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TENDENCIAS DIGITALES

‘Retronaútica’: el pasado siempre vuelve en Internet

Las webs y las cuentas en redes sociales basadas en la nostalgia triunfan en la Red

'Tron', una película de 1982 recreada frecuentemente en 'Yo fui a EGB'.
'Tron', una película de 1982 recreada frecuentemente en 'Yo fui a EGB'.

Internet se ha convertido en la herramienta perfecta para la industria de la nostalgia. Nunca antes se había tenido a mano una tecnología tan sofisticada para idealizar el pasado. Da igual ser un romántico de la postguerra británica, o de los Space Invaders. Tampoco importa ser demasiado joven para alcanzar a haber vivido los años que se añoran. En Internet se halla un sitio para alimentar cualquier mitomanía particular.

Los adolescentes de Reino Unido están fascinados por las fotos de la postguerra británica. Las suben a Pinterest, Facebook o Instagram y son compartidas hasta el cansancio entre gente que no vivió aquellos malos tiempos. La foto del primer ministro hindú Jawahaelal Nehru sonriendo junto a la aristócrata y última virreina de la India, Lady Mountbatten, justo antes de la independencia en 1947, es muy popular entre los chicos. En la imagen también aparece Lord Mountbatten a quien se le adjudican unos cuernos bien puestos. El diario The Guardian ha bautizado el fenómeno como retronaútica y lo califica como un término tecnológico de moda.

Los observadores de la tendencia, aunque no consiguen explicar por qué los jóvenes de hoy pueden estar emocionados por una historia de adulterio del siglo pasado, sí dicen que es posible sentir nostalgia de una época que no se ha vivido. Lo que también serviría para explicar la preferencia de algunos chicos por jugar videojuegos al modo de los años 90: un servicio que proporciona The National Videogame Archive (con sede en Bradford) vendiendo simuladores virtuales de ordenadores antiguos para jugar viejos juegos en un entorno idéntico al de los años 90.

El blog Mashable, uno de los más importantes sobre Internet, también le dedica al pasado una sesión llamada, cómo no, Retronaut, con fotos del archivo del curador Chris Wild, creador de la web Retronaut y uno de los pioneros de la tendencia. En esa ventana al pasado se ha podido ver a Jay Z conduciendo por Londres con 19 años o a Colin Powell ensayando una especie de selfie en 1950.

Según explica el profesor Clay Routledge, que investiga en la Universidad Estatal de Dakota de Norte la función existencial de la nostalgia, hay dos maneras de mirar al pasado. Una es autobiográfica, y supone la vuelta sobre los propios recuerdos, y otra es histórica, y se sustenta en los referentes culturales de cada quien. “Creo que la nostalgia histórica existe porque una generación se la transmite a la siguiente. Es decir, en la familia los mayores pasan su añoranza a los jóvenes. Es el modo en que una generación conecta con otra”, explica.

Creo que la nostalgia histórica existe porque una generación se la transmite a la siguiente"

(Clay Routledge, profesor de la Universidad Estatal de Dakota de Norte)

Yo fui a EGB, el libro más vendido de España en 2014 según Nielsen, es una loa al pasado nacida en una página de Facebook. Lo que empezó como un juego ya va por dos libros publicados y un disco. Según cuenta uno de sus autores, Jorge Díaz, un día decidió pasar a la red social las conversaciones con sus amigos que en algún momento siempre llegaban al ¿te acuerdas de…? “De nuestra generación todo el mundo recordaba La Bola de Cristal o Verano Azul, pero otras cosas pequeñas, como los bolis que usábamos o los dibujos animados, se estaban olvidando”. Crearon la marca Yo fui a EGB en Facebook y rápidamente se hizo viral: “Crecíamos de 20.000 en 20.000 usuarios”. Luego, abrieron el blog y, finalmente, una cuenta en Twitter. El primer libro se publicó en noviembre de 2013 y va por la edición número 15. Su blog tiene dos millones de páginas vistas y 750.000 usuarios únicos al mes. Van por la vida con esta máxima por delante: “No somos nostálgicos, más que nada porque ya no hay nostalgias como las de antes”.

Por encima de las cifras contundentes del éxito de Yo fui a EGB, a sus creadores les sorprende la implicación de la comunidad que se ha creado en Internet. “La gente nos manda fotos antiguas, las bolsas de Galerías Preciados o de Pryka que se encuentran en la casa del pueblo. Un obrero de Andalucía levantó un suelo y encontró un chicle Boomer y también nos lo envió. Lo bueno es que en los años 70 y 80 había pocas marcas, todo era más homogéneo y todos hacíamos lo mismo. Un niño de ahora lo tendría más difícil porque el consumo está más fragmentado”, afirma Jorge Díaz.

'Yo fui a EGB', que sale de una página de Facebook, fue el libro más vendido de España en 2014 según Nielsen

Junto al otro creador del fenómeno Yo fui a EGB, Javier Ikaz, ha tenido que dedicarse en exclusiva a alimentar la nostalgia de su generación. “Hemos tenido que aparcar todo, escribimos un post diario en el blog y contestamos a todos los comentarios, nos pasamos el día investigando y buscando fotos de la época”, asegura Díaz, que afirma que tienen seguidores que nunca fueron a EGB.

Idealizar el pasado es algo que han hecho los hombres a lo largo de la historia, pero ahora Internet permite retroalimentar la melancolía con media humanidad, y abre la posibilidad de documentar hasta el detalle cualquier recuerdo. Solo por mencionar un recurso disponible para la nostalgia, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha digitalizado más de siete millones de fotografías y las ha organizado en galerías temáticas. Además ha subido a Internet mapas, grabaciones en vídeo y audio, periódicos, cartas y diarios personales. Todo puede ser consultado por el público en el archivo American Memory.

Página en Instagram del experto en nostalgia 'jesuislemarais'. ampliar foto
Página en Instagram del experto en nostalgia 'jesuislemarais'. INSTAGRAM

Los proyectos de digitalización de gran volumen de documentos históricos son una mina para los nostálgicos. José Castellano se mueve muy bien por sus entretelas para nutrir sus cuentas de Instagram y Facebook donde se le conoce como Le Marais. Lo suyo es la estética de los años 30 y 40. “Las fotos me entran por los ojos. Es una cuestión de tonalidades y filtros. También podría gustarme una imagen de 2014”. Castellano tiene fichada una colección de galerías que él llama “retrovintage”, pero no se considera un sujeto melancólico: “En mi caso es pura estética. No siempre tiempos pasados fueron mejores, y yo no me cambiaría por esos buenos señores, pero tengo que reconocer que algo tienen esas fotos”.

La última vuelta de tuerca nostálgica en Internet es recrear fotos de la infancia. Amigos que se reúnen y repiten una foto que se hicieron en el colegio veinte años antes, en el mismo sitio e idéntica postura, y si es posible con ropa similar. Mujeres que vuelven a hacerse su foto de la clase de ballet treinta años después. Luego se comparten el original y la copia nostálgica y son vistas por miles de personas que replican la tendencia. Es otra aportación de Internet a la idealización del pasado, con un efecto de imitación reproducido exponencialmente y con una enorme disponibilidad de una filtros y tonos para dotar de tonos sepias y sombras melancólicas cualquier alusión al pasado.

En las universidades de Southampton (Reino Unido) y North Dakota (Estados Unidos) se empieza a desarrollar una incipiente ciencia de la nostalgia, una disciplina joven que comenzó a emerger hace un par de décadas. Su misión es buscar una explicación biológica a la manía, exclusivamente humana por otra parte, de idealizar el pasado. Si los psiquiatras de los siglos XVII y XVIII y XIX consideraron la melancolía un síntoma de depresión y de enfermedad mental, estos nuevos investigadores, en su mayoría expertos en comportamiento, afirman que recordar el pasado también podría tener beneficios psicológicos.

Según esta nueva corriente liderada por el profesor Clay Routledge la nostalgia genera sentimientos positivos, refuerza la autoestima y fortalece los vínculos con otras personas. Desde los laboratorios de Psicología Experimental de la Universidad de North Dakota, Routledge y su equipo llevan más de diez años de experimentos con el objetivo de “redimir la nostalgia”. Estos científicos inducen los recuerdos en condiciones de laboratorio, por ejemplo mediante la música, o los olores, y han comprobado que volver sobre emociones pasadas pone a la gente de buen humor. “Pensar en buenas experiencias del pasado hace que la gente se sienta mejor en el presente”, afirma Routledge.