Los amos de la IA en la sombra
Elon Musk y Sam Altman copan los titulares, pero millonarios, teóricos y futurólogos diseñan la tecnología más transformadora de nuestra era


El juicio del siglo en tecnología enfrenta a Elon Musk y Sam Altman ante los tribunales de California en una disputa que lo tiene todo: dinero, traición, egos y el futuro de la tecnología más disruptiva de nuestros tiempos, la inteligencia artificial (IA). Sus nombres llenan portadas y sus declaraciones se viralizan en segundos; entre otras cosas, porque son dos personajes muy peculiares. Pero la historia real de quién maneja la IA no está en ese juzgado ni solo en esos dos hombres. Está en las salas de reuniones de Abu Dabi, en las oficinas discretas de un fondo en Hangzhou y en los centros de datos que se levantan en el desierto de Texas. Hay muchas más, pero estas nueve personas están decidiendo, lejos de conferencias de prensa y peleas en redes sociales, cómo se construirá, financiará y gobernará la tecnología que lo cambiará todo. Estos son sus perfiles.
Jensen Huang. La infraestructura
Nadie en la historia de la tecnología ha tenido tanto poder sobre una industria sin tener directamente nada que ver con ella. Jensen Huang, de 62 años, nacido en Tainan (Taiwán) cofundó Nvidia en 1993 en una cafetería Denny’s de San José con 40.000 dólares de capital. En 1996, la empresa estaba a un mes de la quiebra. Apostó todo a un chip no probado —el RIVA 128— y salvó el negocio. Desde entonces ha convertido esa obsesión por sobrevivir en filosofía corporativa: les dice a sus empleados que la empresa está siempre “a 30 días de desaparecer”.

Lo que nadie anticipó es que los chips diseñados para videojuegos serían la infraestructura perfecta para entrenar modelos de inteligencia artificial. Cuando el mundo entendió eso, Nvidia valía tres billones de dólares y Huang se había tatuado el logo de la empresa en el hombro izquierdo. Hoy, sin su arquitectura CUDA, que lleva dos décadas de ventaja sobre cualquier competidor, no existiría OpenAI, ni Google DeepMind, ni Anthropic, ni DeepSeek. Todos los chatsgpts que conocemos han sido entrenados sobre el silicio de Nvidia.
En 2026 fue nombrado miembro del Consejo de Asesores del Presidente de EEUU en Ciencia y Tecnología. Las grandes revistas financieras lo han nombrado el mejor CEO del mundo. La chaqueta de cuero negra que lleva en cada presentación se ha convertido en uniforme de poder, como lo fue en tiempos el jersey de cuello vuelto de Steve Jobs. Huang no escribe los algoritmos ni firma los contratos: simplemente controla la única puerta de acceso que todos necesitan cruzar.
Larry Ellison. El viejo poder
Larry Ellison tiene 81 años y la paciencia que solo da haber construido una empresa durante casi 50 años. Fundó Oracle en 1977 con un contrato de la CIA. Durante décadas fue el hombre más rico del mundo por períodos, y fue conocido por su estilo de vida excesivo, que incluía competiciones de vela en la Copa América o comprarse toda una isla, Lānai, en Hawái.

Cuando la IA explotó, Ellison hizo lo que siempre ha hecho: identificar la infraestructura que todos necesitarán y llegar antes. El golpe llegó en septiembre de 2025: un contrato de 300.000 millones de dólares con OpenAI, el mayor contrato de la computación en la nube que se ha firmado en la historia, y su participación en Stargate, el proyecto de medio billón de dólares anunciado en la Casa Blanca junto a Trump. El hombre que en 2008 llamó a la computación en la nube “palabrería absoluta” es hoy su mayor arquitecto.
Masayoshi Son. Hagan sus apuestas
Masayoshi Son no es un inversor. Es un apostador a una escala gigantesca. Su biografía incluye la mayor pérdida personal de capital en la historia: durante la caída de las puntocom perdió 70.000 millones de dólares. Volvió. Luego apostó por WeWork y perdió otros miles de millones. Volvió de nuevo.

Ahora preside Stargate, ha invertido 41.000 millones en OpenAI y ha propuesto un complejo de medio billón de dólares en Arizona para crear la infraestructura física y energética necesaria para la próxima generación de IA. Son ha dejado de invertir en China —“cero”, dice— y se ha reinventado como el gran financiador del sueño americano de la IA.
Marc Andreessen. El ideólogo
Marc Andreessen no construye modelos, ni tiene chips ni levanta centros de datos. Hace algo más difícil: escribe el guion mental que gran parte de los billonarios de la IA utilizan para mover su dinero. Cofundó Netscape, el primer navegador de internet, y luego creó Andreessen Horowitz (a16z), el fondo que ha financiado Facebook, Airbnb y las principales startups de IA de la última década.

En 2023 publicó su Manifiesto tecno-optimista, 5.000 palabras que declaran que frenar la IA equivale a “una forma de asesinato” y nombran como “santos patronos” del movimiento a pensadores que incluyen a Nick Land, padre del aceleracionismo oscuro, una corriente filosófica abiertamente antidemocrática. Fue votante demócrata durante décadas. La propuesta de Biden de un impuesto mínimo a los multimillonarios lo empujó hacia Trump, a quien financió activamente en 2024. Sus reflexiones sobre cómo el capitalismo debería acabar con la democracia a través de la tecnología son asumidas, de forma más o menos explícita, por muchos de los grandes líderes de la IA.
Peter Thiel. El arquitecto del caos
Peter Thiel tiene una característica inusual en Silicon Valley, al menos tal y como era hace unos años: no necesita caer bien. En una película de 007, él y su socio Alex Karp serían más villanos que el villano. Financió a Trump cuando era lo más impopular que podía hacer un magnate tecnológico, lanzó la carrera política de JD Vance con una donación récord de 15 millones de dólares y colocó a su exjefe de gabinete como asesor clave del presidente. La política de IA de la Casa Blanca refleja hoy sus obsesiones: desregulación radical, escepticismo hacia cualquier organismo que pueda poner límites a la tecnología e impulso sin complejos de una IA militarista y antidemocrática.

Cofundó PayPal con Musk, y luego creó Palantir, una empresa de análisis de datos para gobiernos y ejércitos, financiada inicialmente por el fondo de capital riesgo de la CIA y que se ha convertido ya en uno de los mayores riesgos para los derechos humanos de la historia de la tecnología.
Lo singular de Thiel no es su dinero: es la eficacia con la que ha exportado su ideología. Su socio de PayPal David Sacks es hoy el zar de la IA de Trump. Y él y Karp publicaron recientemente un manifiesto en el que abogan por poner la IA directamente al servicio de la defensa y la “supremacía tecnológica” de Occidente. Thiel no construye chips ni entrena modelos. Solo construye el marco mental y político dentro del cual todos los demás operan.
Reid Hoffman. El ‘conector’
Es el hombre que todos conocen y a quien todos llaman. Cofundó LinkedIn, fue vicepresidente de PayPal, inversor temprano en Facebook y Airbnb, y uno de los primeros financiadores de OpenAI, donde ocupó un asiento en el consejo cinco años. Su valor no estaba en ninguna empresa en particular, sino en ser el nodo al que todo el ecosistema acudía en busca de consejos y contactos.

Sin embargo, en 2025 perdió su asiento en OpenAI por conflictos de interés: su startup Inflection AI fue absorbida por Microsoft. Su posicionamiento demócrata lo dejó sin influencia en la Administración de Trump. Ahora está aislado del nuevo eje de poder (Trump, Musk y Thiel). La pregunta que Hoffman encarna mejor que nadie es si el poder de red tiene fecha de caducidad cuando la red cambia de estructura y de ideología.
Daniela Amodei. El poder invisible
En una industria donde los fundadores de los grandes laboratorios de IA tienen doctorados en física computacional, Daniela Amodei llegó con una licenciatura en Literatura Inglesa. En 2018 entró en OpenAI como vicepresidenta de Seguridad y Política. En 2021, cuando su hermano Dario y otros colegas decidieron que el ritmo de comercialización era incompatible con una IA realmente segura, fundaron Anthropic. Ella es la presidenta. Dario, el CEO.

Hoy Anthropic genera 4.000 millones en ingresos anuales y es la IA favorita de las grandes empresas. En 2025 el Pentágono la excluyó de sus contratos de IA, desatando una batalla política y empresarial que convirtió a Anthropic en el epicentro de la guerra por el futuro de la IA militar. Daniela Amodei dirige todo lo que no es investigación pura: operaciones, estrategia, cultura, alianzas, talento. En 2025, Forbes la incluyó en su lista de las 100 mujeres más poderosas del mundo. Su nombre aparece con mucha menos frecuencia que el de su hermano en los medios, pero es, en palabras de un inversor temprano, “el motor de ejecución que hace posible que el laboratorio funcione”.
Sheikh Tahnoon bin Zayed Al Nahyan. El petrodólar
Su nombre no aparece en los debates sobre regulación de la IA. No da entrevistas. No tiene perfil en redes sociales. Y sin embargo, Sheikh Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, hermano del presidente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y asesor nacional de seguridad, controla más de 1,4 billones de dólares en activos.

En 2024 lanzó MGX, que en menos de dos años se ha convertido en uno de los mayores financiadores de la IA global: ha invertido en OpenAI, Anthropic, xAI y Binance, y es socio fundador de Stargate. La dimensión más perturbadora de su poder es la que nadie discute en voz alta: una de sus empresas (G42) ha sido acusada de desarrollar herramientas de espionaje para el Estado emiratí, y las negociaciones para crear una versión personalizada de ChatGPT para los EAU incluyen contenido adaptado “a la línea política de la monarquía”.
Liang Wenfeng. El poder chino
El 27 de enero de 2025, las acciones de Nvidia perdieron 589.000 millones de dólares en un solo día, la mayor destrucción de valor bursátil en la historia de los mercados. Ocurrió por culpa de un hombre de 40 años con “un peinado terrible”, según lo describió uno de sus socios cuando le conoció.

En 2021, cuando las sanciones estadounidenses limitaban el acceso de China a chips de alta gama, compró miles de GPUs permitidas y empezó un proyecto de IA. El resultado fue DeepSeek R1: un modelo entrenado con 2.048 chips y un presupuesto de 5,6 millones de dólares que rivalizaba con GPT-4 y que demostró que las sanciones tecnológicas occidentales no funcionan como se pensaba. Es el hombre que más miedo metió a Silicon Valley y la Casa Blanca en 2025. Casi nadie sabe cómo pronunciar su nombre, pero el de Wenfeng es, probablemente, el que más sonará de toda esta lista en los próximos años.


























































