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Fuengirola pone en su museo abierto de pintura al aire libre

La iniciativa forma parte de un plan municipal

Fuengirola (Málaga) se ufana de ser la primera ciudad del mundo con un museo de pintura al aire libre. La iniciativa, que se acoge a un plan especial de ornato y museo abierto, surgió del Ayuntamiento "Como reacción lógica, al observar el deterioro del paisaje urbano", y de la "doble convicción de que el arte ha de tener la mayor audiencia posible, convirtiéndose en un acto cotidiano su observación y ejecución, así como deben ser las instituciones públicas las que. hagan el esfuerzo necesario para que el mismo se propicie", según el alcalde, Luis Pagán.

Tan sólo habría que añadir a las palabras del alcalde socialista que este proyecto se está llevando a cabo gracias a haberse aprobado previamente el Plan General de Ordenación Urbana, de acuerdo con la ley del Suelo.Pero, ¿en qué consiste el museo abierto de Fuengirola, cuyo marco institucional e implicación en toda una política municipal de remodelación urbanística ya hemos sugerido? Como soporte del mismo se han utilizado las medianerías de los nuevos edificios, abundantísimas en la Fuengirola de espectacular desarrollo turístico, pero no se ha pintado directamente sobre ellas, lo que es ya habitual, sino que se han adherido unas planchas cuadradas de fibrocemento plano, de 1,25 por 1,25 centímetros, que, a su vez, van atornilladas a una estructura metálica fijada a la pared.

El conjunto de todas estas planchas, cada una de las cuales está pintada siguiendo el boceto del artista encargado, forman el monumental cuadro, que cuelga de un edificio, tapando su parte obsoleta. Se trata, por consiguiente, de auténticos cuadros a gran formato, y no de carteles ni revocos; en definitiva: de una revolucionaria alteración de la escala física y cultural.

Precedentes históricos del arte urbano

Creo que la idea de toda una ciudad convertida en museo de pintura es lo suficientemente llamativa como para extenderse en comentarios. Existen, desde luego, precedentes históricos de arte urbano, que tampoco considero preciso enumerar ahora, pero, en cualquier caso, ninguno, que yo sepa, con las características que posee el de Fuengirola, cuyo valor se aprecia de verdad, más allá de toda explicación, visitándolo.De todas formas, además, de lo ya descrito y sugerido sobre él, me voy a permitir destacar otras cualidades ejemplares que posee: en primer lugar, el criterio de rigurosa selección que se ha utilizado para encargar bocetos, asunto delicadísimo éste, que ha hecho fracasar excelentes proyectos; en segundo lugar, la versatilidad con que se ha concebido, que hace que lo instalado pueda resistir con plena dignidad cualquier inclemencia, pero también, si las circunstancias alguna vez lo aconsejasen, que se desmonte sin ningún problema; en tercero y último, que todo se ha realizado haciendo copartícipe al pueblo de Fuengirola, que no ha dudado en sumarse a la financiación del proyecto y lo ve, por tanto, como algo suyo.

Rigor en la selección de artistas

Respecto al rigor en la selección de artistas invitados, me basta con citar los nombres de los que ya tienen instalada su obra o los que lo harán en fecha próxima, para demostrar que todos ellos son notables personalidades del arte español contemporáneo, pertenecientes a las tendencias más diversas.Así, se pueden contemplar ya en la ciudad malagueña los cuadros de artistas de tanto prestigio como Francisco Peinado, Enrique Brinkmann y Manuel Barbadillo, el de este último inaugurado oficialmente el pasado 20 de diciembre, mientras que están anunciados los siguientes: Pedro Escalona, José Hernández, Vicente Rojo, Alfonso Fraile, Antoni Clavé, Jorge Castillo, Eduardo Sariz, Zush, Luis Gordillo, Ràfols Casamada, F. Farreras, Elena Asins, Eduardo Chillida, Eusebio Sempere, etcétera.

De seguir en esta línea, no hay duda, pues, que el museo abierto de Fuengirola se convertirá en uno de los más interesantes de nuestro país, tanto por lo que exhibirá a gran escala en las medianerías de sus edificios como en el lugar donde se muestren los bocetos que han servido de modelo.

Pero, por encima del valor del museo en sí, e incluso de la originalidad de la idea, está el estimulante ejemplo cívico de lo que se puede llegar a realizar cuando se aplica una política cultural valiente y acertada. ¿Quién, por ejemplo, podrá afirmar en el futuro inmediato que a Fuengirola sólo se va a pasar una temporada de vacaciones?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de enero de 1983