zorra sólo porque soy distinta a ti, porque no quieres comprenderme, entonces yo gritaré que me gusta ser una zorra.

-Es una canción irónica total -remata Lupe.

¿Y el final? Bueno, el final ese del pico en la polla de Lou Reed pensaron en quitarlo, porque no pega con el resto. Fue una broma, una tontería. Por entonces había venido Reed a Madrid y Lupe tuvo que pintárselas de todos los colores para poder reunir dinero para verle: se tuvo que desplazar haciendo dedo, en fin, una movida. Y luego el Lou Reed cogió y cantó sólo siete canciones, el muy guarro, y encima el tío había dicho en una ocasión que a Johnny Rotten había que meterle un pico en la polla, a Johnny Rotten, nada menos, a quien tanto admira Lupe. Así es que ella se calentó y terminaron la canción con esa estrofa, "quiero meter un pico en la polla a un cerdo carroza llamado Lou Reed", por chorizo. Una tontería, vamos.

Es la hora del almuerzo y en la casa de Loles y Lupe está la mitad de la familia, porque son nueve hermanos, los tres mayores casados, pero todos los demás viviendo con los padres. Es un barrio obrero, de modestos pisos sindicales, un cuarto piso sin ascensor, con escalera estrecha y el muro del descansillo erizado de cemento sucio. Loles y Lupe querrían independizarse, poseer su propio piso, pero no pueden hacerlo, por falta de dinero. Como Mamen. Mamen es también hija de un obrero, y, a sus 19 ajetreados años, ha estado entrando y saliendo de la casa de sus padres, con los que, además, no se lleva nada bien. "Pero lo más que he vivido fuera de casa son seis meses, porque luego está la cosa de la pasta, y tienes que vol ver. Ahora vivo con ellos,, en B ara caldo, y no me dan ni una pela, cla ro, pero me dan el papeo, que ya es suficiente". Hace años, cuando Mamen se tifió el pelo de color na ranja furioso, su padre, que nunca la había pegado, la agarró por el cuello y le metió la cabeza debajo del grifo:

-Si no te quitas ese pelo te vas de casa -dijo.

Y Mamen agarró el petate y se largó a San Sebastián. "Me ligaron, claro, me detuvieron porque era menor, pero si no, lo mismo no vuelvo más".

Lupe y Loles, en cambio, lo tie nen fácil con su familia. Su padre, Bernardo, es un tío legal, que se esfuerza en respetar y en entender Es un sindicalista de toda la vida, antes de USO, ahora de UGT. Y la madre, Yelena, pertenece a la Asamblea de Mujeres de Vizcaya: "Toda la vida me la he pasado luchando". Los nueve hermanos han salido melómanos, y la primera guitarra eléctrica que entró en la casa la compró el padre, allá por 1964, como regalo para el hijo mayor, que entonces formaba parte de un conjunto llamado Los jóvenes rebeldes. La familia de Loles y Lupe es una piña unida, estable, bien engrasada. "Hay que apoyar a los jóvenes, no hay que aminconarlos", dice la madre, que es aún joven, marchosísima.

-Cuando la manifestación por la legalización del porro -cuenta Loles-, mi madre bajó y se fumé un porro delante de los guardias. Y luego, cuando subió a casa, decía que quitáramos la ropa tendida, que se iba a mojar, y no estaba lloviendo...

-Es que era la primera vez que fumaba en mi vida -explica Yelena- Pero lo hice para protestar...

Registros policiales

Para seguir comprendiendo a los hijos, para comprometerse también con su lucha. Lupe y Loles y los demás hermanos conocen los registros policiales a media noche, cuando les levantaban a todos de la cama y les miraban hasta las carteras escolares, cuando su padre estaba en la clandestinidad contra el franquismo, cuando le. metieron en la cárcel por organizar huelgas. Y luego, los encierros. La madre llegaba a casa y decía, "esta noche no vendré a dormir. :porque nos vamos a encerrar en una iglesia".

-Más de una vez he dormido yo en un confesonario, de pequeña, acompañando a mi madre a un encierro -dice Loles.

De chicas, eran las hijas de un rojo, "te miraban como si fueras hija de un ladrón". Las madres de sus compañeras de la escuela prohibían a sus hijas que hablaran con ellas, y muchas chicas las insultaban, de modo que había que pegarse. Lupe, que es la batería del grupo y está cachas, ganaba siempre a todas "menos a una". Además, está el hecho de vivir en Bilbao, el hecho de vivir en el País Vasco, que es muy fuerte. Todo el día soportando cacheos de la policía, cacheos porque sí, por la simple pinta, sobre todo antes. "La úl

tima vez que me detuvieron", dice Lupe "fue porque nos pasamos un semáforo en rojo con el coche, y los policías nos vacilaron bien, nos pusieron la zancadilla y luego nos obligaron a pedirles disculpas por haberles pisado...".

Loles saca un expediente de fotocopias sobre el escándalo, y relee un artículo de Jaime Capmany sobre ellas: "Eso, ¿le viene de familia?", dice el artículo, "¿se trata de una vocación heredada, furcia la madre, furcia la hija, furcia la manta que las cobija?", y se indigna, y todos se duelen, porque, comentan, eso de insultar a la madre, eso de meterse con la familia, no está nada bien. Y es que la familia es intocable, es una institución entrañada para Loles y Lupe. "Yo", dice Bernardo, el padre, barbudo y afable, "creo que podríamos querellarnos contra ese artículo, pero no tengo dinero para abogados, porque, ya ves, los hijos están en el paro y sólo vivimos de mi sueldo, y aunque no soy de los que dicen que los obreros cobran sueldos de miseria, porque eso es mentira, sería demagogia, pues de todas maneras somos siete personas, y eso no da para mucho". Bernardo apoya y comprende a sus hijas "aunque a mi edad, claro, pues me choca lo que dicen, pero es que hay que entender por qué lo dicen".

-Además -añade-, tanto escándalo por eso, por una canción que refleja la realidad. Y, mientras tanto, ahí anda el caso Almirón, por ejemplo, el guardaespaldas de Fraga, y los jueces no dicen ni hacen nada.

Tiene Bernardo ese estricto y puritano sentido ético de los viejos sindicalistas: "Yo ya les he dicho que no nieguen jamás que han compuesto la letra, porque todos debemos hacernos responsables de nuestros actos. Pero si las llevan a la cárcel tendrán que llevarnos a todos, porque todos vamos a decir que hemos compuesto la canción, toda la familia".

Suena el teléfono.

Descuelga Lupe: es una periodista de Barcelona. Loles, mientras tanto, se apuntala el pelo con gomina, antes de salir a la calle. "Todo está muy corrompido", comenta Loles, "todo está podrido, yo me veo aquí, metida en esta mierda, y veo que por mucho que yo haga no voy a poder cambiar el mundo, lo sé, así es que lo único que intento es vivir a mi manera, si me dejan, vivir lo mejor posible, divertirme. Ya no hay futuro para nadie, esto va de mal en peor. Acabaremos en una guerra, con una bomba. Y esto es lo que no entienden nuestros padres. Ellos han estado luchando toda la vida, han estado metidos toda la vida en la política, y ¿qué han conseguido? Yo creo que no han conseguido nada, no han solucionado nada".

(Lupe, al teléfono, respondiendo a la periodista: "Dejé de estudiar en primero de BUP ... ¿Cómo? Joder, ya he estudiado bastante, o sea, no quiero ser ministro... Y mi hermana Loles ha hecho el bachillerato superior y ahora está estudiando Relaciones Públicas, y Mamen también ha terminado el bachillerato y ha hecho un año en Bellas Artes... O sea, que no somos unas incultas...".)

Loles y Lupe votaron en las últimas elecciones, por primera y quizá última vez. Votaron al PSOE, porque no querían que ganara la derecha. Mamen y Begoña no, no votaron; piensan que eso no conduce a nada. Pero se consideran de izquierdas, "ideológicamente de izquierdas, no políticamente, porque la política es una mierda". Aunque siempre sea menos malo un Felipe que un Fraga. A ella, a los punkis, además, les llueven palos desde las derechas y desde las izquierdas. Hace unos meses, unos abertzales les pegaron en un bar, a ellas y al resto de la basca, porque pensaron que eran fachas, sólo porquelban vestidos así, estrafalarios, con claveteados y cruces gamadas, "cuando los símbolos nazis los, llevamos para matar el símbolo, precisamente, por provocación; no somos nazis sino todo lo contrario".

-A mí me gusta la gente que lucha por sus ideas, pero no soporto a la gente que tiene comido el coco, a los fanáticos de derechas o de izquierdas, ésos son iguales, la misma mierda -dice Mamen.

También hay gente que va de punki y que se lo montan fatal: "Muchos se creen que ser punki es ponerse cadenas e ir rompiendo botellas, y no es eso, la violencia del punki es contra sí mismo, pero el ir dando botellazos por ahí y joliviando a la gente es una macarrada y un mal rollo", dice Loles. "Hay unos cuantos que se lo montan muy mal, y luego lo que pasa es que la gente se cree que todos somos iguales, como el otro día, en Oñate, en un concierto que todos éramos grupos punkis". Y Loles se acaricia la clavícula, que la tiene descuajaringada porque le atinaron un botellazo en pleno hueso, "fue un rollo muy malo, y eso que nosotras fuimos las que salimos mejor libradas, porque un tío de otro grupo salió con un navajazo en la tripa, eso no es punk ni es ser nada, eso es ser un macarra, un rollo malísimo".

(Lupe, respondiendo a la entrevista por teléfono: "La vida es una mierda y - quien diga lo contrario debe ser hijo de un multimillonario. Los jóvenes sin trabajo, los padres en el paro... Hay mogollones así. Nuestras letras hablan de toda esta vida, no son letras de punki divertido, sino comprometidas, com-pro-me-ti-das...".)

Buscarse la vida

Y así andan, intentando buscarse la vida, cosa difícil. Como mucho, trabajos eventuales: telefonista, vendedora en una tienda, repartidora de folletos en los parabrisas de los coches. Pero se sobrevive.

-Todo es un asco, y por eso yo me junto con mi gente y hago música, que es lo más divertido, y ni me caso, ni tengo hijos; a tomar por culo todo -dice Mamen.

-Yo, sí. Yo quiero tener hijos -contesta Loles-. Para que sea como yo, porque mi hijo será auténtico, será un rockero.

-Pues yo, no.

Insiste Mamen, la pierna hecha un zumbido trepidante, refugiada en su rincón del bar, con los suyos, con su grupo de náufragos del asfalto, desbordando lutos. Tranquilidad, tranquilidad para vivir, es lo que quieren, es lo dificil. Tranquilidad para reunirse en la disco y recontarse, para reconocerse en el reflejo de las chapas y saber que no se está solo, para pasear, y oír música o hacerla, y escribir, y leer. Porque Lupe escribe todo el día, cartas personales o su diario. Porque Loles devora los libros, de Pérez Galdós a Bukowski, Bukowski sobre todo. Porque Mamen se quedó colgada a los 15 años de Lovecraft y ahora está entusiasmada con Apollinaire y sus 11.000 vergas: "Eso es lo que ahora me gusta, los libros con morbo".

-Mira, vivo como vivo porque es una forma de pensar, es una ideología antitodo, es comprometerse con las cosas, es darlo todo por todo -dice Mamen.

Se les nota la juventud en su manera de hablar de el todo, como si la totalidad fuera posible. Se les nota la juventud en lo apasionadamente que se entregan a la derrota, en la colosal inocencia de su malignidad. En estos tiempos, la desolación es la única heroicidad posible. Y ellas (ellos, estos miles de punkis, esta marea de encaje negro) todavía creen que existen antiliéroes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de mayo de 1983