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Los guerreros de la robótica no solo existen en la ciencia ficción japonesa

Jóvenes de toda España se enfrentan en la Liga Nacional de Robótica para demostrar sus conocimientos de electrónica

Dos robots Humanoides se enfrentan en una competición de la Liga Nacional de Robótica.

Un alarido de emoción resuena en el ring cuando Raider le propina un gancho de izquierda a su contrincante. Este luchador vestido de rojo no es un boxeador al uso, quizás porque apenas pesa 2,3 kilogramos, sus puños están impresos en 3D y lleva un sensor en su interior. Raider es un robot humanoide y ha sido creado por el club de robótica Puma Pride para competir en un deporte que, para muchos, solo existía en las películas japonesas de ciencia ficción.

Una treintena de jóvenes provenientes de todos los rincones de España se arremolinan en el segundo piso de Media Lab Prado en Madrid, donde se celebra la décima edición de Cosmobot. Se trata de una de las competiciones de la Liga de Robótica Nacional, que aúna a siete equipos profesionales de hasta tres miembros para enfrentarse en diferentes modalidades. Portan consigo los prototipos de robots en los que llevan trabajando durante meses. Algunos hacen ajustes de última hora, otros modifican los algoritmos para sorprender al rival: cualquier cosa es una buena excusa para mostrar el resultado de horas de dedicación.

“La robótica a veces puede ser un poco frustrante, puedes venir con el robot muy preparado a competir y que en el último minuto se rompa y te vayas a casa sin nada”, explica Javier Isabel, creador de Raider y campeón nacional. En España se celebran alrededor de 10 competiciones de la división profesional al año. Aunque este número siga por debajo de países líderes en robótica como Japón, EE UU o Alemania, su liga es la única que sigue un formato abierto a cualquier tipo de participante: ya sea de una universidad o sea un constructor privado.

A unos metros, su compañero, Rubén Espino, perfecciona un pequeño robot de cuatro ruedas cerca de la pista de competición: Minitauro. Aunque parezca un cochecito de juguete, en realidad se trata de un prototipo de robot de Mini Sumo –una categoría que consiste en echar al robot rival de un tatami de cerca de un metro–. Tras conectarle un calentador de ruedas, configura con minuciosidad los sensores del aparato. “Existe una diversidad bastante grande de movimientos, estrategias ofensivas y defensivas”, comenta Espino. Este joven de 28 años es el fundador del equipo de robótica Puma Pride y lleva desde 2011 cosechando premios en las competiciones nacionales.

“Déjate de robots y ponte a estudiar” es algo que Espino ha escuchado más de una vez durante sus años de universidad. Ahora trabaja como autónomo diseñando circuitos impresos en 3D e impartiendo charlas sobre electrónica y robótica de competición gracias a los conocimientos que ha adquirido “cacharreando” con sus robots. “Para dedicarse a la robótica hay que dejar muchas cosas de lado y echarle muchas horas”, comenta mientras se dirige a su próximo enfrentamiento

Javier Baliñas, otro miembro de Puma Pride, estudia con especial atención la pista donde su robot de carreras, Pumatrón, va a competir. “Además de tener muy en cuenta el ensamblaje de las piezas del hardware hay que adaptarse a las condiciones del entorno”, explica. Ya ha invertido dos años en su robot de carreras y con los premios obtenidos en las competiciones trata de encontrar mejores materiales para hacerlo más rápido.

Todos los integrantes de Puma Pride tienen algo en común: se han pasado la vida rodeados de chips, cables y circuitos. Hacer robots es la forma de poner a prueba sus conocimientos de electrónica. Al acabar la competición, los miembros de Puma Pride se dirigen a la salida del recinto acompañados de Raider, Minitauro y Pumatrón. Pese a que no han quedado los primeros en esta ocasión, ya miran con ansia en sus móviles cuando será la próxima oportunidad para demostrar su dedicación por un hobby que quizás se convierta en uno de los deportes del futuro.

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