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NationBuilder, la ‘startup’ que lleva las riendas digitales de los partidos políticos

Líderes mundiales, sin importar su ideología, han adoptado cada vez más este software de gestión de campañas electorales por su dominio de los datos, sencillez y precio asequible

Cumbre de la OTAN en Watford, Inglaterra, en diciembre de 2019
Cumbre de la OTAN en Watford, Inglaterra, en diciembre de 2019WPA Pool / Getty Images

NationBuilder se ha convertido en un partido político mundial sin que nadie lo vea en un Parlamento o una papeleta. Esta startup, desarrollada en Los Ángeles por Jim Gilliam en 2009, ofrece una plataforma online con la que organizar campañas electorales. Emmanuel Macron, Boris Johnson, Donald Trump, los brexiters y Jacinda Ardern han contado con su software para alcanzar el poder. Sin importar la ideología, se trata de una herramienta indispensable para aquellos líderes que anhelan movilizar a las bases como punto de partida hacia el éxito. “Las herramientas digitales son esenciales cuando se construye una comunidad, sea en política o fuera de ella, porque necesitas conocer a las personas y asegurarte de tener la capacidad de escalar tu iniciativa”, explica Lea Endres, CEO de NationBuilder.

La propuesta de partida resulta sencilla, sobre todo en una era en la que ningún estratega político renuncia a la segmentación de votantes –ahí quedan los ejemplos de Jair Bolsonaro, Matteo Salvini o Vox–. Desde la pantalla de inicio, los responsables de la campaña pueden crear perfiles tanto de partidarios como de activistas que se suscriben a su web e interactúan en Twitter. Integran esta base de datos con información de las redes sociales y las listas electorales y la amplían con correos electrónicos, mensajes de texto y llamadas de voz. Incluso permite organizar encuestas según la ubicación de los votantes objetivo. “Las personas deben poseer sus propios datos, por lo que nuestro software incluye herramientas de privacidad avanzadas que priorizan el consentimiento”, asegura Endres.

Por poco más de 25 euros al mes, 180 en el caso de grupos, cualquier particular puede crear una web de campaña donde incluir una interfaz de donación, un programa de email masivo y diferentes soluciones para recopilar una base de datos de simpatizantes. “Mientras alguien podría coordinar a miles de personas, esta infraestructura digital lo ayuda a distribuir el liderazgo y adaptar la experiencia que brinda a cada donante, voluntario o votante potencial”, sostiene Endres, que dirige la startup desde 2017, un año antes de que Gillian falleciera.

En España, solo Ahora Madrid –renombrado Más Madrid el año pasado– ha apostado por NationBuilder. Parte de la responsabilidad de que Manuela Carmena lograra la alcaldía de la capital en mayo de 2015 surgió a más de 9.300 kilómetros de distancia. Endres prefiere no desvelar cómo puso en marcha toda esta estrategia, que, evidentemente, ganó al resto de adversarios. En su opinión, solo representa la trascendencia adquirida por las herramientas digitales para llegar a la sociedad y coordinar a los propios partidos. “Lo mismo da que estés al frente de un partido que ha existido durante décadas o que lo hayas creado de cero, como le sucedió a Carmena”, zanja.

Los éxitos electorales son evidentes a lo largo y ancho del mundo, pero el del actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, le emociona especialmente. No duda en comentar que prácticamente fue un hito acerca de cómo las plataformas han revolucionado la velocidad y escala a la que se construyen movimientos. En poco más de medio año, lanzó su candidatura, orquestó un partido, La République En Marche, y se convirtió en nuevo inquilino del palacio del Elíseo. “Su victoria, tanto en las presidenciales como en las legislativas, demuestra lo que es posible cuando se distribuye una infraestructura digital. Y esto irá a más en el futuro, especialmente a medida que las personas reconozcan que usar las redes sociales no es lo mismo que crear una infraestructura organizada duradera”, precisa.

La doble cara de no tener ideología

Para NationBuilder no existe ni derecha ni izquierda. Su agnosticismo ideológico lo mismo le sirve para trabajar con Donald Trump que para GreenPAC, una ONG canadiense que organizó un centenar de debates para elegir a su candidato para los comicios federales de octubre del año pasado. Su mantra particular es dar acceso al poder a comunidades que han estado generalmente sin representación. En su caso, mezclar negocios y política siempre implica ganar. En Reino Unido vistieron tanto el traje Brexiter como el de quienes luchaban por permanecer en la Unión Europea. “Hemos visto a numerosos candidatos ganar procesos históricos. Desde Abdi Warsame, el primer miembro somalí del consejo municipal de Minneapolis, hasta Jagmeet Singh, la primera persona de color en dirigir un partido nacional en Canadá”, enfatiza Endres.

Más espinoso resulta el terreno de la vulneración de la privacidad durante las campañas y las estrategias agresivas. NationBuilder vive de lo digital, donde esta realidad lleva imponiéndose durante los últimos años. La CEO evita la polémica. Para nada quiere una comparación con el escándalo de Cambridge Analytica; ni tampoco con la propaganda microsegmentada, utilizada sobre todo por movimientos populistas. Para ella no dejan de ser unas fisuras de la democracia ante un entorno tan cambiante como el tecnológico. “Las distorsiones de la realidad, las campañas de desinformación y la manipulación de los votantes son antitéticas con el buen liderazgo. Estamos comprometidos en ayudar a los líderes a construir relaciones reales con sus seguidores y a fomentar las mejores prácticas en lo que respecta tanto a la privacidad como al consentimiento”, recalca.

Aunque la herramienta sea única, la legislación de protección de datos difiere casi en cada país. NationBuilder ha tenido que adaptar el producto según quién llamara a su puerta. En Francia, sin ir más lejos, Macron no podrá volver a emplear la función Match del software, que usaba correos de los seguidores para recuperar información pública de sus perfiles de Facebook, Twitter y LinkedIn, tanto por las normas nacionales como por el Reglamento comunitario. “La creación de este tipo de estructuras ha de ser profundamente respetuoso con las personas. Tienes que saber cómo quieren ser contactadas, aprender lo que más les importa e interactuar de una forma que sea trascendente para ellas”, concluye.

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