Por qué la solución tecnológica coreana es inviable ahora. Pero puede ser indispensable pronto

El laborioso proceso de trazar a los contagiados por coronavirus en el país asiático está lleno de detalles difíciles de copiar

Centenares de personas esperan su turno para comprar mascarillas en Seúl (Corea del Sur), el 28 de febrero.
Centenares de personas esperan su turno para comprar mascarillas en Seúl (Corea del Sur), el 28 de febrero.JEON HEON-KYUN / EFE

La gestión de Corea del Sur de la crisis del coronavirus ha sido por ahora un éxito. Su tamaño (51,47 millones) y su gobierno democrático le han llevado a ser el mejor ejemplo para los países occidentales que combaten el coronavirus. Desde España hay voces que reclaman importar su proceso tecnológico. No es sencillo.

Su respuesta digital ha sido muy elogiada, pero a menudo mal entendida en los detalles. La tecnología es un complemento perfecto a un equipo humano de agentes dedicados a trazar por dónde ha pasado el virus y testar cada caso: trazar y testar es su lema.

Hay otra diferencia esencial e irrecuperable para los países occidentales asolados por el coronavirus: el tiempo. Corea estaba preparada porque en 2015 tuvieron un aviso grave. Pero hay más detalles indispensables para que los gobiernos entiendan qué se puede adoptar ahora y qué no. Con los españoles encerrados en casa, la complejidad de la solución coreana sirve de poco. Pero cuando vuelva a salirse a la calle puede ser un método de control de nuevos casos.

Este artículo el resultado de información oficial, propuestas digitales de todo el mundo, artículos de prensa, conversaciones con los promotores de la futura app española y una detallada presentación sobre el caso coreano y montones de preguntas respondidas por Chris Lee, investigador de la consultora coreana 2e Digital Lab y director de la sección coreana de la ONG MyData.

1. Los años de preparativos son básicos. En Corea ya sabían que una epidemia no bromea. La respuesta del Gobierno coreano al brote de Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS, en sus siglas de inglés) fue un desastre. Hubo 186 casos y 38 muertos, pero la mitad de los contagios se dieron en hospitales. Hubo varias lecciones, pero la más importante para la respuesta digital fue no dejar que nadie contagiado circulara libremente por el país.

Hubo una segunda medida clave para la solución tecnológica: la obsesión no iba a ser solo testear a todos los casos probables, sino poner en cuarentena preventiva a todos los que habían estado en contacto. Pero para eso, había que encontrarlos. La tecnología tenía que ayudar.

Dos modificaciones legislativas en 2015 y 2018 cambiaron las leyes que regían la privacidad en emergencias. “La decisión de recoger los datos de localización fue hecha entonces en una reunión entre varios ministerios”, dice Lee. Antes de esta decisión, la protección de la privacidad había impedido que el Ministerio de Sanidad accediera a datos de movimiento de los ciudadanos sin su consentimiento.

2. Cada positivo es un caso que investigar. La idea en Corea del Sur no es esperar a que los contagiados llamen o vayan al hospital, sino salir a buscarles. A todos.

El contagio coreano más célebre fue la infección de cientos de casos en una iglesia en Daegu. La respuesta de las autoridades fue procurar hacer tests a todos y cada uno de miles de fieles. En España, por ejemplo, hubiera sido similar a buscar a todos los asistentes al mitin de Vox.

El proceso es tan humano como tecnológico. Cada caso positivo debe contar con detalle dónde ha estado en los últimos días. Todos los lugares que puedan ayudar a encontrar nuevos casos. “La razón principal para la dependencia en las declaraciones personales es simple: los otros métodos tardan más”, dice Lee. Cada caso procura ligarse con otro anterior y posible fuente de contagio. Si no lo hay, se encienden todas las alarmas porque hay casos de origen desconocido.

Si la declaración personal es incompleta o el ciudadano se niega a hacerla, el Ministerio de Sanidad tiene potestad para pedir datos de uso de sus tarjetas de crédito y el GPS del móvil. Es un proceso burocrático que va desde el centro de prevención de enfermedades al Ministerio de Sanidad, la policía y la empresa privada que tiene los datos. Corea del Sur ya ha creado una plataforma digital para agilizar estos permisos durante el coronavirus.

Cuando hay datos confirmados, van directamente a una web y a los móviles de los ciudadanos que viven cerca, en un radio de varios kilómetros. “Una mujer de unos 60 años ha dado positivo. Clica en este link para ver los lugares que visitó antes de ser hospitalizada”, dice un mensaje típico según el Guardian. El mensaje enlaza a la web del Gobierno con los detalles. Esto tiene un problema: así se han encontrado infidelidades. No es complicado desanonimizar los “casos” viendo su rutina.

El gobierno confía en que los ciudadanos que vean que han estado en contacto con un positivo, vayan a hacerse el test. La ley obliga a ponerse en cuarentena a todos aquellos que han estado a dos metros de un positivo. Pero esa confianza es trazable: “El gobierno investiga activamente para contactar con las personas que han estado cerca del nuevo caso positivo”, explica Lee. “Por ejemplo puede haber personas que aparecen en el mismo ascensor que el paciente en circuitos cerrados de vídeo. A esa gente se la busca”. El trabajo intensivo humano que supone esto probablemente provoque que Corea tendrá un sistema tecnológico mejor en la próxima pandemia.

Según Lee, ha habido cierto debate sobre cómo se trazaba por ejemplo el caso de la iglesia de Daegu. El gobierno coreano, aparentemente, no puede pedir a las operadoras todos los teléfonos de la gente que estaba aquel domingo en el servicio religioso. Pero no está claro. La polémica si el Gobierno hubiera pedido a las operadoras todos los teléfonos de los asistentes al mitin de Vox hubiera sido notable.

3. Hay muchas apps para trazar los casos y todas son privadas. En Corea ninguna app pública traza automáticamente los contactos de un ciudadano. Es el gobierno quien obtiene y publica esos datos, aunque da todas las facilidades para que empresas o ciudadanos las ofrezcan en formato web o app.

Una de las apps más populares fue CoronaNow, creada por unos quinceañeros. Otra que se ha hecho célebre es Corona 100, desarrollada por una empresa, con la que han tenido contactos el grupo de empresas que ha producido coronamadrid.com, la web app para aliviar las emergencias en Madrid.

Esas apps reúnen todas las localizaciones en mapas y pueden alertar cuando alguien se acerca a lugares de contagio. Ahora esto en España no sirve para nada porque la gente está en casa, pero cuando se vuelvan a abrir los negocios, puede ser un modo de advertir de focos de contagio hasta que llegue la vacuna. Hay varios países con proyectos en marcha.

4. El mundo quiere crear una app para trazar los casos. Hay varios proyectos en marcha para obtener la información de esas apps en varios países sin que el gobierno logre los datos de manera legal. Ahora no hay tiempo para medidas legislativas.

En algunos casos, su eficacia depende de la colaboración ciudadana: ¿cuánta gente aceptará descargarse una app que comparta su ubicación y los lugares por dónde ha pasado? Gracias a investigadores de la Universidad de Oxford dirigidos por el profesor Christophe Fraser, el Gobierno de Reino Unido tiene este proceso en marcha. La propuesta es que el proceso sea automático, no como en Corea donde debe atravesar varias capas gubernamentales: si alguien da positivo, la app manda alertas a todos los que han estado cerca de ese dispositivo en los últimos días.

“El éxito y el uso apropiado de la app solo se logrará si consigue reunir una sólida confianza pública”, dice Fraser en el artículo científico que sirve de presentación. Para ello, según Fraser, serían necesarias siete condiciones: vigilancia de un comité, la publicación de los principios éticos de la operación, garantías de igualdad de acceso y trato, el uso de un algoritmo transparente y auditable, protección efectiva de los datos, y compartir los datos con otros países sobre todo de menor renta.

En el MIT tienen Safe Paths, una herramienta similar que permitiría saber quién ha estado en contacto con quién sin la necesidad de una autoridad central que lo vigile. Italia tiene a punto, según algunas informaciones, una herramienta similar pero apenas han salido detalles.

En el fragor de los nervios, Israel ha revelado que desde 2002 recopila los datos de localización y contactos de todos sus ciudadanos. Así que ahora solo debe ordenar que se usen no para trazar terroristas sino infectados por el coronavirus. El anuncio ha sido un escándalo nacional.

También en Israel una empresa, NSO, ha anunciado que una app que permite trazar todos los contactos de un usuario está siendo probada en una docena de países, según Bloomberg. NSO es famosa hasta ahora por su herramienta Pegasus, capaz de colarse en móviles sin que su propietario lo sepa, y presuntamente responsable del hackeo a Jeff Bezos.

En España no está aún claro cuáles serán los siguientes pasos de estas apps. Solo Madrid, Cataluña y Andalucía (en una app previa) han lanzado aplicaciones para aliviar las emergencias. “Vamos hora a hora”, dice Martín Vasarvasky, uno de los impulsores de Coronamadrid.

5. Hay una app oficial coreana, pero es para la cuarentena. Y, sobre todo, no solo es una app. El modelo de éxito coreano aún no ha terminado. Cada caso positivo se le asigna un asistente social y debe descargarse una app. Hay más de 6.000 personas en cuarentena.

Esa app no es para todos. Para acceder a ella hay que introducir el código de seis cifras del agente. Esta app sí es claramente intrusiva: monitoriza la cuarentena por localización y asiste médicamente al paciente a distancia si no debe estar en un hospital.

Desde la experiencia coreana, Lee añade este mensaje para las autoridades españolas: “Las acciones contra el virus deben ser tomadas rápido y como un esfuerzo unido entre gobierno y ciudadanos. El gobierno necesita educar al público en cómo de seria es la situación, con transparencia y dar unas guías claras. Crear apps es algo que debería hacer el sector privado. La labor del gobierno debería ser recoger, agregar y abrir los datos con API (aplicaciones para desarrolladores) que cualquiera pueda acceder”.

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