Los testigos destapan las “mentiras” de Alba, la acusada de inducir el parricidio de Vilanova

La madre y la pareja describen a la joven en el juicio como una víctima: “Todo el mundo la ha engañado siempre”

Alba e Ismael, en el banquillo de los acusados.
Alba e Ismael, en el banquillo de los acusados.Gianluca Battista

En el juicio por el parricidio de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), la gran incógnita sigue en el aire: ¿fue Alba capaz de manipular a su amigo Isma hasta el punto de convencerle de que matara a su padre? El jurado popular debe escuchar aún a muchas personas, incluidos investigadores de los Mossos d’Esquadra y expertos en psiquiatría, antes de responder a esa pregunta. Este viernes, sin embargo, los nueve ciudadanos que deciden sobre un crimen por inducción inédito han podido reconstruir, a través de las voces de diversos testigos, parte de la biografía del Alba y el entramado de “mentiras” que tejió, no solo alrededor de Isma, sino también de parejas, exparejas y amigos.

Joaquín P. salió con Alba unos meses, cuando ambos eran aún menores de edad. El testigo entra en la sala de vistas con chándal y zapatillas fluorescentes. Está nervioso, no se expresa demasiado bien y se nota que está incómodo porque quiere pasar página. “Me quiero apartar de esto y no saber nada más en mi puñetera vida”, dice. Alba, desde el banquillo de los acusados, ríe con condescendencia. Joaquín la conoció a través de una aplicación de ligue en 2016. Era su primera relación sentimental. Y se enamoró. Pronto dejó los estudios y se distanció de su mejor amigo. “Alba me dijo que mi amigo, que era como un hermano para mí, quería algo con ella. Yo se lo recriminé, él lo negó y cortamos la amistad”.

Al poco tiempo de salir, Alba le dijo que estaba embarazada y le envió fotos de una ecografía. “El embarazo... Bueno, el supuesto embarazo [hace el gesto de las comillas con las manos] se interrumpió... Ella decidió abortar y ya está”. Joaquín explica que a Alba le gustaba salir y gastar, llevar un ritmo de vida “impropio de una persona de 16 años”. Además, como no tenía dinero, pagaba él. “No es normal que pague siempre una persona por muy amigo, primo o pareja que sea”. “¿Cree que Alba le manipulaba?”, ha preguntado el letrado de la acusada. “En algunas cosas, sí”.

“Poquísimo tiempo después” de que Alba diera por finiquitada la relación, según el testigo, empezó a salir con otro chico: Adri. Aquí el relato lo retoma Verónica, una testigo que coincidió con la acusada en un cursillo de estética. Verónica escuchó con atención la intensa vida sentimental de Alba: dejó a Adri para salir con Arnau, que fue la persona que le puso en contacto con Isma, el autor material del crimen de Vilanova el 8 de junio de 2019. La tesis de la Fiscalía es que la joven manipuló a su antojo a Isma para obtener dinero de sus padres —el chico llegó a ingresar en sus cuentas unos 7.500 euros— y, finalmente, cuando la familia cerró el grifo, le convenció de que su padre formaba parte de un grupo mafioso. Alba creó incluso una novia ficticia para Isma, de nombre Júlia, y le hizo entregar esperma para dejarla embarazada de mellizos.

El falso embarazo parece una constante en la vida de Alba. En marzo de 2019 conoció a su actual pareja, Adam, y la acusada no tardó en contarle a Verónica que se había quedado embarazada de él. Todo era mentira. La testigo ha explicado, con total naturalidad, que era consciente de la falsedad de esas y otras historias. Una vez, ha recordado, Alba le dijo que había cobrado 3.000 euros del seguro a los dos días de sufrir un accidente de tráfico. “Ya me explicará cómo lo ha hecho... Yo llevaba tres meses para que me arreglaran las cervicales por otro accidente, y nada... Pensé para mí misma: ‘Te creo como amiga, pero... No te creo”.

Judith, antigua amiga de Alba que también ha declarado como testigo, asegura que esta le confesó que el embarazo con Adam era mentira. Cristian, un chico con el que tuvo una relación efímera también cuando eran menores de edad, ha explicado que Alba retomó el contacto con él en febrero de 2019. “Quería presentarme a una amiga suya: Júlia. Empezamos a chatear y me fui a Vilanova a conocerla una noche, por carnavales. Ninguna de las dos apareció”. Alba trabajaba entonces como dependienta en una tienda de la cadena Clarel. Pero a la propietaria de un piso de Calafell que se lo alquiló cuando fue a vivirse con Adam le dijo que era supervisora de varios establecimientos. “Le dije: ‘Con lo joven que eres, tienes un puesto de trabajo muy bueno. Me dijo que sí porque los propietarios eran amigos de sus padres y tenían confianza”.

En defensa de Alba

El contrapunto favorable a los intereses de Alba lo pusieron su actual novio y su madre. Adam ha reforzado la tesis que la acusada expresó la víspera, cuando aseguró que la relación de Isma con su padre, Manuel Molina —la víctima del crimen— no era buena. “Más de una vez [Isma] me había contado que no se llevaba bien con su padre porque no le dejaba ver a su abuelo”. Adam convivió con él en la casa de Calafell, apenas un mes, pero le recriminó que no aportara económicamente pese a que, según la Fiscalía, había puesto el dinero de la fianza y había pagado el primer mes de alquiler. “Le dije que no podía mantenerle a él también...” “A él también”, ha subrayado la fiscal Teresa Yoldi, en un intento por demostrar al jurado popular que es una estrategia habitual de Alba servirse de sus relaciones para sufragar sus gastos.

“Es cariñosa, pero mentalmente no es tan madura como otras personas de su edad, es bastante infantil”, ha dicho Adam sobre la personalidad de Alba. Parte de la estrategia de defensa pasa por demostrar que es incapaz de manipular a otras personas, entre otras cosas porque no tiene la inteligencia necesaria. Por ese camino también ha transitado su madre, Susana. “Si algo le ha pasado siempre es que todo el mundo la ha engañado. Tiene 22 años y no sabe cortarse un trozo de melón o de sandía. Es una niña que siempre necesita ayuda”.

La madre conoció al personaje de Júlia a través de WhatsApp y, como supuestamente era una chica adinerada, llegó a pedirle un préstamo. “Estaba atravesando un problema personal. Me dijo que me iba a dar 10.000 euros. Pero el dinero nunca llegó”, dice Susana, que asegura que nunca sospechó que Júlia fuera un personaje ficticio al que su hija daba vida. La Fiscalía sostiene que Alba —para la que pide más de 34 años de cárcel— se valió de Júlia para afianzar su ascendencia sobre Isma y manipularle a su antojo. Tampoco sabía nada la madre, asegura, del grupo secreto de colaboración con los Mossos al que de forma entusiasta se había sumado Isma invitado por Alba. “Si lo hubiera sabido, ¿tú crees que no le habría puesto freno?”.

Sobre la firma

Jesús García Bueno

Periodista especializado en información judicial. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona, donde ha cubierto escándalos de corrupción y el procés. Licenciado por la UAB, ha sido profesor universitario. Ha colaborado en el programa 'Salvados' y como investigador en el documental '800 metros' de Netflix, sobre los atentados del 17-A.

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